Estando en Buenos Aires comenzamos los preparativos. Luego, con algunos compañeros, surgió la idea de que había que hacer una gran movida propagandística como el Tren del Alba (Alternativa Bolivariana para las Américas) donde viajaran personalidades destacadas de la cultura, la política, el deporte, algo parecido al Operativo Retorno que organizó Héctor Cámpora y culminó con Perón en Ezeiza el 17 de noviembre de 1972 y la persona que tenía más capacidad de convocatoria y de encender todos los focos de la prensa mundial, era Diego Armando Maradona. Esto me lo sugirió el compañero Daniel Enceti.
¿Y cómo conseguir a Maradona? Ese era Fidel. Entonces regresamos a La Habana y tuvimos una reunión en la casa de Protocolo Nº 12 del Laguito con el comandante y quien era embajador cubano en Argentina, Alejandro González Galeano, muy amigo mío, entonces le digo a Fidel que para que el Tren fuera un éxito tenía que estar Maradona, y él me respondió de manera graciosa: “¿Ustedes quieren que yo ponga mi cuerpo?”. A lo que seguí diciéndole que Maradona, quien estaba conduciendo su propio programa de gran audiencia La Noche del Diez en canal 13, tenía grandes expectativas de poder entrevistarlo, de esa manera Fidel le daba la exclusiva a Diego y a colación lo invitaba a que formara parte del Tren del Alba. Y así sucedió, Diego hizo la entrevista con Fidel para su programa y allí Fidel consiguió el compromiso de Maradona. Cuando se pudo dar la noticia de que Maradona iba a estar en el Tren fue una conmoción mundial, Argentina se llenó de corresponsales.
Luego recibí el llamado del teniente Primero Retirado Luis Eduardo Tibiletti, quien estaba a cargo de la Secretaría de Seguridad en el gobierno de Néstor Kirchner y fue el primer funcionario de gobierno que se puso en contacto conmigo para ver de qué iba la cosa. Tibiletti había pertenecido al llamado “Grupo de los 33 Orientales” que fueron oficiales del Ejército a los que pasaron a retiro por no compartir la represión feroz y clandestina ejercida por la última dictadura. Tibiletti quería estar al tanto para poder reforzar la seguridad del Tren, la movilización, y el Estadio. Nos reunimos y lo puse al tanto. Ese fue el primer llamado oficial del gobierno kirchnerista.
Entonces un aspecto era el Tren, el otro las organizaciones sociales movilizándose, todo esto confluyendo en el mensaje que brindé a todos los medios de comunicación nacionales e internacionales, que la movilización iba a ser de carácter gandhiana (en alusión a Mahama Gandhi), pacífica no violenta. Porque estaba claro que iba a ver grupos provocadores, espías, los servicios de siempre. Yo le explicaba a Fidel y a los distintos compañeros que la masividad del acto garantizaba la seguridad del mismo.
En medio de todo esto surgió una conspiración para que Hugo Chávez no estuviera en el estadio Mundialista. Resulta que había un personaje francés nefasto cerca del líder bolivariano puesto por el periodista Ignacio Ramonet, quien le dijo que no fuera al acto porque podría sufrir un atentado.
Cuando Fidel se entera de esto, otro día de madrugada me hace sentar en su escritorio (sensación extraña escribir algo en el escritorio de ese gigante) para que redacte de puño y letra una carta a Chávez para que estuviera en esa Contra Cumbre, porque en algún momento los líderes no tienen más remedio que exponer su propio cuerpo y vida para garantizar el éxito de algunas misiones. Yo no entendía por qué me había elegido para escribir si solo alcanzaba la pluma de Fidel. Pero por alguna razón él pidió que fuese de esa manera. En ese momento fui una especie de intérprete o delegado suyo (en términos camporistas) de la movilización y del Tren del Alba.
Había que conseguir el tren, que fue el Marplatense, una reliquia lanzada en 1951 por el presidente Perón, pero que desde el menemismo había dejado de funcionar. Ese tren que parecía de una película de Doris Day, era de aluminio con butacas azules. Se lo pedí a Felipe Solá, actual canciller, y en ese entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires y me lo brindó sin ningún problema. Y también nos dio otro elemento clave que fue el Estadio Mundialista de Mar del Plata.
