Esto pasó a lo largo de cierto tiempo durante nuestra vida y exactamente de la misma forma podemos revertirlo e insertar un nuevo pensamiento que lo sustituya y nos saque esa idea errónea.
Aquí empieza el proceso del cambio. El primer paso para cambiar un pensamiento, para desprogramarnos de una conducta aprendida sin darnos cuenta es hacerlo consciente.
La consciencia es darnos cuenta, aceptar y abrazar nuestra existencia en este planeta. Estar conscientes es estar atentos y abiertos, sentir la conexión con todo lo que nos rodea. Hacer un pensamiento consiente es darnos cuenta que lo estamos pensando y analizar qué sentimientos o emociones nos produce y aceptar qué es bueno o qué nos hace daño. Después de un análisis interno podemos encontrar esas cosas que nos hacen daño o que nos impiden ser felices. Muchas veces no es necesario indagar mucho en nuestro interior, ya que seguramente sabemos qué está mal y solo lo estamos evadiendo, aquí comienza la etapa de desfragmentación de un pensamiento.
Nos llega un pensamiento a la cabeza y nos pone inquietos, intranquilos y no nos deja concentrar ni estar en paz. De cierta forma lo ignoramos durante el día, buscando distracciones y ocupaciones que solo hacen que nuestra atención se disperse y lo único que estamos haciendo es evadirnos, pero el pensamiento sigue ahí. En la noche, en silencio llega a nosotros, nos atormenta y lo que acaba pasando es que lo metemos al subconsciente durante el sueño y pasamos una mala noche. Si no le damos un momento de «meditación» y no nos detenemos por lo menos unos minutos a analizar qué está pasando en nuestra mente y en nuestro cuerpo gracias a estos pensamientos nos atacarán como fantasmas por la noche o cuando estemos solos.
Cuando un pensamiento de esta naturaleza llega a nuestra mente y sentimos que nos produce una sensación negativa, el primer paso es detenernos un momento, detener el pensamiento, agarrarlo como si fuera un objeto y preguntarnos: ¿por qué lo estoy pensando?, ¿por qué estoy sintiendo esto?, identificarlo y hacerlo consciente.
Ya que lo tenemos agarrado y controlado lo comenzamos a desfragmentar, es decir, a separarlo en distintos pensamientos más pequeños, comenzar a ver cuáles son las partes buenas de la situación y cuáles las malas, y sobre todo sustituirlo por un pensamiento opuesto y positivo. Al hacer esto comenzamos a reducir el estrés y nos quitamos una venda de la mente que nubla nuestro pensamiento y lo obliga a generar este pensamiento. Una vez en calma, comenzamos a notar que el problema ya no es tan grave como antes y que comienza a tener una salida.
Desfragmentar, básicamente, significa quitarle al pensamiento toda la basura, el drama y la actitud de víctima que solemos añadirle gracias a nuestra naturaleza humana, ya que buscamos empatía o lástima de las demás personas para ver si encontramos una solución fácil y rápida al problema, y eso nos hace ver como una persona débil. Al notar que la solución no nos la dará nadie y comenzamos a quitarle toda esa basura al pensamiento, el problema queda solo e indefenso ante nuestra mente y nos damos cuenta de que podemos solucionarlo o, por lo menos, comenzar a buscar una solución en el momento que lo decidamos. Esto significa que estamos dejando de identificarnos con el problema.
En el diccionario hay una definición de la palabra «identificación» que me parece relevante rescatar: «Mecanismo por el que el individuo tiende a adoptar características que pertenecen a otra persona o grupo». Cuando una persona nos inspira un comportamiento o pensamiento y comenzamos a imitarlo decimos que nos estamos identificando con ella.
