Durante mis cortas prosperidades muchas personas recurrieron a mí, y jamás en todos los servicios que pude hacerles ninguno de ellos fue desatendido. Pero de esos primeros favores hechos con afecto y con efusión del corazón fueron naciendo cadenas de compromisos sucesivos que yo no había previsto y de los cuales no podía ya liberarme 18.
Este análisis de Rousseau ofrece un doble interés: (i) muestra la dependencia de un estado de ánimo, aquí «efusión del corazón» del destinador respecto de un estado de cosas, el número de ocurrencias del don ; (ii) «hace ver» cómo una multiplicación en una dimensión se convierte «concesivamente» en división para el valor; así, esquemáticamente para el texto de Rousseau:
Los aumentos y las disminuciones intensivos vividos, que conmueven, en cuanto manifestantes, el campo de presencia, tienen por manifestado el juego reglado, la regulación actualizada de las dimensiones: por una parte, el sujeto formula el valor como el producto de las valencias que conjunta; por otra parte, por homogeneidad o circularidad virtuosa, formula la medida íntima, propioceptiva, del afecto como el cociente del valor dividido por el número actual del campo de presencia. La interdefinición, que es una exigencia epistemológica no negociable para Hjelmslev, remite aquí más bien a la densidad de la red relacional subyacente. De este trabajo de ajuste, de esta búsqueda de una exactitud cuantificable pero no contable, H. Michaux presenta en el bello texto titulado Dessiner l’écoulement du temps [Dibujar el fluir del tiempo] un análisis ejemplar centrado en la precisión del tiempo:
Cada cual trata, sin que nadie se lo indique, de conservar su tempo… (…) Por un balance sabio y constante entre las incitaciones que uno acepta y las incitaciones que uno rechaza; por un equilibrio complejo donde las pequeñas ralentizaciones y las pequeñas aceleraciones se encuentran ingeniosamente compensadas 19.
Por ese juego de remisiones, la divergencia subjetal de la medida y del número , el principio de constancia y la formulación del valor intensivo como cociente , singularizan el espacio tensivo.
La hipótesis de la «intersección» como producto exige aun otros dos motivos: (i) la afirmación corriente según la cual el todo es superior a la suma de las partes es cierta, sin duda, ¿pero cómo fundarla? Eso no está dicho. Sin pretender agotar la cuestión, podemos decir por medio de metáforas que el tempo y la tonicidad son los ingredientes, y la hipótesis del producto, la receta; (ii) existe el misterio del «acento», de los «picos» de la intensidad, de los estados paroxísticos, y más generalmente, puesto que hemos reconocido en la medida una «intersección»: «Se trata de hallar la construcción (oculta) que identifique un mecanismo de producción con una percepción dada» 20, es de esperar que «en alguna parte» surja un principio de desmesura . No andamos lejos de la retórica y nos movemos en torno a la hipérbole, que Fontanier aborda en los siguientes términos:
La Hipérbole aumenta o disminuye las cosas con exceso, y las presenta bien por encima o bien por debajo de lo que son, con vistas, no a engañar, sino a acercar a la verdad misma, a fijar, por lo que dice de increíble, lo que hay realmente que creer 21.
Frente a todas las problemáticas que mantienen alguna conexidad entre sí, tenemos que anticipar: la hipérbole se encuentra en la intersección de dos sintaxis; por una parte, la sintaxis intensiva, que procede por aumentos y por disminuciones, y por otra parte, la sintaxis juntiva, la cual procede, según el caso, por implicación o por concesión. El mérito de Fontanier es raro y singular, ya que procede a realizar la catálisis del rasgo concesivo de la hipérbole.
2.2.2 De la correlación a la implicación
La legitimidad del arco que une las dos regiones en contraste del espacio tensivo es indirecta. Supone la autoridad de un principio de constancia que regula esa cantidad no numérica que asedia a la diferencia. Esa característica no numérica de la cantidad semiótica de ninguna manera impide efectuar algunas operaciones elementales. Como ya se ha indicado, la operación decisiva es sin duda esta: si se multiplica mentalmente la cifra de la intensidad por la de la extensidad, el producto actualizado sería tendencialmente constante. Sea simplemente: [ i × e = k ].
Para ilustrarlo, acudiremos a las reflexiones de Baudelaire sobre el juego y el trabajo, que figuran en Fusées [Bengalas]. Veamos el pequeño corpus siguiente:
El trabajo, fuerza progresiva y acumulativa, conlleva intereses como el capital, en las facultades como en los resultados.
El juego, incluso dirigido por la ciencia, fuerza intermitente, será vencido, por fructuoso que sea, por el trabajo, por pequeño que sea, si es continuo 22.
Un poco de trabajo, repetido trescientas sesenta y cinco veces, da trescientas sesenta y cinco veces un poco de dinero, es decir, una suma enorme. Al mismo tiempo, se adquiere gloria .
De igual manera, una multitud de pequeños goces constituyen el bienestar 23.
El trabajo no es el único que conserva las almas momificadas 24.
La vida solo tiene un encanto verdadero: es el encanto del Juego 25.
Es claro que el antagonismo vivencial del trabajo y del juego pertenece al resorte de la gramática tensiva: (i) el juego, bajo el ángulo de la intensidad, es fuerte, pero desde el ángulo de la extensidad, intermitente, es decir, concentrado en algunos momentos; (ii) de manera simétrica e inversa, el producto del trabajo, en relación con la intensidad, es del orden de la “pequeñez”, pero en relación con la extensidad: cotidiano. Así:
Lo que se esboza aquí es una gramática predicativa, es decir, una regulación de la predicación. De la predicación ordinaria, aceptando que está trunca, y que, por lo mismo, es incierta; no controlada, no dependiente, la predicación está fuera de sistema y no remite más que a la alternancia básica de «o… o…». Volvamos a nuestro esquema e inscribamos en el arco de las equivalencias: [ S 1 ] definido en el eje de la intensidad por [ s 1 ] y en el eje de la extensidad por [ no s 2 ], y [ S 2 ] definido en el eje de la intensidad por [ no s 1 ] y en el eje de la extensidad por [ s 2 ]. Así:
La lógica de este dispositivo simple no es la del «o… o…», sino más bien la del «si… entonces», es decir, la lógica de la implicación. Lo que define [ S 1 ] es la exigencia actual: si [ s 1 ], entonces [ no s 2 ] y otro tanto vale para [ S 2 ]. La problemática cambia de contenido puesto que ahora tiene por objeto la pregunta: ¿cómo se pasa de [ S 1 ] a [ S 2 ]? Nuestra respuesta es la siguiente: tal es precisamente la función esencial del evento , puesto que, según Valéry: «La sorpresa es siempre posible» 26. Es, por lo demás, una de las aporías propias de la noción de evento: es a la vez singular y serial. Radicalmente improbable, el evento hace pasar sin transición, es decir, concesivamente , de una primera implicación a una segunda implicación:
Читать дальше