Esta puesta en relación será llamada, en adelante, correlación . La correlación será establecida a partir de una cierta cualidad y de una cierta cantidad de la presencia sensible, antes incluso del reconocimiento de una figura. Por ejemplo, en nombre de la “solidez”, se podrá atribuir al elemento tierra una importante fuerza de cohesión y una débil propensión a la dispersión espacio-temporal. Inversamente, en nombre de es ta misma cualidad de presencia, se podrá atribuir al aire una débil fuer za de cohesión y una gran labilidad en la extensión. Cuando adoptamos el punto de vista del discurso, somos conducidos, antes de preguntar si los términos de una categoría tienen un valor universal cualquiera, a investigar, ante todo, las cualidades sensibles que determinan y orientan la puesta en escena de la categoría.
Si partimos de las dos dimensiones invocadas, intensidad y extensión , consideradas como dimensiones graduales, su correlación puede ser representada como el conjunto de puntos de un espacio sometido a dos ejes de control.
En conformidad con la definición de los dos planos del lenguaje:
• la intensidad caracteriza el dominio interno , interoceptivo , que se convertirá en plano del contenido;
• la extensión caracteriza el dominio externo , exteroceptivo , que se convertirá en plano de la expresión;
• la correlación entre los dos dominios resulta de la toma de posición de un cuerpo propio, sede del efecto de presencia sensible; es, pues, propioceptivo .
4.5 Los dos tipos de correlación
En la tercera fase, se deben extraer las consecuencias de la toma de po sición de un cuerpo propio, de un “cuerpo sintiente”; éste no impone so lamente la partición entre dos dominios, un dominio interno e intensivo y un dominio externo y extensivo; impone también una orientación , la de la mira (a partir del dominio interno; por consiguiente, en intensidad) y la de la captación (a partir del dominio externo; por consiguiente, en extensión).
La mira y la captación , las dos operaciones que hemos considerado co mo necesarias para una representación de la significación en acto (capítulo I, 2.3.1 La formación de los sistemas de valores ), convierten, pues, las di mensiones graduales en ejes de profundidad , orientados a partir de una posición de observación. Los grados de intensidad y de extensión, ba jo el control de las operaciones de la mira y de la captación, se convierten entonces en grados de profundidad perceptiva .
Si se consideran los puntos del espacio interno, uno a uno, todas las com binaciones entre los grados de uno de los dos ejes con los grados del otro son posibles. En consecuencia, todos los puntos del espacio interno están disponibles, indiferentemente, para definir posiciones del sis tema. Pero no buscamos definir posiciones aisladas; investigamos valores , es decir, posiciones relativas, diferencias de posiciones. Y, desde el momento en que se considera la relación entre dos puntos del espacio interno, estamos obligados a tomar en cuenta la orientación relativa de los dos ejes de control.
Cuando se comparan dos posiciones diferentes en el espacio interno, son posibles dos evoluciones relativas, que definen dos tipos de correlaciones entre los ejes de control. En efecto, o bien, entre las dos posiciones, evolucionan las dos dimensiones en el mismo sentido: si más in tensa es la mira, más extensa es la captación; o bien, entre las dos posiciones, las dos dimensiones evolucionan en sentido contrario: si más in tensa es la mira, menos extensa es la captación, y recíprocamente.
Se distinguirán, entonces, dos tipos de correlaciones entre la mira y la captación : una correlación directa, conversa , y una correlación contraria, inversa .
El esquema de esas dos correlaciones podría ser representado así: el con junto de puntos de la correlación directa está situado en torno de la bi sectriz del ángulo formado por los dos ejes; el conjunto de puntos de la correlación inversa sigue un arco tangencial a los dos ejes. Las dos co rrelaciones pueden ser aproximadamente representadas por las dos zo nas grises de la figura adjunta.
4.6 De las valencias a los valores
Los dos ejes del espacio externo definen las valencias de la categoría exa minada. Todos los puntos del espacio interno son susceptibles de co rresponder a valores de la misma categoría. Pero de esa nube de puntos se desprenden algunos principios organizadores: de un lado, la diferencia entre las dos correlaciones determina dos grandes zonas (las zo nas grises); del otro, la conjugación de los grados más fuertes y más dé biles sobre los dos ejes determina zonas extremas. Todos los puntos del espacio interno son pertinentes, pero las zonas extremas de cada co rre lación son las zonas más típicas de la categoría examinada. La combi na ción entre esos dos principios permite desprender cuatro grandes zo nas típicas de la categoría, que corresponden, además, a los “estilos de ca tegorización” presentados en el capítulo precedente (capítulo I, 2.3.4 Los estilos de categorización ):
• una zona de intensidad fuerte y de extensión débil (estilo categorial: el parangón );
• una zona de intensidad y de extensión igualmente fuertes (estilo categorial: la serie );
• una zona de intensidad débil y de extensión fuerte: (estilo categorial: la familia );
• una zona de intensidad y de extensión igualmente débiles (estilo categorial: el conglomerado ).
Para volver a un caso más concreto, examinemos lo que pasa cuando, en tal discurso particular, los elementos naturales son mirados y cap tados según la energía que ponen en marcha y el despliegue espacio-tempora l de que son capaces. En ese caso, las valencias son la energía y el despliegue espacio-temporal . Las cuatro zonas típicas del espacio interno son, entonces, ocupadas por uno de los elementos naturales ca da una, cuya posición en el espacio de correlación define su valor. En re sumen, los elementos así definidos no son más que valores comanda dos y definidos por las valencias perceptivas y sensibles del espacio ex ter no. Hay que precisar aquí que el valor de una posición depende, a la vez, de los grados que lo definen sobre los ejes de control y del tipo de correlación (directa o inversa) al cual pertenece. La distribución ob te nida es específica de una cultura o de un discurso, puesto que de pen de de las valencias que han sido seleccionadas en un discurso particular; la elección no es inmensa, pero de todos modos es, en principio, es pecífica de tal o cual discurso.
El modelo propuesto está, entonces, concebido en principio para ren dir cuenta de la categorización discursiva tal como aparece bajo el con trol de praxis enunciativas concretas. Frecuentemente, se ha reprochado al cuadrado semiótico el proponer solamente estructuras universales antes que describir discursos concretos: tomamos nota de esa justificada crítica, colocando la aparición de los valores bajo el control de las valencias .
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