En palabras de Sigmund Freud la identificación es: «el proceso psicológico mediante el cual un sujeto asimila un aspecto, una propiedad, un atributo de otro y se transforma, total o parcialmente». Este proceso lo vivimos a lo largo de todo nuestro crecimiento y educación, y comenzamos a formar nuestro carácter a base de identificarnos con ciertos patrones que nos van insertando, ya que así lo aprendieron nuestros padres, maestros y la sociedad en general, pero los tiempos van evolucionando y nosotros vamos creciendo y tomando consciencia de nuestro entorno y ciertos patrones empiezan a no encajar en nuestra vida.
Así como nos identificamos con las costumbres de nuestros padres, de nuestra sociedad y con ciertas personas que nos hacen sentir bien, también nos identificamos con nuestros pensamientos, aún si estos no son favorables ni positivos.
Tal vez estamos viviendo una situación desfavorable y generamos un pensamiento negativo o destructivo, pero lo justificamos diciendo que nos pasa eso porque «nos lo merecemos» o porque «estamos pagando una mala acción», o tal vez porque «no tenemos suerte», o frases como «a la gente como nosotros no nos pasan esas cosas». Eso quiere decir que te estás identificado con tus pensamientos generados por tus costumbres y tu educación.
Muchas veces, nuestro problema no es tan grande pero los pensamientos periféricos generados alrededor de este problema son más graves que el problema mismo. Así que para poder encontrar una solución y cambiar nuestra perspectiva hacia el problema debemos primero eliminar estos pensamientos periféricos que solo se consideran como basura mental.
Dejar de identificarse con un pensamiento es agarrarlo y ponerlo en perspectiva, es decir, intentar verlo desde afuera, sin involucrar sentimientos, emociones ni nada que afecte su verdadera naturaleza. Para eso sirve, en ocasiones, hablarlo con alguien y pedirle su opinión, esto nos ayudará a ver que hay otras formas de ver el mismo problema, y la mejor de todas, repito, es escribir estos pensamientos en un cuaderno, sacarlos del sistema y leerlos en otra ocasión cuando no estemos tan afectados y así nos daremos cuenta de que no son tan graves o de que definitivamente no nos pertenecen y podremos, al fin, eliminarlos.
Una vez que los reconocemos, los detenemos, los sustituimos, los desfragmentamos y nos dejamos de identificar con ellos podemos comenzar el proceso de eliminación.
Este proceso requiere de voluntad y de esfuerzo, pero se puede lograr en menos de lo que piensas. Si haces esto con cualquier pensamiento negativo por mínimo que sea y lo practicas a diario, te convertirás en un experto y será más difícil que estos pensamientos ensucien tu mente, y tus «problemas» irán desapareciendo poco a poco.
Este proceso de desprogramación mental es muy efectivo y te ayudará a tomar las cosas con más calma y a enfrentar la vida con más valentía y sin miedos. Estos procesos se irán dando naturalmente con la práctica y muchas veces sin pensar mucho, solo tienes que sentarte por unos minutos a meditarlos.
RESUMEN
1. Al crecer vamos adoptando pensamientos, costumbres y limitaciones mentales que «aprendimos» del exterior, pero que al llegar a cierta edad no concuerdan con nuestro pensamiento: esto es programación mental, pensamientos insertados del exterior, no generados por mí.
2. El primer paso para cambiar un pensamiento, para desprogramarnos de una conducta aprendida sin darnos cuenta es hacerlo consciente. Hacer un pensamiento consiente es darnos cuenta de que lo estamos pensando y analizar qué sentimientos o emociones nos produce y aceptar qué es bueno o qué nos hace daño.
3. Identificación: mecanismo por el que el individuo tiende a adoptar características que pertenecen a otra persona o grupo.
4. Dejar de identificarse con un pensamiento es agarrarlo y ponerlo en perspectiva, es decir, intentar verlo desde afuera, sin involucrar sentimientos, emociones ni nada que afecte su verdadera naturaleza.
5. Una vez que los reconocemos los pensamientos negativos o que no nos pertenecen, los detenemos, los sustituimos, los desfragmentamos y nos dejamos de identificar con ellos podemos comenzar el proceso de eliminación.
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