Bien, la veré primero antes de darle un sedante.
¡Doctor! - llamó una joven que era la bioquímica de guardia esa noche y que en tiempo récord le había analizado la sangre de Julieta - ¡Le traigo los resultados! – le dijo agitada por la corrida.
Rohypnol. Infeliz – dijo molesto – Ven Juan – abrió la puerta y vio a Julieta muy nerviosa - Hola Julieta, soy el doctor Montenegro ¿Cómo te sientes?
¿Quién le dijo mi… - se extrañó aún más al ver que detrás del hombre alto, delgado y de cabello corto, entraba Juan a la habitación - ¿Juan?
Hola – le respondió él.
¿Qué ocurre? No entiendo nada.
Román se acercó a ella y la examinó rápidamente ante la atenta mirada de Juan, quien no le quitaba los ojos de encima. Aun así seguía sin entender nada en absoluto. Entonces el hombre vestido con ambo azul habló.
Julieta… ¿Cuál es tu apellido?
Navarro - y lo anotó en los papeles en su mano.
Bien, estás en el hospital de Reconquista.
¿A dónde?
A una hora y minutos de Margarita ¿Esté bien? – ella sintió - ¿Qué recuerdas?
Pues… estaba bebiendo una cerveza con un tal Jano que me invitó a recorrer el pueblo, porque hace días que estoy ahí y yo no lo había conocido aun.
Bien ¿Qué más recuerdas?
Solo que estaba bebiendo la segunda ronda y charlando con él. De pronto me sentí mareada… - se calló tratando de pensar.
¿Y? – dijo Román.
No lo sé… no recuerdo nada más. Luego de eso desperté aquí y me asusté.
Bueno, te diré lo que pasó. El tipo te drogó, le puso rohypnol a tu cerveza.
¿Qué es eso? – preguntó ella.
Le dicen la droga de la violación – Julieta abrió los ojos y comenzó a llorar de pánico.
Dice que me… me… - pero no pudo terminar la frase. Miró a Juan y al doctor.
No. No te violó – Juan suspiró aliviado – Es una droga que te deja en un estado de inconciencia, pero tú sigues moviéndote. Haces cosas que luego no recuerdas. Igualmente te examinamos por posible abuso, pero todo fue negativo.
Sigo sin entender cómo llegué aquí…
Juan te encontró. Te encontró justo a tiempo de que algo más te pasara. Pudiste haber muerto – Julieta se alteró al oír las palabras “violación” y “muerte”, entonces Román creyó conveniente suministrarle un relajante para que pudiese dormir y descansar.
Juan, que se había mantenido en completo silencio durante la charla entre Julieta y Román, buscó una silla en un rincón de la habitación y se sentó a un lado de la cama. Ahí se iba a quedar hasta que Julieta volviera a despertarse.
Juan quédate con ella.
No pensaba irme.
Perfecto. Volveré en unas horas para ver cómo está.
Gracias amigo – se dieron la mano y una palmada en la espalda.
De nada. Te veo luego Romeo.
Juan sonrió ante el chiste de su amigo. Miró a Julieta, le besó la palma de la mano y recostado sobre el borde de la cama se quedó dormido.
Al día siguiente, o unas horas más tarde, Julieta despertó. Esta vez, recordó que estaba en el hospital y verlo a Juan dormido casi en su regazo la tranquilizó. Por la ventana se filtraban los rayos del sol de la mañana. Le dio pena despertarlo, así que lo dejó dormir allí como estaba. Sintió su perfume embriagador y su respiración calmada y serena. Pero una enfermera la interrumpió mientras admiraba al chico guapo dormido allí.
Buen día – saludó la enfermera – Romeo y Julieta – dijo suspirando - ¿Cómo descansó?
Bien, eso creo… - contestó mientras le revisaba la intravenosa, le tomó la temperatura y la presión. La saludó y se fue. Como no había comprendido eso de “Romeo y Julieta” despertó a Juan.
Juan… - lo llamó bajito – Juan… - repitió acariciando su cabeza. Su cabello era sedoso al tacto y le encantó enredarlo entre sus dedos.
¿Qué? – respondió y se sobresaltó al recordar que estaba en el hospital - ¡Cariño! ¿E… estas bien? – tartamudeó nervioso y la miró expectante.
¿Por qué la enfermera nos llamó “Romeo y Julieta”? – él rió soñoliento.
