Raquel Cascales Tornel - El fin del arte

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Este libro da cuenta de uno de los tópicos más controvertidos de la Estética contemporánea: el fin del arte. Para ello, se analizan las transformaciones que sufrió el arte y las teorías filosóficas que condujeron a considerar que podría tener un final. Hegel es referente imprescindible en este contexto pues elevó el arte a la más alta consideración, pero afirmó también que era ya un tema del pasado. Esta sentencia provocó innumerables interpretaciones que el libro recoge y sintetiza. De entre las contemporáneas, la que más divulgación ha alcanzado es la de Arthur Danto. Sin embargo, con frecuencia ha sido comprendida de manera parcial y por ello este libro la contextualiza dentro del desarrollo filosófico del autor, remarcando la coherencia de su pensamiento. El diálogo establecido entre ambos filósofos permite comprender cómo lo que termina es una comprensión sobre el arte nacida en la época moderna, y aporta algunas claves para entender mejor el arte de nuestros días.

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En esta libertad es el arte bello verdaderamente, y sólo resuelve su tarea suprema [...] convirtiéndose en una forma de hacer consciente y expresar lo divino , los intereses más profundos del hombre, las verdades más universales del espíritu. Los pueblos han depositado en las obras de arte los contenidos más ricos de sus intuiciones y representaciones internas (Hegel, 1989 b : 14).

El carácter platónico podría verse, como también ha resaltado González Valerio, en la utilización de términos como «hacer consciente» ( zum Bewusstsein zu bringen ), «expresar» ( aussprechen ), «depositar» ( niederlegen ), «representar» ( darstellen ). Además del carácter secundario que imprimen al arte, hacen que este «qued[e] en desventaja ontológica y epistémicamente frente a la religión y la filosofía» (González Valerio, 2012: 148). Frente a esta sutil vertiente platónica, González Valerio, siguiendo a Gethmann-Siefert, hace hincapié en que para Hegel lo más esencial del arte es su manifestación sensible y, con ello, su constitución histórica y su función cultural: «No se trata de la “autonomía” del arte, sino de su determinación cultural, de su significado para los seres humanos y para las configuraciones de la sociedad humana» (citado en González Valerio, 2012: 152).

Respecto a esta determinación histórica del arte, Gethmann-Siefert considera que fue la interpretación de Hotho y el intento de casarlo con el sistema lo que hizo que apareciera el carácter de pasado en el arte. Por eso, frente a las interpretaciones que se han hecho de la estética hegeliana desde la metafísica, poniendo el énfasis en la «manifestación sensible de la Idea», la autora alemana reivindica la interpretación histórica, es decir, la realización de la idea en la historia. 41A este respecto:

El arte, en cuanto lo bello «nacido del espíritu», no es –tal como lo definía la versión impresa de la Estética– la «apariencia sensible», sino «Dasein», «existencia» o «vitalidad» de la idea: el ideal. El ideal comprende para Hegel la unidad de lo sensible y lo espiritual, la unidad de un contenido espiritual o racional y su forma sensiblemente perceptible (Gethmann-Siefert y Beer, 2006: 29).

De esta manera, como apunta González Valerio, la autora alemana trata de rescatar a Hegel historizando la estética. En este sentido, Gethmann-Siefert estaría abogando por comprender el arte más como fenómeno que como sistema, pues «el sistema en última instancia no aparece por ningún lado en las Lecciones de estética . Insiste de este modo en que “el Ideal es la realidad estética y mitológica de la Idea”» (citado en González Valerio, 2012: 152).

Por consiguiente, en lo que respecta al fin del arte, Gethmann-Siefert considera que Hegel afirmaría que el arte no es capaz de instaurar ya ningún modelo de orientación inmediata, pero también que, por esa misma razón, se le abren otras posibilidades infinitas en cada presente, en el suyo y en el nuestro. Posibilidades en las que se vinculan la intuición y la reflexión, haciendo necesaria la filosofía del arte para preguntarse por el significado del arte en épocas pasadas (Gethmann-Siefert, 1992: 165-230). El arte puede y debe abrirse a lo humano, «buscar otras formas de mediación para lograr una orientación histórica, o sea una formación del individuo a través del arte» (Gethmann-Siefert y Beer, 2006: 23). Dicho con otras palabras, una vez que el arte ha cumplido su función principal de llevar a la conciencia al espíritu, tiene en la época moderna la función histórica de forjar humanidad. A este respecto, es aclaratoria la puntualización de Domínguez cuando explica que el arte en la época moderna ya no tiene la función de la substantielle Bildung , sino de la formelle Bildung (Domínguez Hernández, 2008: 209).

