En la fase de producción intervienen distintos aspectos como la memoria que se utiliza para rescatar los recursos que estén a nuestro alcance para llegar a una solución eventual.
En la última fase de enjuiciamiento, la mente evalúa la solución generada anteriormente comparándola con nuestra experiencia para, finalmente, darla como buena o no.
Comprender esto como una regla o como algo que siempre funciona es complejo, ya que cada uno de nosotros es diferente y también es necesario conocernos, en esto también intervienen cambios bioquímicos y físicos de cada uno, así como psicológicos entre los que se encuentran los pensamientos, emociones y experiencias personales, así que la solución en cada uno puede ser distinta ante el mismo tipo de problema.
A este proceso se pueden unir otros aspectos externos como hablar con personas que pasaron por algo similar para entender cómo ellos solucionaron su problema, leer libros con historias similares que nos inspiren a realizar un cambio, que, aunque nunca serán la solución, pueden ayudar a remover pensamientos estancados o a recordar que siempre hemos salido triunfantes, que nada es permanente y que todo tiene solución menos la muerte.
Habiendo analizado de una manera más científica todo lo que hace nuestra mente al solucionar un problema, parece prácticamente imposible de lograr si, además, vivimos en un ambiente hostil, lleno de ruido y estímulos agresivos, lo que nos causa estrés y bloqueos mentales, y nos hace buscar actividades evasivas y hábitos destructivos, y nos aleja cada día más de encontrar una solución verdadera a nuestro problema.
Es por eso que la meditación te da un espacio en silencio dentro de ti para lograr calmar tu mente. Una vez en calma, tu mente te guiará hasta ese momento, experiencia que te ayudará a cambiar tu forma de ver el problema y a encontrar la solución. Es por eso que controlar tus pensamientos es de vital importancia, ya que puedes sustituirlos por otros más constructivos y eliminar los que no te permitan avanzar.
Controlar tu mente, tus pensamientos te hará dueño de tu vida, te hará dueño de cualquier situación, de cualquier problema, podrás ver todo con más claridad y podrás vivir en paz ya que tú decides qué es lo que piensas.
REFLEXIÓN Y PRÁCTICA
La mente en blanco es una mente controlada, una mente con pensamientos controlados, es decir, una mente libre de pensamientos tóxicos, dañinos o inservibles. Antes de practicar la meditación o si ya comenzaste a dedicar algunos minutos a ella puedes hacer algún ejercicio de control mental durante el día o durante tu práctica para concentrar tu atención al momento presente y no a tus pendientes, preocupaciones o problemas.
Dedica veinte segundos al día a practicar el siguiente ejercicio, si lo haces en este momento mejor. Vamos a contar del 1 al 20 junto a nuestra respiración. Inhalo profundo y al exhalar cuento 1, inhalo profundo y al exhalar cuento 2, inhalo profundo y al exhalar cuento 3, y así hasta el 20. El reto es llegar al 20 sin haber tenido algún pensamiento rebelde que nos distrajo y nos sacó de la cuenta. Si de pronto te descubres pensando en la ropa que hay que lavar, en tus deudas o en cualquier otra cosa, detén el pensamiento y vuelve a empezar. Si ves que algún pensamiento quiere entrar déjalo pasar y sigue tu cuenta.
Tú decides lo que pasa por tu mente y este ejercicio es como ir al gimnasio de la mente y entrenar. ¡Las primeras veces no llegaba ni al 10! ¡Vamos, hazlo ahora, es muy divertido!
En mi página puedes encontrar audios para meditar y entrenar a tu mente.
CAPÍTULO V
DESPROGRAMACIÓN MENTAL
Había una vez dos niños que patinaban sobre una laguna helada. Era una tarde nublada y fría, pero los niños jugaban sin preocupación. De pronto, el hielo se reventó y uno de los niños cayó al agua quedando atrapado. El otro niño, viendo que su amigo se ahogaba bajo el hielo, tomó una piedra y empezó a golpear con todas sus fuerzas hasta que logró romper la helada capa, agarró a su amigo y lo salvó.
Cuando llegaron los bomberos y vieron lo que había sucedido, se preguntaban cómo lo hizo, pues el hielo era muy grueso.
—Es imposible que lo haya podido romper con esa piedra y sus manos tan pequeñas —afirmaron.
En ese instante apareció un anciano y dijo:
—Yo sé cómo lo hizo.
