aa - La historia comenzó así
Здесь есть возможность читать онлайн «aa - La historia comenzó así» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Старинная литература, на английском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.
- Название:La historia comenzó así
- Автор:
- Жанр:
- Год:неизвестен
- ISBN:нет данных
- Рейтинг книги:4 / 5. Голосов: 1
-
Избранное:Добавить в избранное
- Отзывы:
-
Ваша оценка:
- 80
- 1
- 2
- 3
- 4
- 5
La historia comenzó así: краткое содержание, описание и аннотация
Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «La historia comenzó así»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.
La historia comenzó así — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком
Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «La historia comenzó así», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.
Интервал:
Закладка:
—¿Asesina?
—No seas tonto —rió la cabra—. Personalmente, nunca.
—Diga algo —pidió Feofil a Khlebovvodov.
78
—He cometido errores —se apresuró a decir éste—. Los humanos no
somos ángeles. Cualquiera puede cometer un error. Los caballos tienen
cuatro patas, pero de cualquier modo tropiezan. No existe quien no cometa
errores, a menos que no trabaje.
—Comprendo —dijo Feofil—. ¿Piensa seguir cometiéndolos?
—¡Jamás! —replicó Khlebovvodov con firmeza.
—Gracias —dijo Feofil.
En seguida miró a Farfurkis.
—¿Y este amable caballero?
—Es Farfurkis —dijo la cabra—. Nadie le ha llamado nunca por el
nombre ni el patronímico. Nació en Tanganrog en 1916; instrucción
universitaria en leyes, lee inglés con diccionario. Profesión: conferenciante.
Nunca estuvo en el extranjero. Su característica principal es la perspicacia y
la cautela. A veces se arriesga a despertar la ira de sus superiores, pero sus
actos están siempre calculados para provocar tarde o temprano su gratitud.
—Eso no es del todo cierto —dijo suavemente Farfurkis—. Usted está
un poco confundido. La cautela y la perspicacia son parte de mi carácter,
trate con mis superiores o no. Están en mis cromosomas. En cuanto a mis
superiores, bueno, es mi trabajo: señalar los parámetros legales de su
competencia.
—¿Y si salen de esos parámetros? —preguntó Feofil
—Se nota que usted no es abogado —dijo Farfurkis—. No hay nada
más flexible que un parámetro legal. Es posible marcarlo, pero nunca
pasarse de él.
—¿Qué piensa usted del perjurio? —preguntó Feofil.
—Me parece que este término está bastante pasado de moda —dijo
Farfurkis—. Ya no se usa.
—¿Cómo anda de perjurio? —preguntó Feofil a la cabra.
—No lo hace jamás. Cree siempre en cada una de las palabras que
dice.
—En realidad, ¿qué es una mentira? —observó Farfurkis—. Es la
negación o la distorsión de un hecho. Pero ¿qué es un hecho? ¿Podemos
hablar de hechos en esta vida, cada vez más compleja? Un hecho es un
fenómeno o una acción que puede verificarse mediante testigos. Pero los
testigos pueden tener prejuicios, intereses propios o simple ignorancia.
También podemos decir que un hecho es un fenómeno o una acción que se
verifica mediante documentos. Pero los documentos se pueden fraguar o
alterar. Y finalmente un hecho es un fenómeno o una acción que yo,
personalmente determino. Sin embargo, mis sensaciones pueden estar
adormecidas, o quizá completamente engañadas por ciertas circunstancias.
Por lo tanto es evidente que un hecho es algo efímero, nebuloso e imposible
de verificar; se hace necesario eliminar el concepto. Pero en ese caso la
falsedad y la verdad se convierten en conceptos primitivos, que no se
pueden definir a través de otras categorías generales. Sólo existe la Gran
79
Verdad y su antípoda, la Gran Mentira. La Gran Verdad es tan grande y su
validez tan obvia para cualquier hombre normal, yo mismo, por ejemplo,
que sería totalmente inútil tratar de refutarla o distorsionarla, es decir,
mentir. Por eso es que nunca miento ni cometo perjurio.
—Astuto —observó Feofil—. Muy bien pensado. La filosofía de
Farfurkis sobrevivirá a su dueño, supongo.
—No —dijo la cabra, riendo—. Es decir, la filosofía lo sobrevivirá, pero
Farfurkis no tiene nada que ver con ella. No la inventó. No ha inventado
nada, salvo su disertación, que será su único legado, un modelo en su
especie.
