De hecho, la “privación” o la ausencia de “marca” esconden una propiedad esencial del término concernido, a saber, su valor genérico: al sus pender la aplicación de un rasgo específico, se encuentran todos los tér minos posibles de la categoría. El célebre slogan feminista, La mitad de las mujeres son hombres , reposa sobre ese mismo principio. El uso más corriente, según el cual la categoría de la sexualidad está designada por el término hombre , supone que este último posee el rasgo que de fine la categoría en general, el rasgo sexual por excelencia; en cambio, el término mujer es tratado como específico, y posee entonces un ras go suplementario que el término genérico no posee. Eligiendo el término mujer como término que designa la categoría, el slogan invierte la relación y hace del término hombre el término específico, dotado de un rasgo suplementario, y, del término mujer , el rasgo genérico que define la categoría. La guerra de los sexos recurre también a las armas de la categorización.
Las nociones de “oposición privativa” o de “marca” pueden, en rigor, ser conservadas cuando una categoría está limitada a dos términos, pero su puesta en marcha se hace particularmente problemática desde el momento en que el número de términos es superior a dos, puesto que entonces el término “no marcado” recubre toda la categoría, a excepción del término marcado.
Hjelmslev ha propuesto otra aproximación, poniendo en evidencia el hecho de que esta oposición concierne a la extensión de una categoría y no a su comprensión. Propone considerar que toda categoría equivale a un dominio en el espacio abstracto de los recortes culturales y que ese dominio puede ser ocupado de dos maneras diferentes: sea de ma nera difusa y vaga (sub-dominio A), sea de manera concentrada y pre cisa (sub-dominio a):
No se trata ya de rasgo “presente” o “ausente”, sino de la intensidad perceptiva de una parte de la categoría: el término “di fuso” o “vago” sirve de fondo sobre el cual se destaca una figura, el término “con centrado” o “preciso”.
La llamada oposición “privativa” es redefinida de esta manera como una oposición que depende del lugar y de la intensidad de los términos; pero hay que tener en cuenta, para evitar algunos malentendidos, que el término “vago” o “difuso” no es, como se podría pensar, “impreciso”, sino que tiene un valor genérico: desde ese momento, la negación que lo hace aparecer en el discurso da libre curso a todos los términos po sibles de la categoría: no se trata ya de una caja vacía sino de una caja de Pandora…
1.2 La oposición entre contrarios
Otra posible oposición es la que pone en presencia, sobre el fondo de un mismo eje , dos términos igualmente “plenos”, es decir, definidos ca da uno por un rasgo. En fonética, por ejemplo, se opondrá el rasgo “bi labial” al rasgo “labiodental”, sobre el fondo del eje común, el rasgo “la bial”. La categoría de las labiales será entonces organizada, en fran cés, por la diferencia del punto de articulación secundaria, labial o dental.
A otro nivel de análisis que el evocado líneas arriba, el masculino y el femenino obedecen a ese mismo principio de contrariedad : sobre el fon do de la categoría de la sexualidad , los dos términos se oponen gracias a la presencia de dos rasgos igualmente presentes, cada uno contrario del otro.
En la perspectiva de Hjelmslev, se debería entonces suponer o bien que él no otorga mucha importancia a esta figura o que dos subdominios concentrados ocupan el dominio de la categoría:
Esta representación tiene la ventaja de mos trar que el dominio pue de ser saturado o no sa turado por los dos contrarios, y que, en con se cuen cia, si hay zonas no cubiertas por A1y A2, queda un subdominio “di fuso” ocu pado por el término genérico.
El cuadrado semiótico se presenta como la reunión de los dos tipos de oposiciones binarias en un solo sistema, que administra a la vez la pre sencia simultánea de rasgos contrarios y la presencia y la ausencia de cada uno de esos dos rasgos. Como la “ausencia” tiene, como ya se ha mostrado, un valor genérico, se puede decir que el cuadrado semióti co, en suma, se interesa a la vez por la organización interna de la categoría y por la delimitación de sus fronteras.
2.1 Las relaciones constitutivas
Un cuadrado semiótico descansa sobre los rasgos contrarios de una categoría, a partir de los cuales se proyectan los contradictorios:
Pero esta representación no ofrece gran interés mientras las relaciones entre todos los términos no estén precisadas, particularmente las relaciones entre a2y no a1de un lado, y a1y no a2del otro. Se trata, pues, de precisar la relación que se establece entre los productos respectivos de dos tipos de diferencias. En efecto, a partir de a1, por ejemplo, se obtiene el contrario a2y el contradictorio no a1. Se constata en tonces que esos dos nuevos términos, si la categoría es homogénea, de ben ser complementarios el uno del otro. El rasgo contrario a2, en efecto, implica la ausencia del rasgo a1, es decir, su contradictorio no a1, que es del mismo género que él. Asimismo, el rasgo a1implica el rasgo no a2.
En todas las obras de semiótica de los años setenta y ochenta se encontrarán excelentes pre sen taciones del cuadrado semiótico, el cual hace mucho tiempo que cumple la función de “emblema” de la semiótica greimasiana. Para más precisiones, nos remitimos a di chas presentaciones. De hecho, en su uso, ese modelo ha presentado siempre las mismas dificultades: una dificultad técnica y una dificultad metodológica. Desde un pun to de vista técnico, la relación más difícil de establecer y de justificar es siempre la re lación de complementariedad; es posible hilvanar mecánicamente cuadrados formales par tien do de dos contrarios A & B y proyectando sus contradictorios no A & no B; pero es mu cho más delicado identificar claramente esos contradictorios en el curso del análisis y asegurarse de que son realmente los complementarios de los contrarios.
Desde el punto de vista metodológico, la construcción de un cuadrado a partir del aná lisis de un corpus es siempre problemático, pues la definición del cuadrado no comporta ninguna indicación sobre la manera en que los datos textuales deben ser levantados y tratados para entrar en el estilo de categorización que es inducido por el cuadrado semiótico. Resulta que, frecuentemente, el cuadrado aparece como una proyección que presiona a los elementos del corpus a adoptar la forma que impone. De hecho, en un caso como en otro, la dificultad reside siempre en la relación problemática entre el mo delo constitucional y la forma de los datos textuales extraídos de un corpus con creto.
Pongamos un ejemplo. Imaginemos que, en un texto, dos elementos naturales se oponen como contrarios: el agua y el fuego , y que los otros dos no tienen otro rol que el de manifestar la ausencia de los dos pri meros, la tierra y el aire respectivamente: en ese caso, la tierra sería el contradictorio del agua ; el aire sería el contradictorio del fuego :
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