El Sujeto ocioso, él mismo fuera de juego, debe al silencio la aparición o presencia de la música, no por alternancia –aquí no es cuestión de ritmo–, sino retrospectivamente. Por un instante, Autor burla la mortífera irreversibilidad del tiempo histórico, aunque ello no le baste para alcanzar la eternidad. Como no la alcanza quien baja al fondo del mar y, sin embargo, percibe las cosas en una dimensión que no es humana. Autor bucea a su modo. Adormilado en la chaise longue se deleita con un marasmo oceánico que habitan formas inéditas. Liberada, mientras tanto, la realidad sigue su curso . 27
1. Oceanografía del tedio , p. 48.
2. Estilos del Pensar (1945).
3. Naturalmente, el (buen) acabado define a la Obra-Bien-Hecha; véase a continuación.
4. Oceanografía del tedio , p. 101.
5. Ibíd., p. 22. Corrijo según la edición crítica de la obra catalana: «en el templo mágico de la serena diversidad», en vez de «en el templo mágico de la sirena. Diversidad...», según se lee en la edición castellana.
6. Ibíd., p. 24.
7. Ibíd., p. 39.
8. Ibíd., pp. 39-40.
9. Ibíd., p. 124.
10. Glosari , 22-XII-1906 («Le escuchan cantar las horas y decir el tiempo»).
11. La dicotomía del seny y la rauxa es popular en Cataluña. Uno y otra se atribu yeron en su día a novecentistas y modernistas respectivamente.
12. Oceanografía del tedio , pp. 43 y 44.
13. Ibíd., p. 56.
14. Ibíd., p. 33.
15. Ibíd., p. 14.
16. En este aspecto, nuestro héroe nos hace pensar en el futuro antihéroe de La náusea sartreana, otra novela de filósofo.
17. Ibíd., p. 17.
18. «Y ahora Autor es como un náufrago en medio del mar que se abandona y le escapa de las manos la cuerda a que se agarraba, como esperanza última para sostenerse a flote...». Ibíd., p. 21.
19. Ibíd., pp. 15 y 17.
20. Ibíd., p. 112.
21. Esto no es óbice para que celebre el margen de libertad ganado por la ciencia contemporánea. Cabe reconocer, no obstante, que de la misma ciencia se desprende también un cierto pesimismo, como se verá inmediatamente. En todo caso, D’Ors no identifica libertad y progreso.
22. Ibíd., p. 78. Habla la Voluntad de Ordenación, que se le aparece a Autor.
23. Ibíd., p. 80.
24. Ibíd., p. 115. Llegados a estas alturas del discurso, la semejanza con la idea de «atención flotante» defendida por Rubert de Ventós es extraordinaria (esp. en De la modernidad ).
25. Cf. infra II.1.
26. Ibíd., p. 113.
27. «Ya está dicho: sigue su curso». Ibíd., p. 111. D’Ors lo refiere a la jaqueca. Despierta el eco de unas palabras de Clov, el personaje beckettiano: «Algo sigue su curso» ( Final de partida , pp. 17 y otras). Por supuesto, se trata ahí de una suspensión del tiempo con efectos totalmente contrarios, en particular sobre la consciencia del cuerpo, a la escenificada en la Oceanografía del tedio .
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