Feofil meditaba.
—Si comprendo bien —dijo Farfurkis—, hemos terminado. ¿Podemos
proseguir con nuestra labor?
—Todavía no —replicó Feofil, abandonando sus cavilaciones—.
Quisiera preguntar algunas cosas a este ciudadano.
—¡Qué! —gritó Farfurkis—. ¿A Lavr Fedotovich?
—El pueblo… —dijo Lavr Fedotovich, mirando a la distancia con sus
prismáticos.
—¿Interrogar a Lavr Fedotovich? —murmuró Farfurkis, atónito.
—Si —dijo la cabra—. Lavr Fedotovich, nacido en...
—Se acabó —dijo Edi—. Me he quedado sin energía. Ese Lavr es un
pozo sin fondo.
—¿Qué significa esto? —gritó Farfurkis, espantado—. ¡Camaradas!
¿Qué está pasando? ¡No es correcto!
—Es cierto —dijo Khlebovvodov—. No es asunto nuestro. Que la
policía se encargue de él.
—Ejemmm —dijo Lavr Fedotovich—. ¿Hay alguna otra moción?
¿Alguna pregunta para el orador? Expresando la opinión general, propongo
que el caso 29 sea racionalizado como fenómeno inexplicado que debería
ser de interés para el Ministro de la Industria Alimenticia y para el Tesoro.
Como parte de la utilización preliminar, el caso 29, conocido como
Encantamientos debería ser puesto a disposición de la oficina del procurador
general del distrito de Tmuskorpion.
Miré hacia la cima de la colina. Feofil, el guardabosques , estaba
apoyado en su bastón, allá en el porche, y miraba hacia el sol haciéndose
sombra con una mano. La cabra vagaba por el jardín. Lo saludé agitando la
boina, mientras el amargo suspiro de Edi se mezclaba en mis oídos con el
golpe seco del Gran Sello Redondo.
EPILOGO
A la mañana siguiente, antes de despertar por completo, comprendí
de inmediato que todo era amargo y desesperante. Edi estaba sentado a la
mesa, en calzoncillos, sosteniéndose con las manos la cabeza despeinada.
80
Las diminutas piezas del humanizador estaban esparcidas ante él, en una
hoja de periódico. Me di cuenta de que también él estaba deprimido y falto
de esperanzas.
Hice a un lado mi frazada, bajé los pies al suelo y me estiré para
sacar los cigarrillos del bolsillo de mi chaqueta. Lo encendí. Bajo otras
circunstancias aquel acto tan poco saludable habría despertado una
inmediata reacción en Edi, que no soportaba la debilidad moral ni la
contaminación ambiental. Bajo otras circunstancias tampoco habría
intentaso siquiera fumar frente a Edi, pero ese día nada me importaba.
Estábamos destrozados, pendíamos al borde de un abismo.
En primer lugar, no habíamos dormido lo suficiente. Ése era el punto
uno, como habría dicho Modesto Matveevich. Habíamos estado dando
vueltas en las camas hasta las tres de la mañana, sumando amargamente
nuestras experiencias, abriendo ventanas, cerrando ventanas, bebiendo
agua. Yo había llegado a mascar la almohada.
Ya era bastante triste encontrarnos a merced de esos plomeros. Pero
eso habría sido soportable. Después de todo, nadie nos había indicado cómo
tratar con ellos; éramos demasiado débiles y demasiado faltos de
experiencia, me parece. Ya era bastante triste haber perdido toda
esperanza de conseguir al menos la Caja Negra y la Chinche Parlante, tras
nuestra histórica conversación frente al hotel. Después de todo el enemigo
estaba armado con el Gran Sello Redondo, cosa que no podíamos
solucionar. Pero además de todo eso estaba ahora el problema de nuestro
futuro.
La histórica conversación frente al hotel había sido más o menos así.
En cuanto hube llevado el coche polvoriento hasta el hotel, mi amigo
apareció en los peldaños, salido de la nada; estaba malhumorado.
Edi : Disculpe, Lavr Fedotovich. ¿Podría concederme algunos minutos?
(Lavr Fedotovich respira pesadamente, se lame las ronchas de
mosquito que tiene en el brazo y espera a que le abran la portezuela del
Читать дальшеИнтервал:
Закладка:
Похожие книги на «La historia comenzó así»
Представляем Вашему вниманию похожие книги на «La historia comenzó así» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.
Обсуждение, отзывы о книге «La historia comenzó así» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.