Regresó a su despacho y encontró a Fazio hablando por teléfono.
– Sí… sí… Muy bien. Se lo digo ahora mismo al dottore. -Colgó y le dijo al comisario-: El dottor Augello me ha dicho que han visto a Prestia entrando en una casa con un establo anexo. Pero delante de la casa hay cuatro coches aparte del de Prestia, así que el dottor Augello cree que están celebrando una reunión. Como quiere evitar tiroteos, dice que es mejor esperar a que los otros se vayan.
– Hace bien.
Transcurrió más de una hora sin que hubiera ninguna llamada. Por lo visto, la reunión era larga. Montalbano no resistió.
– Llama a Mimì y pregúntale qué pasa.
Fazio habló con Augello.
– Dice que aún están reunidos y que en el interior de la casa hay por lo menos ocho personas. Conviene seguir esperando.
Montalbano consultó el reloj y se levantó de un salto. Ya eran las ocho y media.
– Oye, Fazio, yo tengo que ir sin falta a Marinella. En cuanto tengas noticias, me llamas.
* * *
Llegó corriendo, abrió la puerta cristalera y puso la mesa en la galería.
Acababa de terminar cuando llamaron a la puerta. Fue a abrir. Eran Ingrid y Rachele, cargadas con tres botellas de vino, dos de whisky y un paquete.
– Es una cassata -explicó Ingrid.
O sea, que la cosa iba en serio. Montalbano fue a la cocina para abrir las botellas y en ésas oyó el teléfono. Seguro que era Fazio.
– ¡Contestad vosotras! -pidió.
Oyó la voz de Rachele preguntando:
– ¿Diga? -Y después-: Sí, es la casa del comisario Montalbano. ¿De parte de quién?
De repente, al comisario le entró una duda que lo dejó helado. Corrió al comedor. Rachele acababa de colgar.
– ¿Quién era?
– No me lo ha dicho. Ha colgado. Una mujer.
No se lo tragó la tierra como las otras veces, pero sintió que el techo de la estancia se le caía encima. ¡Seguramente era Livia quien llamaba! ¿Y ahora cómo le explicaba que era una cita inocente? ¡Maldito el momento en que se le había ocurrido invitar a Ingrid y Rachele! Previó una noche amarga, hablando por teléfono. Regresó desolado a la cocina y el teléfono volvió a sonar.
– ¡Voy yo! ¡Voy yo! -gritó.
Esa vez era Fazio.
– Dottore ? Todo hecho. El dottor Augello ha detenido a Prestia y lo está llevando a la fiscalía. Han recuperado el caballo de la señora Esterman. Parece en excelentes condiciones. Lo han cargado en la camioneta.
– ¿Adónde lo llevan?
– Al establo de un amigo del dottor Augello. El dottor Augello ha avisado también a los compañeros de Montelusa.
– Gracias, Fazio. Hemos hecho un buen trabajo.
– Es usted el que lo ha hecho bien.
Montalbano se dirigió a la galería. Se apoyó en la cristalera y les dijo a las dos mujeres:
– Cuando hayamos cenado, os contaré una cosa.
No quería estropear la comida que lo esperaba con el rollo de los abrazos, las lágrimas, las emociones y los agradecimientos.
– Vamos a ver qué nos ha preparado Adelina.
Como todas las novelas protagonizadas por el comisario Montalbano, ésta también me la han inspirado dos hechos de la crónica de sucesos: el hallazgo de un caballo muerto en una playa de Catania y el robo de unos caballos de carreras de una cuadra de la provincia toscana de Grosseto.
Creo que ya es inútil repetir, pero lo hago de todos modos, que los nombres de los personajes y las situaciones en que éstos se encuentran son totalmente inventados por mí y por tanto no guardan relación alguna con personas reales.
Si alguien se reconociera en ellos, significa que tiene una imaginación superior a la mía.
A.C.
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