Los análisis centrados en la diferenciación entre ciencia básica y aplicada han hecho hincapié en rasgos similares. La actividad científica busca la verdad, leyes y ecuaciones, mientras que la actividad práctica pretende producir artefactos que trabajen y se rijan por normas tecnológicas. Se trata de dos tipos de conocimiento que difieren en cómo se construyen sus teorías y analizan fenómenos: el conocimiento básico es analítico, jerárquico y se esfuerza por la generalidad, mientras que la investigación aplicada analiza sistemas simples y los reduce a pocos elementos y relaciones (Jansen, 1995).
Clark (1987) recoge la noción de paradigma para delimitar las diferencias entre lo científico y lo tecnológico (y lo que es a la vez científico-tecnológico). En 1962, Kuhn propone la discusión del paradigma científico desde una definición de la ciencia como evolución de una preciencia a un estado de madurez en un sendero pautado por periodos ocasionales de agitación (ciencia revolucionaria). La etapa preciencia está marcada por la ausencia de principios de organización y la búsqueda aleatoria de hechos. Sigue a esto un proceso de maduración de la ciencia en la adquisición de un paradigma. Los paradigmas son un concepto difuso, pero aluden en términos generales a asunciones metafísicas y teorías, prácticas aceptadas y artefactos (como artículos clásicos y libros de texto) que organizan y dirigen los periodos de ciencia normal que siguen a la creación del paradigma (Balmer y Sharp, 1993). [2]
Dosi (1982) sugiere una interpretación del cambio tecnológico que evoca la idea de paradigmas y trayectorias tecnológicas. El paradigma tecnológico, análogamente a los paradigmas científicos, se compone de artefactos y conceptos que forman la base para el desarrollo tecnológico a través de trayectorias (vías de desarrollo) determinadas por la acumulación de conocimientos y por el carácter transable de la tecnología.
Un nuevo paradigma tecnológico aquí también es una ruptura con los paradigmas anteriores. Ciencia y tecnología no son estados discretos y separables que siguen objetivos cualitativamente distintos. Por el contrario, ambas son partes de una búsqueda de conocimiento continuo guiado por dos conjuntos de fuerzas relativos a los mercados de bienes y servicios y a los intereses y metas de profesionales del conocimiento.
A menudo estas fuerzas son mutuamente antagónicas en cuanto chocan intereses de tipo cognitivo, ideológico o vinculados con posiciones sociales y/o institucionales. En cambio, los objetivos puramente económicos refieren, en última instancia, a la satisfacción de demandas de consumidores. Cuando las fuerzas del mercado son fuertes, son susceptibles de recibir presiones constantes al cambio en el sistema de cti. Este suele ser el caso donde las condiciones de competencia prevalecen y los clientes tienen poder directo sobre el proceso productivo. Sin embargo, en la medida en que tales condiciones no ocurren típicamente, se tenderá a seguir los intereses y los objetivos de las comunidades científicas y/o tecnológicas pertinentes. A menor nivel de influencia del mercado, mayor la permanencia relativa de cierto paradigma dado (Clark, 1987).
Balmer y Sharp (1993) sintetizan las similitudes y diferencias de los paradigmas científicos y tecnológicos propuestos por Clark (1987) en el cuadro 1.
El concepto de convergencia
El concepto de convergencia recoge varios aportes reseñados que enmarcan la distinción entre ciencia y tecnología, y también alude a un debate sobre los alcances e implicaciones de las tecnologías emergentes de base científica surgidas en los últimos 25 años.
Convergencia se ha vuelto una palabra de moda en los círculos de expertos de las políticas de cti, especialmente a partir de la iniciativa estadounidense de 2001 bajo las siglas nbic. [3]En la primera versión del concepto, se enfatizaron las posibilidades de las nuevas tecnologías con altos niveles de crecimiento para mejorar el desempeño humano y, muy particularmente, el llamado mejoramiento humano: el aumento tecnológico de las capacidades humanas y la modificación de la corporeidad y el intelecto. Esta visión inicial del programa nbic y del concepto de convergencia fue cuestionada por privilegiar lo individual sobre lo societal-comunitario. La propuesta provocó múltiples reacciones en torno a la proximidad del programa nbic con iniciativas cercanas al transhumanismo, la ciencia ficción y campos de investigación dudosos y el ocultamiento de visiones extremas en una agenda presumiblemente de política de ciencia dura e ingeniería. Adicionalmente, causó polémica que el interés por el aumento de la cognición humana coincidiera con la creciente atención de organizaciones militares estadounidenses en el tema, en especial en relación con la nanoconvergencia (Andler et al. , 2008). [4]
En respuesta a la primera visión de la iniciativa nbic, la Unión Europea designó un grupo de expertos que desarrollaron un enfoque basado en la demanda, según el cual la convergencia respondía a necesidades de la sociedad (Andler et al. , 2008). Las actividades al principio se apoyaron en ejercicios de prospectiva tecnológica y de análisis de las implicaciones sociales, económicas y ambientales de los procesos de convergencia, y dieron cabida a propuestas políticas para el desarrollo de campos tecnológicos convergentes. La propuesta de actividades de cti del programa Marco 2014-2020 de la Unión Europea (Horizonte 2020) ejemplifica un esquema de gobernanza que recoge el interés por priorizar estos nuevos campos de innovación, pero desde un enfoque de abordaje a desafíos sociales centrales: salud, alimentación, bioproductos, esquemas energéticos, sustentabilidad e inclusión (nrc, 2010).
La versión más reciente del concepto de convergencia de Roco, Bainbridge, Tonn y Whitesides (2013) en los Estados Unidos ha considerado en buena medida las críticas a las primeras versiones. En dicho sentido ha buscado enfatizar las dimensiones educacionales, institucionales, organizacionales, ambientales y sociales de la convergencia cuyos estudios han evolucionado desde la formulación original de 2001, estando en la actualidad más centrados en la cooperación entre disciplinas científicas y campos tecnológicos. Se han consolidado en este marco dos enfoques de investigación que han desplazado la importancia de los aspectos visionarios y transhumanistas iniciales: i ) análisis de nuevos modos potenciales de inter y transdisciplinariedad, las interrelaciones ciencia-sociedad y aspectos empíricos de la convergencia tecnocientífica y ii ) estudios sobre contextos históricos, culturales y políticos del discurso de convergencia (Andler et al. , 2008).
Campos tecnológicos y disciplinas tecnológicas convergentes
La noción de convergencia supone el surgimiento de nuevas herramientas tecnológicas que no se vinculan a una sola disciplina ( e.g. nanotecnología, biotecnología, tecnologías de la información, ciencias cognitivas), sino que integran a todas o varias de ellas en torno a objetivos de investigación e ingeniería de sus interfases (Lundstrom y Wong, 2013). El trabajo interdisciplinario emerge así como un gran desafío central a resolver por las estructuras de investigación, en cuanto no existe un sistema generalizado que fomente este modo colaborativo entre disciplinas (MacGregor et al. , 2013).
Los debates respecto a la articulación de instancias de colaboración dan cuenta de la complejidad inherente al desarrollo de investigación interdisciplinaria y, por tanto, el planteamiento del debate en relación con la cc. Este contexto impone la diferenciación entre investigación mono, multi, trans e interdisciplinaria.
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