Nuestra pretensión, si este libro arriba a buen puerto, es, por otra parte, la de establecer una serie literaria ensayística. A esta obra le sucederán otras, compuestas bajo el mismo título. Reuniremos allí, a su tiempo, ensayos alusivos ya no a la literatura hispanoamericana, como es el caso de esta primera entrega, sino a literaturas provenientes de otras latitudes, cuidándonos siempre de guardar un criterio de unidad, tanto en lo concerniente a las temáticas como al estilo de composición.
Concluyo apropiándome de un segmento de la nota introductoria que Montaigne apuntó, quizás como una premonición de las batallas que había de librar el ensayo, en la edición del primer tomo de su obra cumbre: «Voici un livre de bonne foi, lecteur»; o, dicho ahora en castellano: «He aquí un libro de buena fe, lector».
Hugo Armando Arciniegas
1Véanse, por ejemplo, autores como Liliana Weinberg, María Elena Arenas Cruz, Jaime Alberto Vélez, Pedro Aullón de Haro o Efrén Giraldo.
2Valga como ejemplo el notable ensayo hispanoamericano del siglo xx, con autores como Reyes, Paz, Arciniegas, Mariátegui, Martínez Estrada, Henríquez Ureña y Ortiz, entre otros
El ensayo literario y la palabra ajena: cuestiones desde el enfoque dialógico de Valentín Volóshinov
Giohanny Olave
Universidad Industrial de Santander
Un sacerdote védico y un filólogo-lingüista contemporáneo, al reflexionar sobre el lenguaje, se encuentran fascinados y esclavizados por un mismo fenómeno: el de la palabra ajena.
Valentín Volóshinov
«Fascinados y esclavizados»: así nos encontramos frente a la voz del otro. La palabra del desconocido que nos es extraño, pero que no podemos dejar de escuchar y de leer con los ojos muy abiertos. Recuperaré algunas ideas del filósofo soviético Valentín Volóshinov (1895-1936), para comentar el esquivo género del ensayo literario. No tengo ninguna intención de originalidad. Me mueve, mejor, una mirada personal sobre el ensayo en cuyo núcleo duro veo desnuda la bivocalización o doble articulación de la palabra, esto es, el problema de la voz ajena: el discurso sobre el discurso del otro. Mi objetivo es trasladarle al ensayista literario algunas preguntas que Volóshinov sugiere desde su concepción particular del signo y de la dialogía como condición de la significación humana.
Pero advierto que estas cuestiones no son exclusivas del ensayo literario, pues el problema de la palabra ajena es común a la multiplicidad de los géneros discursivos. Mi argumento no es el de la exclusividad, sino el de la iluminación de una ruta oscura a lo largo de la cual el ensayo literario camina, a veces, a tropezones, en contraste con géneros académicos mucho más estabilizados.
Antes, resulta necesaria una vindicación y una trama detectivesca. Apenas hasta finales del siglo pasado (Matejka, 1996), y con mayor claridad en la primera década del actual (Bronckart y Bota, 2010, 2011; Ivanova, 2010[2003]; Sériot, 2007), se ha empezado a reconocer la independencia intelectual de Valentín Volóshinov con respecto a la figura maximizada y mucho más popular de Mijaíl Bajtín (1895-1975). Volóshinov fue casi borrado del interesante panorama de la filosofía del lenguaje soviética y de la perspectiva dialógica de la comunicación humana. Prestigiosos analistas de este enfoque, como Roman Jakobson (1973), Tzvetan Todorov (2013[1981]), Augusto Ponzio (1998) y, en nuestro ámbito más cercano, Iris Zavala (1996), redujeron la figura de Volóshinov a la del simple firmante o testaferro literario de Bajtín. Perseguido por el régimen estalinista, debido a su activismo cristiano, se habría exiliado y protegido detrás del nombre autorial de Volóshinov y del menos conocido de Pável Medvédev (1892-1938[?]), para retornar e incorporarse al sistema soviético en la década del 30. Desde mediados del 60, en plena decadencia del estalinismo, los promotores moscovitas habrían utilizado la figura de Bajtín para fines propagandísticos del régimen. Así, es probable que la tradición del denominado “Círculo de Bajtín” (filósofos del lenguaje marxistas que serían discípulos del maestro Bajtín) sea una invención a su favor para borrar un caso sorprendente de plagio3.
