Ángeles Mastretta - Arráncame La Vida
Здесь есть возможность читать онлайн «Ángeles Mastretta - Arráncame La Vida» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.
- Название:Arráncame La Vida
- Автор:
- Жанр:
- Год:неизвестен
- ISBN:нет данных
- Рейтинг книги:3 / 5. Голосов: 1
-
Избранное:Добавить в избранное
- Отзывы:
-
Ваша оценка:
- 60
- 1
- 2
- 3
- 4
- 5
Arráncame La Vida: краткое содержание, описание и аннотация
Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Arráncame La Vida»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.
Arráncame La Vida — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком
Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Arráncame La Vida», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.
Интервал:
Закладка:
Al final de alguna de esas tardes, cuando yo pesaba cuatro kilos más, lloraba un poco menos y hasta empezaba a estar entretenidísima con alguna novela, Andrés se presentaba con su cara de dormimos juntos. Yo quería insultarlo, correrlo de lo que con los días se había ido volviendo mi casa, regida por mis tiempos y mis deseos, para mi desorden y mi gusto. Llegaba muy conversador a burlarse de mis piernas gordas o a contar y contar su pleito con alguien al que no sabía cómo darle en la madre.
– Dame ideas -decía, estás perdiendo el interés por mis cosas. Andas como sonámbula.
– Me abandonas -le contesté.
– Oye ya me estás cansando, siempre jode y jode con que te abandono. Te voy a abandonar de veras. Creo que me voy a quedar de fijo donde me atiendan mejor y sobre todo me reciban con gusto. Porque tú estás insoportable. Lo que necesitas es buscarte un quehacer. Se murió tu principal aliado, se te acabó la chamba de gobernadora y no encuentras lugar en el mundo. Acostúmbrate. Las cosas terminan. Aquí no eres reina y no te conocen en la calle, ni puedes hacer fiestas que todos agradezcan, ni tienes que organizar conciertos de caridad o venir conmigo a la sierra. Aquí hay muchas mujeres que no se asustan con tus comentarios, muchas que hasta los consideran anticuados. Pobre de ti. ¿Por qué no le hablas a Bibi la del general Gómez Soto? O métete a la Unión Nacional de Padres de Familia. Ahí hay mucho trabajo. Ahora están en una campaña contra el comunismo y necesitan gente. Mañana te presento con alguno.
Sabia que andaba haciéndole al anticomunista para joder a Cordera, el líder de la CTM. Lo había oído hablando por teléfono con el gobernador de San Luis Potosí, ex presidente metido a industrial, el día que declaró que sólo los oportunistas y los logreros pensaban en el comunismo.
– Estuvo usted perfectamente. Qué buen palo le dio a Cordera -decía. Se lo merece. Cuente conmigo si piensa seguir por ahí. ¿Qué le parecería si la próxima vez que venga usted por México lo invito a cenar a mi casa? Mi esposa estará encantada de verlo.
– ¿A quién voy a estar encantada de ver? -pregunté cuando colgó para saber qué tipo de cena tendría que planear y para cuándo.
– Al general Basilio Suárez -dijo, y se echó una carcajada.
– ¿Yo voy a estar encantada de ver a ese asno? Eres un mentiroso. ¿Y desde cuándo estás encantado tú? ¿No decías que era un contrarrevolucionario de mierda?
– Hasta ayer, hijita. Y hasta ayer a ti te parecía un asno. Pero desde hoy es para toda la familia un hombre prudente y casi sabio. Imagínate que se le ha ocurrido Llamar a las chingaderas de Cordera «experimentos sociales basados en doctrinas exóticas». No puedes negar que es un hallazgo.
– A mí, Cordera me cae bien -dije.
– Tú no sabes lo que dices. Cordera es un ambicioso y un provocador. Está necio en que hay lucha de clases y en que los obreros al poder. Ya lo dijo bien el general, es un demagogo. Como él siempre fue riquito. Su papá rentaba las mulas en que acarreábamos maíz yo y mis hermanos. Tenían una hacienda enorme antes de la Revolución. El qué sabe de hambre, por favor, qué sabe de pobreza, qué sabe de todo lo que habla. Nada sabe, ni le importa. Pero qué bien se hace notar. Ya que no chingue. Ya nos chingó de pobres, que no quiera chingarnos de ricos.
– A mí me cae bien -dije.
– Vas a decir que te gusta su traje gris. ¿Tú también crees eso de que nada más tiene uno? Bola de pendejos. Tiene 300 iguales el cabrón, pero qué bien los engaña. El líder de los trabajadores. Va para afuera ese cabrón. Me canso que le quitamos la chamba de pobre reivindicador. Ya vas a ver cómo le va en la convención. Se las voy a cobrar todas, hasta esta pendejada tuya de «a mí me cae bien».
