Desde esta perspectiva hay que entender cómo los tres momentos del espíritu absoluto, arte, religión y filosofía, son formas infinitas y libres del espíritu, aunque expresen el contenido del espíritu de forma diferente. La diferencia radica en la forma con que cada uno de ellos lo hace presente:
El arte bello ha llevado a cabo por su parte lo mismo que la filosofía por la suya: la depuración del espíritu respecto de la falta de libertad. Aquella religión en la que se engendra la necesidad del arte, y por eso precisamente lo engendra, posee en su principio un más allá carente de pensamiento y sensible (Hegel, 1997: 586). 25
Por tanto, como puede verse, el arte no es un momento inferior del espíritu absoluto, sino el primer momento necesario en el que el espíritu se manifiesta sensiblemente: la verdad que se da bajo forma de representación. Lo propio del arte es su expresión exterior, por lo que se caracteriza por ser un saber sensible, intuitivo. Por su parte, la religión en Hegel es pura interioridad y su conocimiento corresponde a la representación. La filosofía, en último lugar, sería la expresión más racional, el pensamiento libre del espíritu y, por ello, culminación del sistema. Es culminación porque solo ella puede dar cuenta de las demás, que solo comprenden de manera unilateral y abstracta. 26
Tal y como Hegel lo trata en la Enciclopedia , el arte aparece como el ámbito menos científico del espíritu absoluto; sin embargo, eso no quiere decir que no pueda tratarse científicamente. Precisamente dedicará las Lecciones de estética a demostrarlo.
b ) El arte como forma infinita y libre del espíritu
Una vez revisado el carácter científico del arte dentro de la dialéctica hegeliana, se puede analizar el lugar que ocupa en este sistema como primera expresión del espíritu absoluto, es decir, del espíritu infinito y libre. Como se ha visto, la idea se manifiesta de diferentes formas: en el arte, la religión y la filosofía. Entre ellas, el arte tiene como fin exteriorizar la idea sensiblemente. Esta manifestación sensible de la idea a través del arte es la forma del absoluto más alejada de la reflexión, pero también permite un conocimiento más intuitivo o inmediato. El arte, por tanto, no presenta la idea en el elemento reflexivo del concepto, puesto que eso es labor de la filosofía; presenta el absoluto de manera sensible. Así pues, el arte bello manifiesta de modo sensible la idea.
En este sentido, en el arte son inseparables el aspecto de infinitud que proviene del ideal y el aspecto finito en tanto que objeto concreto. Ramírez, en su estudio sobre la estética hegeliana, afirma que el arte no es posible «si alguno de estos aspectos se elimina o privilegia» y que, precisamente por ello, «la representación del infinito en forma finita se presenta como fruto de la más alta libertad, como síntesis en la quese nos revela el proceso absoluto del universo» (Ramírez, 1988: 47).
Sin embargo, se ha discutido si la relevancia del contenido ideal convierte a Hegel en contenidista o platónico. Es decir, si lo realmente importante en el arte para él sería la idea y su expresión tiene un carácter secundario. Labrada, por ejemplo, comenta este carácter contenidista en el sentido que acabo de apuntar, afirmando además que el problema del contenidismo vuelve a surgir cuando el arte, una vez superado, pasa de ser inmediación a mediación conceptual, negando así lo propio del arte. En este sentido, «la representación artística en cuanto tal pierde su valor de inmediación y necesita ser interpretado» (2017: 148). En su opinión, esto sucede porque solo cuando se pierde el poder manifestativo de la belleza se puede determinar el significado filosófico de las obras de arte. 27
La discusión sobre el contenidismo tiene sentido cuando se contempla desde la perspectiva artística; sin embargo, no puede tener lugar desde la perspectiva sistemática o desde la perspectiva del espíritu que se expresa: ni por lo que se refiere al espíritu divino, que ahora busca otras formas, ni al humano, porque a este ya no le basta con el arte. No obstante, esto no significa que no vaya a continuar existiendo la manifestación de la verdad en el arte ni que el contenido vaya a ser lo único importante, por muy reflexivo que se vuelva el arte en el futuro. Volveré sobre este punto más adelante al tratar el carácter pretérito del arte.
Hegel en ningún momento afirma que la forma externa sea una mera envoltura para que la idea se manifieste, sino que explica que su manifestación concreta y sensible es tan intrínseca a la obra de arte como la idea que pretende expresar. 28Ciertamente, a la hora de interpretar la posición hegeliana cabe el peligro de reducir el arte al espíritu objetivo, al mundo de la cultura. Y es importante no perder de vista que el arte no pertenece totalmente al espíritu objetivo, sino al absoluto.
En el espíritu objetivo se encuentra la cultura, pero en ella el espíritu está alienado, pues es un momento en el que el espíritu sale de sí, se objetiviza, se enajena (Hegel, 2004 b : 286-350). 29Frente al mundo de la cultura, formado por y para el hombre, la consciencia se extraña, razón por la cual en la Enciclopedia la cultura no tiene lugar, puesto que no puede ser una ciencia. Podría decirse que es la acumulación de conocimientos y necesidades de la sociedad civil, pero no es en sí un saber reflexivo. 30Arthur Danto lo resume de la siguiente manera:
El espíritu objetivo consiste en todas esas cosas y prácticas en las que encontramos la mente de una cultura hecha objetivo: su lengua, su arquitectura, sus libros y prendas de vestir, su gastronomía, sus ritos y leyes, todo lo que componen les sciences humaines o lo que los seguidores de Hegel dieron en llamar Geisteswissenschaften (2013 a : 146).
El arte, por el contrario, es la primera forma del espíritu absoluto, en la que gracias a su expresión sensible el espíritu toma conciencia de sí. Si lo bello del arte revela la verdad de la misma particularidad sensible o material, el espíritu se conoce a sí mismo en esas obras de arte concretas que él mismo produce. La toma de conciencia supone estar por encima del ser y, por tanto, para el espíritu, también supone tener conciencia de la finitud y de su inquietud infinita. Esta autoconciencia va unida, como se vio al hablar de las Lecciones de filosofía de la historia , a un aumento de la conciencia de su libertad. Precisamente por su materialidad el arte tiene manifestaciones culturales e históricas, pero su esencia está por encima de ellas, puesto que se trata del modo de aparecer de la idea misma en lo bello. A este respecto, de nuevo Danto, hablando de unas obras de arte, afirma que aunque el contenido de las obras trate sobre cuestiones del espíritu objetivo, «pertenecen al absoluto, pues hacen que el espíritu objetivo tome conciencia de sí mismo» (Danto, 2013 a : 147). El arte se eleva por encima del espíritu objetivo, aportando una reflexión y un conocimiento del mundo, razón por la cual puede tratarse de forma científica dicho conocimiento.
Precisamente porque el arte se encuentra en el espíritu absoluto, en la forma libre, puede hablarse de belleza. 31En este punto cabe resaltar que el arte bello supera a la pura materialidad de la belleza natural. En el arte el espíritu sobrepasa la naturaleza, puesto que en la obra la presencia del espíritu es consciente, mientras que la naturaleza era simple exterioridad sensible. Aunque en la conciencia ingenua o natural se tiende a considerar como más real la naturaleza empírica que el arte, que suele entenderse como ficción, lo que Hegel trata de manifestar es que el arte expresa verdades más profundas que las que la naturaleza en cuanto tal podría expresar. 32Lo sensible es presentado de tal manera en el arte que ya no es pura materialidad, sino que ha sido espiritualizado por el ser humano. A través de esta mediación también se toma conciencia del carácter parcial o limitado de lo sensible:
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