No lo sé – mintió - ¿Necesitas algo?
¿Puedes contarme lo que pasó?, sigo sin entender cómo supiste ¿Cómo me encontraste?
Anoche llegué tarde porque la camioneta se descompuso. Cuando Marité me dijo que te habías ido con ese imbécil salí a buscarte. Conozco al tipo, no es de fiar. Ya me había insinuado cosas a cerca de ti hace unos días. Sabía que estabas en la casona y que estabas sola. Quise protegerte. Fui cada noche. Pero la camioneta se rompió a medio camino y no pude llegar antes. Los encontré en la estación de tren vieja. Estabas inconsciente y el tratando de violarte.
¡Dios mío!
¿Por qué te fuiste con él Julieta? – le reprochó.
No sé. Me invitó a salir y quise ir ¿Qué hay de malo con eso? – se quejó.
¡Que casi te mueres!
¿¡Cómo iba yo a saberlo!?
Dios Santo – exasperó – Si yo no hubiese llegado él hubiese podido… ¡Ah! ¡Maldito imbécil!
¿Por qué fuiste a buscarme? – pero antes de poder responder, una mucama entró a la habitación con té para Julieta y galletitas.
¡Buen día! – saludó y los miró – Hacen una pareja hermosa – sonrió y se fue. Julieta miró a Juan furiosa.
¿Por qué dijo que somos pareja? – Juan se sentó en la cama y le respondió arrogante.
Porque les dije que eres mi chica.
¿Tu chica?
Sí.
¡Solo me besaste! Y después no me hablaste por días y ¿Ahora soy tu chica? ¡Apenas si te conozco! – se molestó.
¿Por qué te fuiste con Alejandro? – quería saber la verdadera razón.
Ya te lo dije.
Mientes.
¡No!
¡Dime! ¿Fue para darme celos?
¡Sí! ¿Contento?
¡No! ¡Mira las consecuencias de tu estupidez!
¡¿Me llamas estúpida?!
¡Ey! – dijo Román entrando al cuarto – ¡Mírense! Como todo un matrimonio – se burló.
¡Cállate Román! – dijo Juan molesto, se levantó de la cama y caminó hacia la ventana. Miró hacia afuera, el día estaba precioso.
¿Cómo te encuentras hoy Julieta?
Bien doctor.
¿Solo bien? ¡Pero aquí yo veo mucha energía! – volvió a burlarse y ella se cruzó de brazos ofuscada. Román leyó en voz alta los resultados en los papeles – Bueno, parece que tu sangre ya está limpia. Tuviste una buena noche y estás sin la vía intravenosa – ella miró su brazo y descubrió que el catéter, en efecto, ya no estaba - ¿Te sientes bien para volver a casa?
Sí doctor.
Para ti solo soy Román.
De acuerdo – ella sonrió.
Bueno, ya tienes el alta firmada. Puedes irte en cuanto estés lista.
Gracias Román – el doctor le sonrió y caminó hacia la puerta de la habitación.
Juan – lo llamó – Ven conmigo, dejémosla cambiarse.
Ambos salieron hacia el pasillo y cerraron la puerta detrás de ellos. Justo ahí Román interrogó a su amigo.
¿Todo bien?
Ya lo viste ¿No?
¿Le dijiste?
¿Cómo iba a decirle? Me detesta…
Yo creo que te lo está poniendo difícil.
¿Difícil? ¡Es imposible!
Juan, Juan, Juan… ella no es como todas amigo. Pude verla cómo te mira y estoy seguro de que no lo hace como el resto. Mira a tu alrededor, de seguro las enfermeras te están mirando y te lo harían muy fácil para que te acuestes con ellas – Juan movió los ojos y miró sobre los hombros de Román, era cierto, todas las mujeres que allí los estaban observando – Solo hay una mujer que quiere algo más de ti, y está justo detrás de esa puerta – dijo señalándola – Amigo… ya deja de buscar – Román palmeó su hombro a modo de saludo y volvió a su trabajo.
Juan aguardó afuera del cuarto a que Julieta se vistiera y saliese, pero sentir las miradas indiscretas de las jóvenes enfermeras ahí lo pusieron incómodo. Algo que jamás habría creído posible. Llamó a la puerta y entró al oír el “pase” de la voz de Julieta. Cerró la puerta detrás de él y la encontró sentada en la silla. Parecía no sentirse bien. Se acercó rápido y se acuclilló frente a ella.
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