—¿Cómo? —preguntó alguien.
—No había nadie a su alrededor para decirle que era imposible.
Detrás de esta historia hay una gran verdad. ¿Cuántas veces hemos dejado de hacer algo solo porque nos han dicho que es imposible? ¿Quién dicta la barrera entre lo imposible y lo posible? Solo porque alguien lo intentó y no pudo lograrlo no quiere decir que no es posible.
A lo largo de los años la sociedad, nuestros padres, nuestras frustraciones nos llevan a ponernos límites mentales que nos van programando a una vida insatisfecha, reprimida y llena de arrepentimientos porque no hicimos tal o cual cosa. Lo peor de todo es que es una costumbre o pensamiento que se va pasando de generación en generación convirtiéndose, así, en una tradición familiar. ¿Cuántas veces no han escuchado: «En esta familia no se hace eso o tal cosa, nadie lo ha logrado, ¿por qué tu sí?», «Esa carrera o meta es prácticamente imposible, no pierdas tu tiempo», «El amor verdadero solo pasa en las películas y la más terrible de todas: la felicidad total no existe o solo es para la gente con dinero». ¿Les suena familiar? Desgraciadamente, hemos escuchado por lo menos un par de estos comentarios salir de la gente que nos educa o nos rodea y crecemos programados a limitar nuestros sueños y nuestra mente.
Esto no solo se aplica para las grandes proezas y no solo viene del exterior, hay gente que se autoprograma al fracaso, que se mete la idea de que no puede conducir un auto porque hay muchos accidentes y muertes, y nunca lo intenta o escuchó que a cierta edad ya no se puede aprender un idioma o instrumento y entonces se resigna a nunca intentarlo ya que se programa a no lograrlo. Los límites te los pones tú mismo, aunque alguien te diga que no se puede, depende de ti demostrarte que sí se puede o experimentar por ti mismo cuán difícil es o no tu meta.
Este es otro proceso de tu mente que debes conocer, aceptar y cambiar. Muchas veces «meditamos» y nos desesperamos ya que no logramos esa «felicidad» o «paz mental» que nos promete la meditación. Podría ser que desde antes de empezar a meditar estés programado a no lograrlo. La meditación te aquieta la mente y te ayuda a escucharte, pero requiere de un gran trabajo personal saber para qué la utilizo y qué aspectos de mi vida me puede ayudar a cambiar.
La meditación no es magia, es un intercambio de energía y sabiduría contigo mismo y con el universo. Para recibir los beneficios debes dar algo a cambio, debes ceder ante tu ego. Si estás leyendo este libro es un gran paso, ya que estás aceptando que quieres hacer un cambio en ti, que quieres conectarte con tu ser interior, y que estás dispuesto a ceder y a aceptar que debes realizar algunos ajustes en tu vida y en tu mente para poder encontrar tu lugar en este mundo y la anhelada paz interior.
Este es otro aspecto que debes tener en cuenta y que debes analizar antes de sentarte a meditar: ¿qué es lo que estoy dispuesto a ceder?, ¿qué es lo que me molesta?, ¿qué cosas quiero hacer que no he hecho porque me han programado a ello? Es necesario tener claras estas respuestas para que la mente se enfoque en encontrar las soluciones y los medios para lograr quitarte el velo y alcanzar lo imposible, para esto hay que desprogramar a la mente.
Este proceso no es tan fácil, pero claramente NO ES IMPOSIBLE.
Cuando hablo de este proceso comienzo diciendo que la mente está intoxicada, como cuando uno toma alcohol o alguien adicto a las drogas no puede controlar su cuerpo, se dice que está bajo los efectos de esto o aquello, es decir, no existe el autocontrol. Pierdes la consciencia de tus acciones y movimientos, y estás a la deriva, sin rumbo y sujeto a lo que pase a tu alrededor. Eso es lo que le pasa a la mente, se nos dice algo tan repetidamente que comenzamos a creerlo hasta convertirlo en realidad, lo volvemos parte de nuestra vida diaria y llega un punto que ya ni siquiera lo pensamos, está ahí dentro de nosotros y se ha arraigado en nuestros más profundos pensamientos. Lo más terrible es que ya ni lo cuestionamos, está aceptado y caemos en la resignación y de pronto estamos controlados por un agente externo, ya que no es un pensamiento propio, es un pensamiento insertado.
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