Más allá de esta polémica, no es difícil reconocer que la perspectiva dialógica es una elaboración de Volóshinov4 que Bajtín retoma –y reorienta– posteriormente. Para ganar en precisión, podríamos diferenciar la dialogía del dialogismo, asociando la primera con la cualidad o condición del diálogo (dialog-ía) y la segunda con el sistema o doctrina del diálogo (dialog-ismo). Por su carácter teórico inacabado y por ser un término mucho menos canónico o sobreexpuesto, convendría hablar de dialogía en Volóshinov y, en contraste, de dialogismo en Bajtín, sin negar, por supuesto, sus numerosos puntos de encuentro5.
La pregunta por el papel de la interacción humana (el componente sociohistórico) en la construcción de significados lleva a Volóshinov muy tempranamente a presentar el diálogo como la modalidad más importante de la interacción verbal. A partir de ese foco, el filósofo soviético avanza hacia una concepción ampliada del diálogo como principio constituyente del enunciado en todo acto comunicativo, no solo en el conversacional: «El diálogo puede ser comprendido extensivamente, no solamente como la comunicación verbal directa y oral de las personas presentes, sino como toda comunicación discursiva» (Volóshinov, 2009[1929]:152). Es la condición de la dialogía, por medio de la cual toda
[…] actuación discursiva participa en una discusión ideológica a gran escala: responde a algo, algo rechaza, algo está afirmando, anticipa las posibles respuestas y refutaciones, busca apoyo, etcétera. Todo enunciado, por más terminado e importante que fuese en sí mismo, es tan solo un momento en la comunicación discursiva continua. (p. 152)
El efecto de esa continuidad constitutiva del enunciado es la imposibilidad de comprender, explicar o comentar un texto sin vincularlo directamente con la situación6 social concreta. Esa situación lo pone en relación con otras textualidades, a menudo imperceptibles, pero también es la que ha hecho posible que aparezca en un momento histórico determinado. La naturaleza dialógica de la palabra sobredetermina cada expresión verbal –su estructura, contenido y estilo– desde la situación social involucrada en la vivencia individual expresada.
La dialogía rompe la oposición entre individuo y sociedad, pues es lo social lo que define lo individual. El sujeto individual queda diluido en el colectivo de la época a la cual pertenece; esto tiene una repercusión directa sobre la concepción de la ideología en Volóshinov: en vez de ser una “falsa conciencia” o ubicarse en esa interioridad, es definida como un signo de naturaleza interindividual. Por esta razón, todo signo es ideológico y no existe ideología por fuera de la construcción sígnica elaborada en la vida social, pues «todo signo se estructura entre los hombres socialmente organizados en el proceso de interacción» (Volóshinov, 2009[1929], p. 44). El estudio de la ideología es, de hecho, el análisis de «la vida social del signo verbal», no el examen de la conciencia individual, intencional o inmaterial. También es el análisis concreto, esto es, históricamente situado, del conflicto entre fuerzas opuestas que luchan permanentemente por estabilizar (centralizar, unificar) el significado de un signo.
La metáfora dominante en la dialogía propuesta por Volóshinov es la de orden erístico o combativo: «El signo llega a ser la arena de la lucha de clases» (2009[1929], p. 47). El reconocimiento de esas fuerzas en tensión continua y dinámica, disputándose la visión del mundo más autorizada, es lo que permite hablar con Volóshinov de una politización del signo verbal: el resultado de luchas sociales concretas.
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