Devant moi dans la direction des boyaux
Il y a un cimetière où l’on a semé quarante-six mille soldats
Quelles semailles dont il faut sans peur attendre la moisson
C’est devant ce site désolé s’il en fut
Que j’écris ma lettre appuyant mon papier sur une plaque de fibro-ciment
( L 458)
En otros casos, los poemas se despliegan a modo de collage compuesto, entre otras cosas, de referencias amorosas o eróticas y referencias cuartelarias o bélicas. Así, Apollinaire indica que los cañoneros se van y, a renglón seguido, que ve sin cesar la imagen de Lou junto a él ( L 35). El inventario bélico pasa, a veces, de las cosas que Apollinaire percibe en su entorno a otras más alejadas, incluso remotamente asociadas a la guerra, sin ahorrar detalles materiales repugnantes, lo cual contrasta con las palabras y los ensueños dedicados a Lou. Así ocurre en los versos que acompañan la carta del 17 de enero, donde se repite el imperativo entends le cri des hommes . La voz poemática enumera entonces, entre otras cosas, un marinero japonés que se rasca, un soldado de infantería que se quita ladillas bajo la lluvia, un conductor de ambulancia que cierra los ojos ante una herida horrible, etc., y piensa en Lou: «Mais mon cri va vers toi qui est ma paix et mon printemps» ( L 116).
En este primer grado de entrelazamiento de los bélico y lo amoroso, Apollinaire es, pues, ante todo un observador que mezcla lo que ve e imagina de la guerra con lo que dice a Lou o las ensoñaciones que tiene con ella. Y, paralelamente, también despliega imágenes de la guerra y del amor, en ámbitos independientes.
Abundan las imágenes que metaforizan la artillería. Apollinaire, que se incorporó al frente como cañonero, se maravilla de los lanzamientos y explosiones de los obuses, como un poeta cautivado por el esplendor de una pirotecnia nueva para él. Podríamos dar numerosos ejemplos: «C’est une bataille de fleurs / Où l’obus est une fleur mâle» ( L 185), los obuses tienen el maullido de los gatos enamorados: «C’est fantastique» ( L 246); en el cielo estrellado por los obuses alemanes: «La forêt merveilleuse où je vis donne un bal / La mitrailleuse joue un air à doubles croches» ( L 272); en el cielo gemado de cañonazos: «Le ciel faisait la roue comme un phénix qui flambe / Paon lunaire rouant» (123). El entusiasmo guerrero de Apollinaire se despliega pues en numerosas imágenes que realzan con su fantasía la guerra, sobre todo en el campo de la artillería.
Paralelamente, el entusiasmo por Lou, y en particular por su cuerpo deseado, también se despliega con una variada gamas de imágenes. A veces es Lou sin más quien es plano real de imaginaciones y comparaciones, en otros casos son partes de su cuerpo; y Apollinaire, haciéndose eco de sus cartas eróticas, no siente ningún pudor a la hora de elegir esas partes. Así lo pone de manifiesto el pasaje referido a las nueve puertas del cuerpo de Lou, erótica y exuberantemente metaforizadas, en el poema «En allant chercher des obus» ( L 362-365). En una carta anterior ya mostraba su adoración Apollinaire por esas nueve puertas, cada una llamada por su nombre, con alguna evocación de las prácticas sexuales imaginadas o recordadas con Lou: «l’anus plissé et jaune comme un Chinois où pénétrant je t’ai fait crier de douleur âcre» ( L 104). En la misma dirección, el poema que acompaña la carta del 8 de abril de 1915 ( L 215), como si se tratara de un renovado blason renacentista, dedica un verso a cada parte del cuerpo de Lou, desde la vulva a la nariz, muchas de ellas acompañadas de sorprendentes planos imaginarios.
Apollinaire recurre a lo más variadas realidades de la naturaleza para los planos imaginarios que metaforizan Lou, desplegando su imaginación sin límites, incluso invirtiendo el orden, de tal manera que es el cuerpo de Lou a veces la imagen de las realidades de la naturaleza: el cabello de Lou es la antorcha que lo ilumina ( L 92), las naranjas le hacen pensar en su senos exquisitos ( L 137), el cielo es azul como las venas a flor de piel de sus senos ( L 73), la mirada de Lou está en el parpadeo de la estrellas ( L 168, 211), el cielo entero es el cuerpo de Lou ( L 211), los senos de Lou son palomos de pico rosa ( L 67), el cuerpo de Lou es un rosal donde ha cogido rosas ( L 248). En ocasiones, los planos reales e imaginario se descomponen y despliegan en otros planos paralelos, estableciendo vínculos sorprendentes entre los dos ámbitos. En este caso, el plano real es un pájaro visto por el poeta, que metaforiza, parte a parte, con Lou:
Ce matin vint une mésange [...]