Es justo decir que Luis D’Elía fue importante en el aspecto de movilización aportando varias columnas de distintas organizaciones de Federación, Tierra y Vivienda y los de Barrio de Pie y otras organizaciones sociales.
El Tren del Alba se propuso ser una especie de múltiples voces que le decían No al Alca, la nueva herramienta de sometimiento y disciplinamiento económico y político que traía el gobierno de los Estados Unidos para los países de América Latina.
En ese tren de lucha y esperanza de cinco vagones convivieron por unas horas Miguel Bonasso, el cineasta Serbio Emir Kusturica, el líder boliviano Evo Morales (que a los pocos meses se consagraría como el primer presidente indígena de su país), el dirigente Luis D’Elía, el padre Luis Farinello, los músicos Teresa Parodi, Víctor Heredia y Juanse, actores y actrices como Oscar Martínez, Leonor Manso y Mirta Busnelli, dirigentes políticos y periodistas de distintos medios y sin duda la figura central: Diego Armando Maradona.
El responsable de la seguridad fue Gabriel Vidal, y también aportaron un sector de los telefónicos de Osvaldo Iadarola y algunos camioneros. En una entrevista, Vidal recuerda cómo tuvieron que hacer para que el ídolo pudiera llegar hasta Constitución:
Era imposible traer a Diego en un auto, porque se iba a filtrar a la prensa y todo se transformaría en un caos. Entonces, se nos ocurrió esconderlo en una camioneta oficial de los Bomberos Voluntarios de La Boca. Lo metimos en el salón de la conferencia por un costado, y después también tuvimos que cubrirlo para que subiera al último vagón.
En la conferencia de prensa que se produjo en la Sala de Jefatura de la estación Constitución, Miguel Bonasso, Luis D’Elía, entre otros, escuchaban atentamente las palabras de Diego, que, con sus clásicas frases, describió amores por las causas latinoamericanas y odios contra las políticas de los Estados Unidos en ese entonces representada por la figura de Bush (h): “Hoy el tipo llegó y saludó con la mano... ¡y no había nadie! Bush es el hombre que saluda a la nada”. O “nos desprecia. Es una basura humana. Estoy acá para defender la dignidad argentina. Que sepa que no lo necesitamos, que no le damos la bienvenida, que no lo queremos”. Todas las intervenciones del Diez eran devueltas por el clásico “¡Olé, Olé, Olé, Olé... Diegoooo, Diegoooo!”.
Bonasso sostuvo que las declaraciones de Diego demostraron que el genio popular no lo portaba únicamente para la gambeta. También destacó el comportamiento militante de Maradona, su humildad y amor por el pueblo y destaca que su figura fue central para que todo pudiera ser un éxito popular inimaginable:
Maradona tuvo un comportamiento ejemplar. Cuando estábamos en el tren, en un momento Diego estaba durmiendo y todo el mundo quería sacarse una foto con él. Recuerdo que lo desperté y le dije si podía recorrer todos los vagones para poder saludar y sacarse fotos con la gente. Y lo hizo amablemente con todos, jamás una actitud de divo o estrella, todo lo contrario, una persona muy humilde.
Diego no participó de la movilización con todas las organizaciones sociales, de derechos humanos, políticos, y gente de a pie porque no quiso protagonismo (además hubiera sido imposible que la gente lo dejara caminar) fue directamente al Estadio y allí nos sentamos junto a él, Chávez, yo y otros dirigentes y fue una fiesta de la Patria Grande extraordinaria. Quiero destacar que nos causó a todos los que organizamos el evento, admiración por la disciplina militante que el jugador más famoso de todos los tiempos mostró en aquella jugada. Una humildad de la que careció más de una de esas mascaritas que también se subieron al tren. Diego tenía conciencia de clase y eso la derecha salvaje nunca se lo perdonó.
Читать дальше