aa - La historia comenzó así

Здесь есть возможность читать онлайн «aa - La historia comenzó así» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Старинная литература, на английском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

La historia comenzó así: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «La historia comenzó así»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

La historia comenzó así — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «La historia comenzó así», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

alrededor.

—Hay una moción —dijo Farfurkis, eligiendo cuidadosamente las

palabras—. Que el asesor científico realice una investigación especializada y

nos informe sobre su decisión.

Lavr Fedotovich, mirando a Vybegallo, inclinó regiamente la cabeza.

Vybegallo se levantó. Vybegallo sonrió cortésmente. Vybegallo se llevó la

mano derecha al corazón. Vybegallo habló.

Cést... —dijo—. No es correcto, Lavr Fedotovich. Sea como fuere , j

ái recommandé ce noble vieux . Se dirá que eso es nepotismo, favoritismo.

Sin embargo es un hecho raro, y un caso obvio, muy valioso; requiere

racionalización. Cést claramente demostrado por el experimento. No

quisiera poner fin a un brillante comienzo, cortar la iniciativa en capullo.

¿Qué sería mejor? Sería mejor que algún otro experto diera su opinión;

alguien imparcial. Aquí entre los representantes de abajo, veo al camarada

Alejandro Ivanovich Privalov...

Me estremecí al oírlo

—... que se especializa en computadoras. Y es imparcial. Que sea él.

Pienso que será provechoso.

Lavr Fedotovich tomó sus prismáticos y nos examinó uno a uno. Edi,

que había vuelto a la vida, me susurró:

—¡Alejo, háblales! ¡Es nuestra oportunidad!

—Hay una moción —dijo Farfurkis— de que se pida al camarada

representante de abajo que colabore con la obra de la Troika.

Lavr Fedotovich dejó sus prismáticos y dio su consentimiento. Todos

me miraron. Por mi parte habría preferido no meterme en aquel asunto, de

no ser por el anciano. Ce noble vieux me miraba , agitando de tal modo sus

párpados enrojecidos que todo su ser parecía suplicarme, prometiendo orar

por mí durante el resto de su vida. No pude resistir. Me levanté, a desgano,

y me acerqué a la máquina de escribir. El viejo me sonrió.

—Bueno, de acuerdo —dije, tras revisar el artefacto—. Por

programación heurística entendemos el intento de imitar el proceso

cognoscitivo humano mediante la computadora digital. Aquí tenemos una

máquina de escribir Remington, hecha en 1906, en condiciones bastante

buenas. Los tipos son prerrevolucionarios y están también en buenas

condiciones.

Capté la mirada suplicante del viejo y operé la llave.

—Para abreviar, la construcción de los tipos no tiene nada de nuevo.

Todo es muy viejo.

.¡En el intedior ! —susurró el viejo— ¡Mire el intedior , donde están el

analizador y el cerebro!

—El analizador, dije—. Aquí no hay ningún analizador. Hay una

rectificadora de serie, también antigua. Una simple lámpara de neón. Una

18

llave, buena calidad, nueva. Hay también un cordón, marca nueva. Creo

que eso es todo.

—¿Cuál es su conclusión? —preguntó Farfurkis, con interés. Edi movía

la cabeza en ademán de aprobación; le di a entender que haría la prueba.

—Mi conclusión —dije—. La máquina de escribir Remington que he

descrito, provista de rectificadora, lámpara de neón, llave y cable, no

representa nada inexplicable.

—¿Y yo? — gritó el anciano.

Edi me indicó que era una buena ocasión para un gancho de

izquierda, pero no pude hacerlo.

—Bueno, por supuesto —murmuré—. Esto demuestra una gran

voluntad de trabajo...

Edi se tiró del pelo.

—...Y yo comprendo, por supuesto, las buenas intenciones...

Edi me miró con desprecio.

—En realidad el hombre hizo lo mejor que pudo, no se puede...

—Teme la ira de Dios —dijo claramente Edi.

—¿Por qué? Deje que el hombre siga trabajando, si eso le gusta. Me

limito a decir que esto no tiene nada de inexplicable. Pero en realidad es

bastante ingenioso.