Ses yeux c’était tes jolis yeux,
Son plumage ta chevelure,
Son chant les mots mystérieux
Qu’à mes oreilles on susurre
Quand nous sommes bien seuls, tous deux (158)
En otro poema, los elementos de un paisaje abstracto –río, volcán, golfo– son metaforizados por partes del cuerpo de Lou, prolongándose los planos imaginarios, y se termina con coito en aguas simbólicas:
Les fleuves sont des épingles d’acier semblables à tes veines où roule l’onde trompeuse de tes yeux
Le cratère d’un volcan qui sommeille mais n’est pas éteint
C’est ton sexe brun et plissé comme une rose sèche
Et les pieds dans la mer je fornique un golfe heureux ( L 233)
La imaginación de Apollinaire se despliega, pues, poderosamente, cuando evoca Lou, en particular cuando fantasea son los placeres de la carne. Es tal la variedad de planos imaginarios –o de planos reales cuando es Lou quien metaforiza las cosas– que se entienden estas palabras del poeta: «Tu es pour moi le résumé du monde, il disparaîtrait qu’en toi je retrouverais toute la nature si belle en tout temps et partout» ( L 152).
El entusiasmo bélico y amoroso de Apollinaire despliega, pues, la imaginación de Apollinaire con una multitud de metáforas y comparaciones, en sus más diversas configuraciones formales. Y ese doble despliegue imaginativo lleva a fundir la guerra y el amor, el sufrimiento y el placer.
LOU Y LA GUERRA CONSTRUYENDO IMÁGENES
Las imágenes de Lou tienen, a menudo, un alto componente de violencia, antes de concretarse en realidades bélicas. Sin duda, este hecho está relacionado con las particulares experiencias eróticas que Apollinaire rememora o imagina con Lou. A veces, esas imágenes son evocaciones muy claras de la violencia erótica ejercida sobre el cuerpo de la mujer. Así, dice el poeta que el trasero de Lou se mece «comme un ballon captif que fouetterait le soleil de ses rayons impitoyables» ( L 137). De hecho, los latigazos son un leitmotiv en la imaginación erótica y poética de Apollinaire:
Tes seins tes seins chéris ne sont-ce pas des roses
Et les roses ne sont-ce pas de jolis ptits Lous
Que l’on fouette comme la brise
Fustige les fesses des roses dans le jardin
[...] Je te porte au bout des doigts ô Lou ô rose
Au bout des doigts, en te faisant menotte
Jusqu’à ce que tu t´évanouisses ( L 424)
En el trayecto circular de estos versos, Apollinaire metaforiza los senos de Lou con rosas y esas rosas, a su vez, con una multitud de pequeños Lou fustigados como la brisa fustiga las nalgas de las rosas. La conclusión del poema deja claro que esas evocaciones y prácticas dolorosas no son sino un estímulo para dar el mayor placer a la pareja sexual.
En otros poemas, Lou es metaforizada por planos imaginarios que denotan inequívocamente violencia y enfrentamiento: «ta chevelure qui est comme du sang versé» (1969: 152). Ciertamente, puede haber un lejano parecido entre la caída del cabello y el fluir de la sangre, pero eso no impide que esa parte del cuerpo de Lou se asocie con la herida de una agresión. Lou, no obstante, no siempre es víctima de los planos imaginarios. En algunos casos, el sentido se invierte y es Lou el sujeto de una violencia simbólica: «tes yeux ont le luisant d’un sabre au doux regard prêt à se teindre de sang» ( L 152), «ta démarche rythmée plus capricieuse que celle de la Ballerine qui fit couper la tête au Baptiste» ( L 329). Un sable en los ojos de Lou dispuesto a teñirse de sangre, una evocación de Salomé en sus pasos: pruebas de que Apollinaire también percibe el poder de Lou, evocado aquí por una simbólica capacidad de hacer daño. Un poder, no obstante, más relacionado con la atracción por una mujer esquiva, que con sus escenarios imaginarios eróticos, donde Lou nunca tiene el papel de dominadora.
Читать дальше