1 ...8 9 10 12 13 14 ...29 En segundo lugar, a su condición de cronista y testigo de excepción, se suma el Blasco editor. Precisamente en 1914, Blasco y sus socios crearían la Sociedad Editorial Prometeo, donde le sacarían partido a la guerra, pues como Blasco apuntó en una epístola: «Felices nosotros que estamos al margen de ella [la neutralidad española] y podemos aprovecharla editorialmente» (Herráez 1999: 166). Ese mismo año vio la luz una exitosa obra ilustrada, vendida en cuadernos por entregas que conformaron nueve tomos, Historia de la guerra europea de 1914 , cuya preparación fue para Blasco «lo mismo que escribir para los periódicos y más descansado, pues se intercalan documentos, fragmentos de otros escritores, etc. [...] será una obra y será un periódico al mismo tiempo» (Herráez 1999: 74, 76).
En tercer lugar, resalta el Blasco escritor por su destacada posición entre quienes de la contienda hicieron materia viva de su creación literaria. El 12 de febrero de 1915, el diario socialista L’Humanité recogía en su portada una entrevista a Blasco, quien declaró con determinación: «Quiero ocuparme de la guerra y nada más que de la guerra, pues este gran conflicto provocado por el militarismo prusiano y preparado desde hace mucho tiempo por la filosofía de la fuerza [...] es un desafío a todos los hombres y a todos los pueblos enamorados de las ideas de justicia, de libertad y del derecho».
En efecto, Blasco llevó adelante su propósito y su llamado ciclo de la guerra está compuesto por tres novelas: Los cuatro jinetes del Apocalipsis (1916), Mare nostrum (1918) y Los enemigos de la mujer (1919). A ellas se añaden varios relatos que, entre 1916 y 1921, publicó en La Esfera, Los Contemporáneos o El Pueblo : El monstruo (1916), Noche servia (1916), El empleado del coche cama (1916), Las vírgenes locas (1916), El novelista (1916), Un beso (1921), La loca de la casa (1921) y La vieja del cinema (1921). En este ciclo se aprecia lo que Navarro (1998: 25) sintetizó con tino: «Una unidad temática fragmentada en diversos puntos de vista, que pone de manifiesto un deseo de provocar la reflexión sobre la guerra, revelador de comportamientos humanos».
De este universo bélico, obligado peaje requiere la primera de las novelas citadas, Los cuatro jinetes del Apocalipsis , que Blasco comenzó a redactar en julio de 1915 «para sacar algo con qué vivir» (Herráez 1999: 227). Como ya destaqué en otro lugar (Lluch 2013), la escritura continuada y sin descanso se prolongó solamente unos meses (quería verla publicada en abril de 1916). Emblemático autor-editor, Blasco se detuvo en el formato y hasta en la densidad del papel del que sería un formidable alegato de la Francia en guerra. Así, a finales de 1915, al remitir a su editorial los dos primeros capítulos tenía claro que la cubierta la diseñaría Povo, el relevante ilustrador de Prometeo, a partir de un grabado de Durero que él mismo localizó en la Biblioteca Nacional de Francia. Desde el 15 de marzo de 1916, y por entregas, la novela vio la luz como folletín del Heraldo de Madrid . Siempre atento al mercado, Blasco quería que como libro impreso saliera justo cuando la aparición en el diario estuviera por la mitad. Así sucedió y, al publicarla en abril, escribió: «Me siento con fuerzas para hacer mucho más y más grande» (Herráez 1999: 247).
La acción de la novela comienza en Argentina y en ella Blasco hace alarde de su posición a favor de los aliados. A partir de la familia del estanciero Madariaga, la fábula focaliza la relación enfrentada entre las familias de sus dos hijas, Luisa y Elena: una casada con un francés, Camilo Desnoyers, y la segunda con el alemán Hans von Hartortt. Al morir el padre regresan a Europa y, en el viejo continente, instaladas en París y Berlín, se sabrán enemigas a causa del conflicto entre sus naciones. La guerra y el desencuentro familiar, extrapolable a los países contendientes, así como las diferencias entre la visión ofrecida de los franceses y la hostil descripción de los alemanes, son claves de lectura de la novela, en la cual se plasma la acción en la retaguardia. Blasco observa la atmósfera de la guerra y la situación en que vive la población civil, característica ya destacada en otros autores anteriormente: esa mirada fija en las consecuencias del conflicto y la cotidianidad del ciudadano europeo, por encima de tácticas y estrategias de quienes libraron una guerra vinculada a las trincheras, a los gases, a la muerte. Y es que, como señaló Rafael Chirbes (2010), las obras en torno a la Gran Guerra muestran la intensa vida en la retaguardia y, más que ofrecer una coartada en lo ideológico, «se pegan al campo de batalla» (65), hacen saltar al primer plano el doble escenario de la paz y la guerra, así como la espinosa relación entre novela y verdad.
Blasco conoció el conflicto de primera mano por su residencia en París, mas también por sus contactos de altura en Francia, que lo acercarían al mismísimo presidente Raymond Poincaré y al comandante Joffre. En consecuencia, la novela se transformó en un extraordinario instrumento de propaganda que, de manera impremeditada, sería un éxito mundial, respondiendo así a la confianza que Blasco había depositado en ella. En 1918, la traducción de la novela al inglés por Charlotte Brewster Jordan, difundida en los Estados Unidos, la convirtieron en un superventas y a Blasco en un escritor de fama universal cuyo triunfo sin par le cambiaría la vida. Además, ello abriría una distancia estética al articular las dos etapas más importantes de su carrera, pues reorientaría su producción literaria, no desligada del mundo del cine, como venía haciendo desde antes. Con Los cuatro jinetes del Apocalipsis , Blasco había querido cumplir con entusiasmo el que consideró un deber ineludible, sin importarle que lo ligaran al Gobierno francés, lo acusaran de escribir por encargo o dijeran que se enriquecía. Así, por la puerta grande abrió no solo una etapa estética, sino también la segunda época de su relación con América, esta vez dorada:
Despite Spanish now being a second language in border states, only three Hispanic-originated novels have ever made it to the top ten. [Blasco] Ibanez’s Four Horsemen of the Apocalypse was the #1 title in 1919 (a year still in post-trauma from the truly apocalyptic World War I). The philosopher George Santayana’s The Last Puritan: A Memoir in the Form of a Novel made the top ten in 1935, and is regarded as the finest Bildungsroman (portrait novel) ever to do so. Laura Esquivel’s Like Water for Chocolate was intermittently, in the weekly lists, #1 in 1993 (Sutherland 10).
Los cuatro jinetes del Apocalipsis se situaría entre otras novelas muy leídas en torno al conflicto, como In Westen nichts Neues (1929), de Erich M. Remarque, y A Farewell to Arms (1929), de Ernest Hemingway, aunque Blasco se adelantó y superó su impacto internacional. Él la consideró uno de sus mejores éxitos y de ella dijo en una entrevista concedida en Montecarlo: «Recibí centenares de periódicos y de anuncios a la americana, enormes, ruidosos, en los que aparecían nombre en grandes caracteres y con el elogio de ‘la novela de la guerra’, como la llaman allá por antonomasia» (Jerique, 1919). En 1921, The Illustrated London News lo consideró el libro más leído del mundo, aparte la Biblia, pues a finales de 1924 la casa editorial Dutton and Company, de Nueva York, ya llevaba vendidos más de dos millones de ejemplares. Además, como indica Pereiro (2009), «pocas obras literarias hispánicas han tenido la fortuna de haber generado tanta descendencia fílmica y teatral en un ámbito internacional» (258).
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