b ) La superioridad del arte bello como manifestación de la idea
Hegel comienza las Lecciones de estética señalando que en su época el sentido primordial de la palabra estética es «ciencia de la sensación», del conocimiento sensitivo perfecto. Frente a este planteamiento, él ambiciona elevar la estética a un ámbito superior a la sensación. Por eso aleja el objeto de estudio de la sensibilidad y lo ciñe al arte, y en concreto al arte bello. Como él mismo afirma, «la expresión genuina para nuestra ciencia es la “ filosofía del arte ”y, más exactamente, “ filosofía del arte bello ”» (Hegel, 1989 b : 9).
En estas pocas palabras presenta sucintamente el modo filosófico con el que desea abordar estas lecciones y el objeto de estudio. Por lo que respecta al modo, hay que tener en cuenta la equiparación que Hegel hace del término filosofía ( Philosophie ) con el de ciencia ( Wissenschaft ). Como ha quedado de manifiesto en la Enciclopedia , la filosofía se convierte en ciencia en tanto que conoce lo infinito, lo absoluto, y, por eso mismo, debe entenderse como sistema para poder abarcar toda la realidad.
La filosofía del arte bello es, por tanto, ciencia del arte bello, lo que significa que es conocimiento necesario de una manifestación del espíritu. En concreto, se sitúa en el ámbito del espíritu absoluto, el ámbito de la libertad y la verdad del espíritu que se conoce a sí mismo y que busca la forma más racional a través de la cual expresarse: «El espíritu es por primera vez lo verdadero , que lo abarca todo en sí, de modo que cualquier cosa bella sólo es auténticamente bella como partícipe de esto superior y engendrada por ello» (Hegel, 1989 b : 10).
Por esta misma razón, el objeto de estudio no es la belleza natural, sino la artística, puesto que se trata de «belleza nacida y renacida del espíritu » (Hegel, 1989 b : 10). Este hecho lleva consigo la consideración del arte como expresión del espíritu y su entrada en la esfera del conocimiento teórico. De ahí que la naturaleza quede excluida en el análisis de la belleza. No porque en ella no se dé, pues no se trata de una cuestión cuantitativa, de dónde hay más belleza, sino cualitativa: la cuestión es ver dónde se expresa mejor el espíritu. 44Por tanto, no hay yuxtaposición, sino superioridad de la belleza del arte sobre la de la naturaleza, del espíritu sobre la materia. 45
Como el propósito de Hegel es tratar el arte desde el punto de vista filosófico, desde el comienzo de las Lecciones se enfrenta con dos prejuicios con los que el sentir común se acerca al arte y que objetan precisamente la posibilidad de que se pueda hacer de él un tratamiento científico, filosófico. El primero de estos prejuicios es considerar el arte como algo ocioso, superfluo y blando, un lujo que no resulta útil, que fomenta el ocio y la frivolidad y, además, se vale del engaño y la apariencia. El segundo es concebir el arte como objeto de la sensación, de la intuición o de la imaginación, pero no de la razón, suponiendo así que en él rige la necesidad de la naturaleza, y no la libertad de la creación. Esta consideración lo excluiría de ser objeto del pensamiento y tener un tratamiento científico. Esto se debe a la idea común, que Hegel quiere atacar con su argumentación, de que el pensamiento, el tratamiento científico, a través de sus abstracciones se separa de lo concreto, acaba con la vida y no constituye un método adecuado para acercarse al arte. Frente a este tipo de concepciones, Hegel es meridiano: «La necesidad general del arte es, pues, lo racional, o sea, el hecho de que el hombre ha de elevar a la conciencia espiritual el mundo interior y exterior, como un objeto en el que él reconoce su propia mismidad» (Hegel, 1989 b : 34).
Para Hegel este punto es importante, ya que separar el arte del ámbito de la razón lleva a tergiversar su verdadero fin. En efecto, el arte puede cumplir la función de distraer, decorar, divertir e incluso de proporcionar enseñanzas morales. Pero, como se vio a propósito de la reacción de Hegel a la mistificación del arte, el hecho es que cuando se le otorga una función didáctica se está reduciendo el arte a un medio, siendo así imposible que se dé en él la fuerza de la contradicción entre lo espiritual y lo sensible. El arte comprendido de esa manera no es más que un instrumento a favor de otros fines, sin que ninguno de esos fines resulte ser específico del arte, lo cual lo acaba sometiendo a una dependencia o servidumbre completa.
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