La asociación de dos contrarios a1& a2, forma el término complejo . La asociación de dos subcontrarios, no a1& no a2, forma el término neutro . Se pueden asociar también, dos a dos, los complementarios; si el cuadrado está polarizado para formar una axiología , una de esas aso ciaciones ( a1& no a2, por ejemplo) formará el término positivo y el otro (en este caso a2& no a1) formará el término negativo .
La identificación de tales combinaciones es, en general, específica de ca da discurso concreto, pero como el número de combinaciones es limitado, se pueden prever diferentes figuras. Se puede imaginar, por ejem plo, para los elementos naturales, que tal discurso particular podría pro poner las siguientes combinaciones: [agua + fuego] = fuego líquido ; [aire + tierra] = polvo ; [agua + aire] = bruma ; [fuego + tierra] = ceniza .
3. LA ESTRUCTURA TERNARIA
3.1 Los tres niveles de aprehensión de los fenómenos
La semiótica peirceana reposa enteramente sobre una concepción ternaria de la estructura elemental. Pero no se trata en este caso de la estructura de los términos de una categoría sino de niveles de aprehen sión de esa categoría o, en otros términos, de tres modos diferentes de la aprehensión de la significación que son, según Peirce, tres maneras di ferentes y jerarquizadas por las cuales podemos conocer el mundo del sen tido. Porque esta semiótica es ante todo una teoría del conocimiento.
En un primer nivel, llamado simplemente Primero (o primeridad — first ness en inglés—), se aprehenden solamente las cualidades sensibles o emotivas del mundo; este nivel es primero por rango de orden, pero tam bién porque comporta un solo elemento: la cualidad misma. Por ejem plo: la sensación de “mojado” es primera . El signo típico de este nivel es el icono .
En un segundo nivel, llamado Segundo (o segundidad — secondness en inglés—), se pone en relación la cualidad con otra cosa; este nivel es segundo por rango de orden, pero también porque comporta dos elementos. Por ejemplo, cuando la sensación de “mojado” es puesta en relación con la lluvia que cae, esa relación es llamada segunda . El signo tí pico de este nivel es el índice .
En un tercer nivel, llamado Tercero (o terceridad — thirdness en inglés—), se ponen los dos primeros niveles en la perspectiva o bajo el con trol de un tercero; este nivel es tercero porque comporta, de hecho, tres elementos. Lo más corriente es que este tercer elemento se presente co mo una ley o una convención: se podría, a partir del ejemplo en curso, tener por resultado “Llueve siempre que está mojado” , confrontando la relación de segundidad con el tiempo, que estaría en función de tercero, y llegaríamos así a desprender una regla. El signo típico de este ni vel es el símbolo .
3.2 Propiedades de los tres niveles
En los innumerables escritos de Peirce, los tres niveles de aprehensión de los fenómenos conciernen a casi todas las propiedades imaginables: cada exégeta se precia de encontrar las que le convienen para tal o cual uso.
Preguntarse qué son concretamente la primeridad , la segundidad y la terceridad no tiene, de hecho, mucho sentido, puesto que se trata de tres momentos fundamentales de toda construcción del sentido, de toda ex periencia, y, en general, de la relación entre el hombre y su entorno. En la teoría peirciana misma, la estructura ternaria sirve particularmente:
• para construir el signo mismo, puesto que el objeto es primero , el representamen segundo y el interpretante tercero ;
• para distinguir los tipos de signos, puesto que el icono , el índice y el símbolo participan respectivamente del primero (semejanza cua lita ti va), del segundo (relación causal o explicativa) y del tercero (convención);
• para distinguir muchos tipos de objetos, de representámenes, de in terpretantes, luego de iconos, de índices y de símbolos, cada vez bajo el mismo principio, por una nueva división en tres niveles.
En cambio, si se adopta la perspectiva de la elaboración de un lenguaje y del funcionamiento del discurso que lo pone en marcha, uno se per cata de que la triplicación peirciana interesa fundamentalmente en lo que respecta a las modalidades de elaboración de la significación. En efec to, entre las muchas propiedades de esta triplicación que son objeto de consenso entre los diversos lectores de Peirce (Deledalle, Eco, Savan, entre otros), las propiedades modales son las más frecuentemente in vocadas.
Esas propiedades modales caracterizan los niveles de articulación de la significación. En la perspectiva de una semiótica del discurso, las definiremos como modos de existencia de la significación en discurso.
3.3 Los modos de existencia
Todas las teorías del lenguaje deben dotarse de niveles epistemológicos, que son definidos como modos de existencia de las magnitudes se mióticas .
Por ejemplo, Saussure distingue la lengua, que es virtual , y el habla, que es realizada . Guillaume distingue la lengua ( virtual ), la efectuación ( ac tual ) y el discurso ( realizado ). Hjelmslev distingue siempre lo realizable (el sistema) y lo realizado (el proceso). Por último, Greimas distingue las virtualidades del sistema, la actualidad del despliegue semionarrativo y la realización por el discurso. Estas diversas aproximaciones po drían ser superpuestas muy fácilmente, pero lo que debe interesarnos aquí es solamente el principio: toda teoría del lenguaje tiene necesidad de una teoría de los modos de existencia para poder precisar el es tatuto de los objetos que manipula.
Además, las enunciaciones concretas explotan también estos modos de existencia, ponen en juego de cierta forma esos diferentes “niveles de realidad”. La cuestión epistemológica del estatuto de las magnitudes lingüísticas y semióticas se convierte, entonces, en los discursos concre tos, en una cuestión metodológica, la de las modulaciones de la pre sencia de esas magnitudes en el discurso. Así, la litote ( No te odio en ab so luto ) juega con dos modos de presencia: un contenido en el que la pre sencia es real —el enunciado negativo—, y un contenido en el que la presencia es potencial —el enunciado positivo subyacente, Te amo —.
Globalmente, Peirce, con su estructura ternaria, no procede de manera diferente a Saussure, Guillaume o Hjelmslev: aunque la teoría que él deduce sea diferente, presenta también las diferentes etapas de una elaboración modal de la significación , distinguiendo: (1) el modo virtual ( primero ) es aquel que comprende todos los posibles de un lenguaje y particularmente todos los posibles sensibles y perceptivos; (2) el modo actual o real ( segundo ) es aquél que comprende los hechos realizados y que permite particularmente anclar la acción y la transformación de los estados de cosas en la percepción y en lo sensible; (3) el modo potencial ( tercero ) es aquel que comprende todas las le yes , reglas , usos que programan la existencia y sus transformaciones.
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