Andrés Botero - Positivismos jurídicos (1800-1950)

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Positivismos jurídicos (1800-1950): краткое содержание, описание и аннотация

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Positivismos jurídicos (1800-1950). Estudio general de las escuelas y los movimientos iuspositivistas de la época es un libro de carácter pedagógico, que pretende ofrecer otra posibilidad de compresión del texto académico. Así, más allá de comunicarse con el lector especializado, este libro busca acercarse a un público amplio, que reúne a juristas, filósofos, historiadores, profesores y estudiantes, en torno al estudio de algunas escuelas y corrientes que se desarrollaron durante el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX en Occidente, bajo la influencia del positivismo como movimiento iusfilosófico.A partir de esta premisa, su autor presenta, mediante un lenguaje amable, pero no por ello descuidado, sino preciso y detallado, una revisión de la historia y de los principios que sustentaron el desarrollo de la exégesis, las escuelas de jurisprudencia alemanas, la reacción antiformalista en Francia, la jurisprudencia analítica, el marxismo jurídico, la teoría crítica, la teoría pura del derecho, el institucionalismo, el realismo estadounidense y el realismo escandinavo, entre los movimientos iusfilosóficos más importantes.Esta es una obra interdisciplinar y sensata, que comprende el derecho como un objeto sociocultural y, por tanto, histórico, a la vez que anima al lector a realizar un estudio profundo del tema por medio de la información suministrada en las notas de pie de página, sin dejar de advertirle sobre la imposibilidad de abarcarlo en su totalidad y sobre los riesgos que supone asumir posturas simplistas y radicales al momento de abordarlo.

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13Véase BOTERO Darío. “Propuesta de una teoría social del derecho”. En Teoría social del derecho. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, 1993, págs. 47-53.

14Sobre la recepción hegeliana, véase MESA Darío y otros. Estado, derecho, sociedad. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, 1993.

Introducción

§1. Escribiremos un texto generalista, de estilo pedagógico, incluso. Y no crea, amable lector, que esto es una tarea fácil. Por el contrario –y todo aquel que escribió algo así sabrá a lo que nos referimos–, no hay cosa más difícil, ya que con este libro deseamos transmitir, en pocas páginas, toneladas de información que ha sido decantada durante años por manos más expertas en dosis personales, minúsculas, más o menos de fácil entendimiento. Entonces, es esta doble perspectiva, la del experto y la del lego, la que hace que escribir este tipo de textos sea de lo más difícil de hacer si se quiere escribir con seriedad. Se trata, en otras palabras, de intentar escribir para abogados, docentes y estudiantes, sabiendo que los ojos del experto están atentos a cuanto se escribe15. No en vano sugirió Ludwig [1881-1948]16 que un buen texto es aquel que se escribe pensando tanto en el principiante como en el más ávido e informado de los lectores, pero, justo por eso, por la dificultad que esto entraña, los buenos textos en el ámbito de la enseñanza suelen ser pocos.

No obstante, aceptamos el reto, no solo como forma de atender la generosa invitación de los queridos amigos organizadores y auspiciadores de esta empresa, sino también, y muy especialmente, por un deber que creemos que recae sobre todo investigador: la divulgación del conocimiento más allá del ámbito experto. En otras palabras, el investigador no solo tiene la tarea de imaginar nuevos mundos de sentido sobre su fenómeno particularísimo de estudio, sino que también debe transmitirlos adecuada y claramente a un público amplio, que, en este caso, abarca a los abogados, profesores y estudiantes. Como bien dijo Ortega y Gasset [1883-1955]:

Siempre he creído que la claridad es la cortesía del filósofo… Pienso que el filósofo tiene que extremar para sí propio el rigor metódico cuando investiga y persigue sus verdades, pero que al emitirlas y enunciarlas debe huir del cínico uso con que algunos hombres de ciencia se complacen, como Hércules de feria, en ostentar ante el público los bíceps de su tecnicismo17*.

Entonces, saber comunicarse, transmitir y enseñar ante legos y estudiantes en temas tan áridos debe ser un compromiso pedagógico del investigador, en este caso del iushistoriador de la iusfilosofía, compromiso que bien cabe en su calidad, antes que nada, de profesor. Por eso no podemos rechazar como medio de expresión académica al texto pedagógico o generalista.

