REFLEXIÓN
Este proceso mental parece complicado y suena muy tardado, aquí está explicado con mucho detalle y parece que lleva semanas o años, pero no es así. El proceso en sí es muy rápido, el cambio puede llevar semanas o años si no practicas. Es como poner un guardia de seguridad en tu mente, viene un pensamiento que nos molesta y lo detenemos: ¿Ey, a dónde vas?, le pedimos su identificación, si no lo conocemos lo metemos al banquillo de los acusados y le hacemos preguntas: ¿por qué me molestas?, ¿quién te puso ahí en mi mente? Esto suena a broma, pero es real.
¿No les ha pasado que quieren hacer algo, pero piensan que sus papás, pareja, maestro o quien sea se van a molestar, decepcionar, etc.? Eso quiere decir que ahí tu conducta está condicionada por un pensamiento insertado. Ahora, ¿quiero hacerlo por rebelde? ¿O porque es mi sueño? O que alguien te pregunta: «¿Y por qué no lo haces?», y tú respondes: «Es muy difícil» o «es que somos pobres» o «es que en mi familia no es bien visto». Todas esas respuestas fueron insertadas en tu crecimiento y no son tuyas en realidad, así que eso no significa que no se puede, ¡sí se puede si tú lo deseas y crees en ello. Inténtalo, no importa lo que nadie más piense!
Cuando sientas que algo no tiene sentido o algo no concuerda con tu forma de ver la vida o con tus sentimientos… ¡cuestiónalo! No te quedes viendo, ten la fuerza de levantar tu voz y exponer tu forma de ver las cosas y hacer lo que sientas que es correcto, claro sin declarar la guerra, ni agredir a nadie. No hablo de violencia, hablo de buscar nuestro camino y darnos cuenta de si lo que pensamos es generado por nosotros o por alguien más.
¿Has dejado de hacer algo porque le va a molestar a alguien?, ¿lo hablaste con esa persona antes de decidir no hacerlo?, ¿te identificas con todas las enseñanzas de tus padres y maestros?, ¿no? Háblalo con ellos, pregunta por qué te enseñaron algo que no concuerda contigo hoy. Seguramente fue algo que pasó hace muchos años y que en esa época era lo correcto, pero hasta ellos muchas veces cambian su pensamiento. Te sorprenderían las respuestas y verás que muchas veces esos aprendizajes solo son fantasmas que rondan por tu mente y que es hora de decirles adiós.
CAPÍTULO VI
PRESENTE, PASADO Y FUTURO
Hay una antigua historia. En los días de los Upanishads había un gran rey, Yayati. Le llegó la hora de la muerte. Tenía cien años. Cuando la muerte llegó, empezó a sollozar y a llorar y a gemir. La muerte le dijo: «Esto no encaja contigo. Un gran emperador, un hombre valeroso, ¿qué estás haciendo? ¿Por qué lloras y gimes como un niño? ¿Por qué tiemblas como una hoja al viento? ¿Qué te ha sucedido?». Yayati dijo: «Tú has llegado y yo aún no he sido capaz de vivir. Por favor, dame un poco más de tiempo para que pueda vivir. He hecho muchas cosas, he luchado en muchas guerras, he acumulado mucha riqueza, he construido un gran imperio, he incrementado en mucho la fortuna de mi padre, pero no he vivido. En realidad, no me quedó tiempo para vivir... y tú has llegado.
No, es injusto. ¡Dame un poco más de tiempo!». La muerte le dijo: «Pero me he de llevar a alguien. De acuerdo, hagamos un pacto: si uno de tus hijos está dispuesto a morir por ti, me lo llevaré».
Yayati tenía cien hijos, miles de esposas. Llamó a sus hijos y les preguntó. Los más viejos no le quisieron escuchar. Se habían vuelto astutos y se encontraban en la misma trampa. Uno, el mayor, tenía setenta años. Le dijo: «Pero yo tampoco he vivido. ¿Y qué hay de mí? Al menos tú ya has vivido cien años; yo he vivido solo setenta; debería tener otra oportunidad».