—¿Alguna propuesta para nuestro asesor científico pro tempore ? —

inquirió Lavr Fedotovich.

Al oír un tono de interrogación el viejo salió disparando hacia la

máquina, pero yo lo detuve pasándole un brazo alrededor de la cintura.

—Bien hecho —dijo Khlebovvodov—. Sosténgalo. De lo contrario es

muy difícil trabajar. Aquí no estamos jugando a preguntas y respuestas.

¿Por qué no lo desenchufa, ya que estamos? No me gusta que esté

escuchando.

Liberé una mano para apagar la llave. La luz se apagó y el viejo

pareció tranquilizarse.

—Pero todavía me queda una pregunta —prosiguió Khlebovvodov—.

¿Cómo contesta?

Quedé atónito. Edi, ya recuperado, miraba atentamente a la Troika.

Vybegallo esperaba complacido; sacó un palito largo de su barba y se lo

puso entre los dientes.

—Rectorizadoras y llaves —observó Khlebovvodov— El camarada pro

tempore ha explicado todo bastante bien. Pero hay algo que no explicó: los

hechos. Y el hecho incontrovertible es que cuando se plantea una pregunta

se obtiene una respuesta. Por escrito. Y aun cuando se le hace una

pregunta a otra persona se obtiene igualmente una respuesta. Por escrito. Y

dice usted, camarada pro tempore, que aquí no hay nada inexplicable. La

cosas no coinciden. No entendemos qué puede decir la ciencia al respecto.

19

La ciencia, encarnada en mi, había perdido el habla. Khlebovvodov

me había parado en seco, me había clavado un puñal en la espalda, me

había asesinado y enterrado. Pero Vybegallo reaccionó a tiempo.

Cést —dijo—. Es lo que yo dije, ¡un valioso comienzo! Hay un

elemento de lo inexplicado, por eso lo recomendé.

Y agregó, volviéndose hacia el viejo:

Cést. Mon cher . Explique a nuestros camaradas qué es qué.

El viejo estalló.

—¡Los mayores resultados alcanzados por el megaloplasma de

neutrones! —tronó!—. El rotor de campo de divergencia se degrada a lo

largo de la parte posterior y allí, en el intedior , transforma el tema de la

pregunta en torbellinos eléctricos espirituales, de los cuales surge la

sinécdoque de la pregunta ...

Yo ya veía manchas ante los ojos, se me estaba subiendo la bilis y

me dolían los dientes; ese maldito noble vieux seguía hablando. Su discurso

era fluido; un discurso bien ensayado y muy repetido, en el cual cada

adjetivo, cada entonación temblaban de carga emotiva. Una obra de arte,

en verdad. El viejo no sería inventor, pero era un artista, un genio de la

oratoria, un sucesor digno de Demóstenes, Cicerón y Juan Crisóstomo.

Recogí mis redes y me hice a un lado, apoyando la frente en la frescura de

la pared.

Entonces Edi batió palmas y el anciano se interrumpió. Por un

segundo tuve la impresión de que Edi había detenido el tiempo, pues todos

estaban inmóviles, atentos a un profundo silencio medieval que pendía de la

habitación como terciopelo. Al fin Lavr Fedotovich empujó la silla hacia atrás

y se levantó.

—Según las reglas y los estatutos —comenzó—, me corresponde decir

la última palabra. Pero hay momentos en los que no se pueden aplicar

reglas ni estatutos; hay que dejarlos a un lado. Quiero hablar en primer

lugar porque ésta es una de esas ocasiones. Quiero hablar en primer lugar

porque no espero interrupciones ni las toleraré.

Pero nadie pensaba en interrumpir. Los miembros de la Troika,

regulares o agregados, estaban tan impresionados por ese súbito arranque

de oratoria que sólo podían intercambiar miradas.

—Somos los custodios de la ciencia —prosiguió Lavr Fedotovich—,

somos los portales de su templo, somos los filtros desprejuiciados que la

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «La historia comenzó así»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «La historia comenzó así» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «La historia comenzó así»

Обсуждение, отзывы о книге «La historia comenzó así» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.