§2. Ahora, para poder abarcar en pocas páginas la historia del positivismo como movimiento iusfilosófico (es decir, sin referirnos al positivismo filosófico de Comte [1798-1857], ni al positivismo científico, que si bien se relacionan con nuestro objeto de estudio, en especial con el rechazo a una metafísica previa, se trata de dominios que no pueden, sin embargo, igualarse18), solo podremos recurrir, por supuesto, a generalidades. No obstante, como sucede con cualquier observación más minuciosa, todo tiene matices y excepciones que no deben ser obviados por y para el especialista19, lo que exigirá, para quien desee alejarse de los tópicos comunes y asumir este viaje con mayor detenimiento, ahondar en los comentarios y en la bibliografía que iremos exponiendo a lo largo del texto en las notas de pie de página (en adelante, señalada cada una como nota), las cuales tienen un claro objetivo que bien indica Schauer:

La academia es una empresa colectiva y los trabajos académicos con pocas referencias tienden a exagerar la novedad de las contribuciones del autor, ignoran la extensión de lo que la obra construye en relación con lo que ha sido hecho por otros, y proveen escasa asistencia al lector que busca una guía instruida hacia otros escritos y hacia el lugar actual de la obra en el medio académico pertinente. De acuerdo con esto, creo que es mejor proveer demasiadas referencias a muy pocas. Si estas referencias pueden brindar asistencia bibliográfica al lector que busca indicaciones hacia otro trabajo, esto será una valiosa labor. Si ellas pueden aclarar que mis contribuciones se construyen sobre las de otros y que están situadas dentro de una comunidad académica más grande, esta será aún más valiosa20.

En otras palabras, y haciéndonos cargo de una metáfora muy recurrente, hay quienes en un viaje de placer (como lo es conocer la historia de la iusfilosofía) se contentarán con conocer los sitios comunes, los monumentos que, por ser tales, le permiten decir al buen turista que “aquí estuve”, “por aquí pasé”; pero no faltará quien desee ir más allá para lograr que un viaje se convierta en una vivencia única y completa, y justo en eso, en la vivencia, es que García Morente [1886-1942] afincó el conocimiento de la filosofía, puesto que solo sabe algo de la filosofía quien ha decidido asumirla como una vivencia, fruto de viajes, cada vez más detallados, por sus relieves, por su historia21. Por eso la importancia de las notas de pie de página (o nota). Entonces, bien puede decirse que en nuestro escrito hay dos rutas a seguir: las generalidades del texto principal, propias para quien está de paso; y la bibliografía y los comentarios en las notas, que permitirán vivencias más detalladas para quien desee afincarse en la iusfilosofía, matizando esos mismos juicios generales, que, de otra manera, fácilmente podrían caer en el absolutismo dogmático, propio del anacronismo22.

§3. Otro aspecto tiene que ver con el ámbito de circulación del presente escrito. Atendiendo, pues, la intención pedagógica que lo sustenta, hemos preferido citar, hasta donde nos sea posible, trabajos en español, para facilitar la labor de búsqueda del lector hispanoamericano, especialmente del estudiante y del profesor de jurisprudencia, si estos desean hacer de la iusfilosofía algo más que la observación de vastos panoramas.

También tenemos que aclarar desde el inicio, y que seguro un buen lector ya se habrá percatado, que a lo largo del texto usaremos la primera persona del plural. Esto es algo consciente, primero, porque no creemos, y de hecho no es posible pretender en la actualidad, que el conocimiento se gesta en la soledad, sino que, por el contrario, surge de redes, ya sea de conversaciones con colegas, trabajos con equipos de investigación, lecturas de autores (vivos o muertos) que dejaron sus voces en sus letras, etc. Escribir en primera persona del plural es una forma de recordar que, antes que nada, la academia es un ejercicio comunitario (nota 6). En segundo lugar, porque este texto en concreto ha pasado por varios ojos, lo que hace que no sean solo mis pensamientos y mis palabras los que aquí se reflejan. Es, entonces, un acto de honestidad intelectual reconocer que este escrito recoge ideas y pensamientos de varias procedencias que el autor ha sistematizado. En tercer lugar, porque es mucho más amable con el lector esta persona gramatical, puesto que lo incluye, como debe ser, en un viaje, panorámico o vivencial, como el que ahora se brindará.

§4. Sobre los convencionalismos al momento de escribir, hemos intentando establecerlos siempre pensando en el lector. Por ejemplo, al referirnos a una escuela o movimiento que explicamos expresamente en el texto, lo hemos puesto en VERSALITAS, y la primera vez que se menciona un autor en el texto principal (no tanto en las notas de pie de página) señalamos su año de nacimiento y muerte, si es el caso, entre corchetes, para una mejor contextualización temporal por parte del lector. En cursiva pondremos los extrajerismos y los conceptos que consideramos claves. Igualmente, cuando el lector encuentre el símbolo de parágrafo (§) en una frase o al finalizar un párrafo, seguido de un número, es una invitación para que revise ese parágrafo en específico. También, si el lector observa la palabra nota, seguida de un número, se trata de un llamado al lector para que consulte esa nota de pie de página en concreto. Además, para evitar confusiones gramaticales que pueden afectar el sentido y la pertinencia de las ideas de diferentes autores, hemos optado por exponer estas ideas en pasado, pero si tienen alguna relevancia para explicar el derecho contemporáneo, usaremos el presente.

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