Estas interpretaciones que otorgan más peso al componente histórico de lo que podrían haberlo hecho otras lecturas de orden más metafísico resultan interesantes, ya que ponen de manifiesto que la realización histórica es esencial en el arte. Para ella, el significado histórico del arte «como mediación de la verdad se altera no estructuralmente, sino en relación con el problema de si el arte puede mediar por sí solo esas orientaciones duraderas, el “espíritu absoluto”, o si ha de hacerlo en compañía de otras formas de conciencia histórica» (Gethmann-Siefert y Beer, 2006: 26). 42Incluso Gethmann-Siefert considera que esta perspectiva solucionaría el problema del «fin del arte», ya que lo importante en ella sería preguntar por la función que sigue teniendo el arte en el momento histórico actual.

Sin embargo, este planteamiento presenta dos cuestiones. En primer lugar, que desde esta perspectiva histórica la tesis del «fin del arte» no pierde fuerza, pues solo dentro de la concepción histórica es donde el arte puede tener un «final». No obstante, hay que ser cuidadosos al hablar de fin, pues ¿qué es exactamente lo que acaba? Se zanja el momento del arte como manifestación sensible de la Idea pero, según cómo se exponga esta claudicación, podría entenderse que el arte se instala en el espíritu objetivo como una figura más y para siempre. Esto conduce al segundo problema, pues el peso concedido a lo «histórico» también lleva a conceder demasiado papel al aspecto cultural del arte. De hecho, cuando Gethmann-Siefert alude a las tesis del «fin del arte» en el contexto del mundo moderno, aclara que «sin duda el arte ya no es relevante sólo en el contexto cultural, en el marco del servicio divino, sino que es al mismo tiempo elemento de la cultura mundial» (Gethmann-Siefert y Beer, 2006: 28). Aunque esta autora no reduzca el arte al espíritu objetivo, cayendo en el peligro de reducir el arte a un elemento «cultural» junto a otros, hoy en día también pueden encontrarse otras interpretaciones en las que estas distinciones no están tan claras. Por tanto, el problema no está en entender.

En esta línea puede aludirse a la interpretación que se ha generalizado en el ámbito norteamericano, donde se ha estandarizado la división entre la interpretación tradicional metafísica y la no metafísica (o poskantiana), tal y como lo recoge la Stanford Encyclopedia of Philosophy :

Aquellos que adoptan esa aproximación a Hegel tienden a tener en mente la (relativa) juventud del autor de la Fenomenología del espíritu y han tendido a despreciar como «metafísicas» obras tardías y más sistemáticas como La ciencia de la lógica . En contraste, el movimiento hegeliano británico de finales del siglo diecinueve, por ejemplo, tendió a ignorar la Fenomenología y las dimensiones más historicistas de su pensamiento, además de encontrar en Hegel a un metafísico sistemático cuya Lógica aportó una ontología sistemática y definitiva. Esta posterior visión metafísica de Hegel dominó la recepción de Hegel durante la mayor parte del siglo XX, pero desde la década de 1980 fue desafiada por académicos que ofrecieron una visión de Hegel alternativa: no-metafísica y poskantiana. Sucesivamente, la lectura poskantiana ha sido desafiada por una visión metafísica revisada, en la cual se hace mención a los conceptos realistas aristotélicos que están presentes en el pensamiento de Hegel (Redding). 43

Esta línea interpretativa considera que la visión metafísica establece una asimilación entre Dios y el espíritu absoluto, razón por la cual se tiende a considerar esta visión como un ejemplo del estilo dogmático, contra el que Kant habría arremetido ya en la Crítica de la razón pura . La visión no metafísica buscaría una línea menos polémica que trataría de abordar especialmente la ética y la política, pero también incluso la estética, como independientes del sistema metafísico. Así como los análisis en los primeros campos están siendo muy fructíferos, el campo estético es más difícil de determinar. Más adelante, cuando examine las distintas interpretaciones sobre la tesis hegeliana del fin del arte, volveré sobre ello. Baste de momento mencionar a los autores que han desarrollado esta línea no-metafísica, especialmente en Estados Unidos: Robert B. Pippin (1997, 2008), Henry Pinkard (2001) o Robert Brandom (2002, 2009). Ahora corresponde analizar el texto que ha llegado a nuestras manos como las Lecciones de estética .

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