El más joven, que solamente tenía dieciséis o diecisiete, se acercó, tocó los pies de su padre y le dijo: «Yo estoy dispuesto». Incluso la muerte sintió compasión por el chico. La muerte sabía que él era inocente, que no estaba versado en los caminos del mundo, que no sabía lo que estaba haciendo. La muerte susurró al oído del niño: «¿Qué haces? ¡Estúpido! Mira a tu padre. Tiene cien años y no está dispuesto a morir. ¡Y tú tienes solo diecisiete! ¡No sabes lo que es la vida!». El chico insistió: «¡Se acabó la vida! Mi padre ha llegado a los cien y todavía cree que no ha sido capaz de vivir, de modo que ¿para qué? Incluso aunque viviera cien años, sería lo mismo: es mejor dejarle vivir mi vida. Si él no ha sabido vivir en cien años, entonces todo este asunto es una tontería».
El hijo murió y el padre vivió cien años más. De nuevo, la muerte llamó a su puerta y de nuevo él empezó a llorar y a gemir. Dijo: «Me olvidé por completo. De nuevo empecé a acumular más riqueza, a expandir mi reino; y los cien años han pasado como en un sueño. Tú estás aquí de nuevo y aún no he vivido».
Pasaron mil años y llegó la muerte. Yayati estaba temblando, llorando y gimiendo. La muerte le dijo: «Ya es demasiado. Has vivido mil años y todavía dices que no has sido capaz de vivir». Yayati le dijo: «¿Cómo puede uno vivir en el aquí y ahora? Siempre estoy posponiendo: mañana y mañana. ¿Y mañana? Y de repente tú estás aquí».
El posponer la vida es el único pecado al que yo llamo pecado. No la pospongas. Si quieres vivir, vive aquí y ahora. Olvídate del pasado, olvídate del futuro: este es el único instante, este es el único momento existencial. Vívelo. Una vez que pase, no podrás recuperarlo, no podrás reclamarlo.
Si empiezas a vivir en el presente, dejarás de pensar en el futuro y no te aferrarás a la vida. Cuando vives, cuando conoces lo que es la vida, te encuentras satisfecho, saciado; tu ser, al completo, se siente dichoso. No hay necesidad de ninguna compensación. No hay necesidad de que la muerte venga al cabo de cien años y te vea temblando y llorando y gimiendo. Si la muerte llega ahora mismo, estarás dispuesto; habrás vivido, disfrutado, celebrado. Un solo instante de estar realmente vivo es suficiente; mil años de una vida irreal no son suficientes. Mil años o un millón de años de una vida que no haya sido vivida no son nada; y yo te digo que un solo instante de una experiencia vivida es una eternidad en sí misma. Estás más allá del tiempo; tocas el alma misma de la vida. Y entonces no hay muerte, ni preocupación, ni apego. Puedes abandonar la vida en cualquier instante y sabes que no dejas nada. La has disfrutado plenamente, al límite. Estás rebosante de ella; estás dispuesto.
Un hombre que está dispuesto a morir sintiéndose alegre es un hombre que realmente ha vivido. El aferrarse a la vida revela que no has sido capaz de vivir. Abrazar la muerte como parte de la vida revela que has vivido como debías. Te sientes satisfecho.
Fragmento tomado de Osho, Yoga: La Ciencia del Alma, Vol. IV
Esta historia contada por Osho en alguno de sus libros nos relata claramente lo que hacemos todos los seres humanos a los que se nos ha regalado la oportunidad de vivir, vivimos anclados al pasado o en un mundo ilusorio y falso que es el futuro, mientras el presente pasa, el tiempo pasa y cuando nos damos cuenta la vida se nos pasó de largo.
Cuando no vivimos el presente con consciencia e intensidad siempre tendremos un pasado lleno de remordimientos y sueños inconclusos y siempre estaremos esperando algo que llegará en el «futuro», ya que estamos insatisfechos con lo que somos ahora.
El hecho de vivir el presente de estar presentes en cada momento de nuestra vida nos irá creando recuerdos o un «pasado» armonioso al cual solo regresaremos para recordar una experiencia previa que nos dio un aprendizaje feliz o doloroso, para repetir lo que nos funcionó y evitar lo que nos falló y vivir nuestro presente más asertivamente. Pero volver al pasado solo será cuando nosotros lo decidamos, como un archivo al que consultaremos cuando necesitemos tomar una decisión. El pasado no es un lugar en el que debamos estar anclados viviendo ausentes nuestro presente.
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