Por su parte, la eugenesia es una corriente de pensamiento que, partiendo de la premisa de que todos los caracteres de los seres humanos son hereditarios (las capacidades y los talentos como la propensión a la enfermedad), se propone lograr el mejoramiento de la raza a través de la reproducción de determinados individuos o grupos humanos calificados como mejores , inhibiendo la multiplicación de otras personas consideradas inferiores o indeseables (Miranda, 2003). Surge bajo los parámetros de la ciencia en Inglaterra a finales del siglo XIX. Su fundador, Francis Galton, sostiene la posibilidad de perfeccionar la especie humana a través de los mismos métodos utilizados con los animales domésticos. Primo de Charles Darwin e influido por sus ideas, su propuesta se centra en favorecer los matrimonios entre “los mejor dotados” y evitarlos entre aquellos que tuvieran características que pudieran perjudicar la raza (Billorou, 2005).
En líneas generales, las teorías sobre la existencia de razas humanas coinciden en afirmar una continuidad entre lo físico y lo moral, la acción determinante del grupo sobre el individuo, una jerarquía única de valores (etnocéntrica) y, en algunos casos, la voluntad de implementar una política fundada en ellas (Todorov, 1991). La categoría de raza, en cuanto construcción científica, es utilizada por intelectuales de renombre para interpretar diversos fenómenos sociales de la época. Se utiliza para entender y legitimar diferencias en una sociedad donde la igualdad es un valor social y político, aunque considerado peligroso para sus clases dirigentes. La idea de raza intenta solapar los orígenes políticos de las relaciones de poder entre grupos de individuos al tiempo que, al arraigarlas en la naturaleza, pasan a ser consideradas ahistóricas e inamovibles. Así, la existencia de razas permitía justificar y legitimar desigualdades sociales.
En la Argentina, la eugenesia fue una ciencia práctica, unida a la política. Como propone Marcela Nari (1995), la identificación, descripción y tipificación de diferencias biológicas jerarquizadas en las poblaciones dominadas permite no solo ocultar la desigual distribución de las relaciones de poder (entre clases, razas y sexos), sino también descalificar categóricamente toda lucha por modificar el orden social. Los científicos e intelectuales van a definir dos campos de acción principales: por un lado, la interpelación al Estado y, por otro, las acciones educativas que impulsaran la formación de una conciencia eugenésica en la población. Así, el éxito de una eugenesia preventiva consistía en generar una conciencia sanitaria popular a través de la prensa, las conferencias, los carteles, el cine, los folletos, además de la acción directa de educadores especializados en escuelas y hospitales (Felitti, 2011). En este marco, también las mujeres madres van a tener que convertirse en agentes propagadores de esta ideología al interior de las familias, como parte de las políticas eugenésicas en torno a la maternidad cuyo fin es extirpar “la degeneración”, impulsar “la regeneración” y construir una “nueva raza”.
Bajo estas influencias, de manera implícita o explícita, los gobiernos despliegan numerosas medidas que inciden de manera significativa sobre los cuerpos de las mujeres y las condiciones de su reproducción (Jelin, 1996). Para los grupos médicos, una de las formas de crear argentinos fuertes y sanos es educar y controlar a las madres para así preservar la familia. En ese contexto, el discurso higienista y también el eugenésico encuentran legitimidad y apoyo: el deber maternal se construye como una obligación de las mujeres con su patria.
La asepsia y la antisepsia en las prácticas médicas
En combinación con las ideas higienistas, uno de los grandes ejes del período es la consolidación de la asepsia y la antisepsia como marco de toda práctica médica. Una vez que se aceptan y difunden los conocimientos de Louis Pasteur, Joseph Lister y Stéphane Tarnier, esa dupla va a atravesar todos los espacios y procedimientos en torno a la curación y atención. Con la progresiva incorporación de los conocimientos que llegan de Europa, comienzan a imponerse reglas severas para la desinfección de las manos, del entorno y de las pacientes. El ácido fénico se incorpora a la atención como el primer desinfectante que se usa en Buenos Aires de forma sistemática. Con este producto también se desinfectan las ropas de la mujer, la ropa de cama, las cortinas y demás objetos.
Al hacer referencia a estos primeros años de transición entre “la época antigua a la nueva era de la asepsia y antisepsia”, los propios médicos los recuerdan en términos de furor bactericida . Según sus propios relatos:
En todas partes se percibían microbios peligrosos para la salud que se concentraban en el aparato genital, marco que dio lugar a la realización de lavados vaginales desde el principio del embarazo, en el momento del parto y durante todo el puerperio […] hubo una verdadera obsesión contra los microorganismos y en cada casa donde debía tener lugar un parto se ponían en acción todos los medios de defensa, retirando las alfombras y cortinados, empapelando y pintando las paredes y los techos, lavando y desinfectando los pisos y los muebles, los asistentes se cambiaban vestidos de pies a cabeza. (Llames Massini, 1915: 177)
Los médicos de Buenos Aires reconocen en estas transformaciones el inicio de la obstetricia moderna. El cambio de siglo marca en su imaginario no solo el fin de una centuria sino el inicio de una etapa nueva donde ellos serán los únicos e incuestionables protagonistas. A la vez, la obstetricia encuentra la forma de revertir uno de los mayores problemas a los que se enfrentaba: la fiebre puerperal. Bajo esta nominación se incluían gran parte de las complicaciones en el posparto, que afectaban sobre todo a las puérperas que permanecían en el hospital luego del nacimiento. Antes de la época pasteuriana se consideraba que la infección puerperal se relacionaba con unos miasmas maléficos que se hospedaban en el hospital, “las paredes de las salas se suponían cuajadas de miasmas, techos, pisos y cortinas debían alojar a millones de enjambres que se precipitaban sobre las enfermas hiriéndolas de muerte cuando las privaciones y las fatigas debilitaban su organismo” (Llames Massini, 1915: 48).
El cambio de paradigma impulsa una serie de modificaciones en las prácticas y los sentidos en torno al parir-nacer, a la vez que profundiza otros procesos que ya se habían iniciado, sobre todo en la relación entre las mujeres y los médicos, y los espacios donde ocurren los partos. En primer lugar, el triunfo del modelo microbiano, frente al que se sostenía en la idea de los miasmas, habilita una mayor intervención de los médicos en torno a las enfermedades y dolencias, a la vez que ahonda la distancia entre estos y quienes no poseen los conocimientos científicos. A su vez, este conjunto de conocimientos contribuye con el anhelo de poner fin a lo que se llamaba la podredumbre del hospital . Es decir, empieza a ser posible llevar a la práctica el proyecto de los médicos obstetras de trasladar los partos de mujeres de todos los grupos sociales a hospitales y clínicas.
Конец ознакомительного фрагмента.
Текст предоставлен ООО «ЛитРес».
Прочитайте эту книгу целиком, купив полную легальную версию на ЛитРес.
Безопасно оплатить книгу можно банковской картой Visa, MasterCard, Maestro, со счета мобильного телефона, с платежного терминала, в салоне МТС или Связной, через PayPal, WebMoney, Яндекс.Деньги, QIWI Кошелек, бонусными картами или другим удобным Вам способом.