– Pues a mí me cae bien -dije feliz de encontrar algo con qué molestar.
La verdad es que yo a Cordera lo había visto la vez del desfile y me gustaron sus pómulos salidos y su frente ancha, pero no hablé mucho con él.
– ¿Por qué te cae bien, babosa? ¿Cuándo lo has tratado?
– No sabes lo que dices -contestó enfureciendo.
– Sé lo que miro -dije.
– Cállate la boca. ¿Qué le viste? Dirás que ¿qué?
– Eso mero.
– No inventes, Catalina. ¿Crees que me provocas? Tú de eso no has visto más que lo que yo veo.
– ¿Tú también notaste lo bonito que se ríe? -pregunté.
– Vete a la chingada -dijo. Vas a ver lo bonito que se va a reír en un mes.
Al día siguiente me llevó a presentar con los de la Unión de Padres de Familia. Llegamos a una casa grande en la colonia Santa María. Fuimos hasta la oficina de un señor Virreal. Estaba sentado tras un escritorio de madera oscura, era flaco flaco, empezaba a quedarse calvo. Después supe que su mujer era una gorda que se llamaba Mari Paz con la que tenía once hijos seguiditos.
– ésta es mi señora, licenciado -dijo Andrés. Está muy interesada en colaborar con ustedes -y luego a mí: Te mando a Juan de regreso en una hora, y aquí que se esté para lo que se ofrezca.
Por un lado se fue Andrés y por el otro entró una señora de collar de perlas y medallita de la Virgen del Carmen. Delgada, bien vestida, con una sonrisa de beata conforme, que me incomodó desde el primer momento.
– Ven conmigo -dijo. Te voy a llevar a conocer nuestro local y algunas de nuestras colaboradoras. Me llamo Alejandra y voy a tener mucho gusto en ser tu guía y tu hermana de hoy en adelante.
Pensé que era una cursi y la seguí. La casa vieja y oscura tenía muchos cuartos seguidos con puertas que al mismo tiempo son ventanas y que los comunican entre si. Todos estaban acondicionados como para dar clases, con mesas, sillas y pizarrones. Entramos a uno en el que se reunían varias mujeres.
– Estamos llenando bolsas de comida para la fiesta de los presos -dijo mi guía y hermana para que yo entendiera el porqué de esas quince mujeres sentadas alrededor de unas mesas y sin hablar entre sí. Sólo se oía el murmullo de sus voces contando: hasta tres las que echaban en las bolsas galletas con malvavisco y coco, hasta siete las que echaban galletas de animalitos, hasta cinco las que ponían puños de chochitos verdes, hasta dos las de las cajetillas de cigarros Tigres.
– Buenos días -corearon todas cuando nos vieron entrar.
Estábamos en los saludos y las presentaciones cuando llegó Mari Paz con tres niños prendidos a la falda y abrazando una caja.
– Traje los pambazos -dijo. No sé si alcance para poner uno o dos. Hice doscientos. ¿Cuántos presos son?
– Ciento cincuenta -dijo una gordita bigotona que nunca dejó de echar galletas con malvavisco en sus bolsas. Se las iba amontonando a la que tenía que seguir con las de animalitos, que se había puesto a conversar con la de los seis caramelos de anís como si no la esperara una hilera de bolsas producto del empeño de la bigotoncita.
– Pues faltan cien o sobran cincuenta -contestó Mari Paz haciendo un esfuerzo matemático.
– Que sobren cincuenta. Los repartiremos entre los celadores y las esposas que estén de visita -dijo Alejandra.
– No alcanzan. Siempre hay más celadores y visitas que presos -volvió a decir la bigotona. Ya no tenía dónde poner sus bolsas así que de ahí se siguió: Amalita, me da pena molestarla, pero si no se apura usted con los animalitos y Ceci con los anicitos, yo ya no voy a poder seguir trabajando.
– Ay, Irenita, usted perdone, nos atrasamos, pero orita le apuramos, no se preocupe, si las primeras que tenemos que acabar somos nosotras, están nuestras casas a medio recoger. Por venir temprano ni el quehacer acabamos.
– Así estamos todas -dijo Alejandra que a las claras se veía que no estaba en las mismas, en las manos y la cara se le notaban las cuatro sirvientas de planta. Después me enteré de que su marido tenía acciones del Palacio de Hierro y de la Coca Cola, era dueño de una fábrica de papel en Sonora y de una de hilos en Tlaxcala. Nadie le creía que su casa estaba a medio recoger mientras ella se entregaba a las obras pías, pero todo el mundo la oía hablar como si vendiera la verdad en paquetes.
Читать дальшеИнтервал:
Закладка:
Похожие книги на «Arráncame La Vida»
Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Arráncame La Vida» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.
Обсуждение, отзывы о книге «Arráncame La Vida» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.