aa - La historia comenzó así
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Ya que no podemos despertarles el raciocinio debemos tratar de
despertarles la conciencia.
Y eso era precisamente lo que Edi pensaba hacer en la sesión
siguiente.
Discutimos ese problema hasta que la excitada Gabi irrumpió en
nuestro cuarto sin llamar. Al parecer había solicitado ser recibida por la
Troika para presentarles una sugerencia. Acababa de saber, a través del
comandante, que la recibirían, y deseaba saber si nosotros estaríamos
presentes en la reunión de la mañana, que sería histórica. Al día siguiente lo
entenderíamos todo. Al día siguiente sabríamos quien era ella. Y cuando la
humanidad agradecida la llevara en andas no nos olvidaría. Gritó, agitó sus
patitas, corrió por las paredes y distrajo a Edi de sus planes. Tuve que
tomarla por el cuello y arrojarla al vestíbulo. Ella no se ofendió; estaba por
encima de esas minucias. Prometió que por la mañana se aclararía todo;
después preguntó cuál era la habitación de Khlebovvodov y desapareció. Me
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fui a acostar, mientras Edi revolvía papeles y se instalaba frente al
desmantelado humanizador, con el cual pasó varias horas.
Al día siguiente, cuando llamaron a la chinche, ésta no entró
enseguida a la sala de reuniones. La oímos discutir con el comandante en el
cuarto de recepción, exigiendo una guardia de honor. Edi empezó a
preocuparse y tuve que salir a ver. Ordené a Gabi que dejara de hacerse la
tonta si no quería tener problemas.
—¡Pero si sólo pido que él dé tres pasos hacia mí! —dijo la chinche,
enojada— ¡Aunque no haya guardia de honor, hace falta alguna pompa!
Después de todo no le pido que salga a recibirme con el sombrero en la
mano. Que dé tres pasos hacia mí y haga una reverencia.
—¿De quién estás hablando?
—¿Cómo de quién? Cómo se llama, el jefe... Vuniukov, ¿no es así?
—¡Pedazo de idiota! —grité—. ¡Si quieres que te escuchen entra en
seguida! ¡Tienes treinta segundos!
Gabi cedió. Murmuró algo con respecto a desobedecer todas las
reglas y entró a la sala de reuniones; sin saludar a nadie, se repantigó
odiosamente en la mesa de demostraciones. Lavr Fedotovich, hinchados y
amarillentos los ojos por los excesos del día anterior, la observó a través de
sus prismáticos; Khlebovvodov dio comienzo a la reunión con un humor
decididamente hepático.
—¿Para qué vamos a escucharla? Ya está todo decidido. Nos va a
volver locos.
—Un momento —dijo Farfurkis, alegre y animado como de costumbre
—. Ciudadana Gabi, la Troika creyó posible recibirla fuera de turno y
escuchar lo que usted describe como importantísimo anuncio. La Troika
sugiere que se a breve en lo posible para no perder un tiempo valiosísimo
¿Qué quiere anunciarnos? La escuchamos.
Gabi hizo un silencio de orador que duró unos cuantos segundos. Al
cabo se irguió ruidosamente, tomó una pose altanera y comenzó, inflando
las mejillas.
—La historia de la raza humana contiene muchos incidentes
vergonzosos de barbarie y estupidez. Un soldado bruto e ignorante apartó a
Arquímedes de un empujón. Unos sacerdotes miserables quemaron a
Giordano Bruno. Los fanáticos atacaron a Charles Darwin y a Galileo Galilei.
También la historia de las chinches contiene referencias a víctimas de la
ignorancia y del oscurantismo. Todo el mundo recuerda los insoportables
sufrimientos de la gran chinche enciclopedista Sapukol, que mostró a
nuestros antecesores, las chinches de tierra y agua, el sendero del
verdadero progreso y de la prosperidad. Imperutor, el creador de la teoría
de los grupos sanguíneos, murió olvidado y empobrecido, al igual que
Rexófobo, quien resolvió el problema de la fertilidad, y Nudin, que descubrió
la anabiosis.
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"La barbarie y la ignorancia de nuestras dos especies no pudo evitar
el dejar sus marcas en la mutua relación. En vano se han preservado las
ideas de la gran chinche utópica Platun. Ella predicó la idea de una relación
simbiótica entre hombre y chinche, no ya basado en el antiguo parasitismo
de la chinche, sino en un brillante futuro de amistad y asistencia mutua.
Conocemos ejemplos en los que el hombre ofreció paz , protección y apoyo
a la chinche, bajo este lema: "Tú y yo somos de la misma sangre". Pero las
masas chinchescas, siempre avariciosas y hambrientas, ignoraron este
llamado, repitiendo una y otra vez: "Bebimos, bebemos y beberemos".
Gabi tragó un vaso entero de agua, se secó los labios y continuó, en
un in crescendo de tiempo y volumen:
—Ahora, por primera vez en la historia de nuestras especies, nos
encontramos frente a una situación en que la chinche es quien ofrece a la
humanidad paz, protección y apoyo, pidiendo a cambio una sola cosa: que
se la reconozca. Por primera vez la chinche ha encontrado una lengua
común con el hombre. Por primera vez no se comunica con él en la cama,
sino en torno a una mesa de conferencias. Por primera vez no busca la
riqueza material , sino la comunicación espiritual. Ahora, en una encrucijada
de la historia, ante el recodo que puede conducir a ambas razas a
insospechadas alturas, ¿osaremos perder tiempo en indecisiones, seguir
una vez más la ruta de la ignorancia y de la hostilidad, negando lo obvio y
rehusándonos a aceptar que el milagro se ha producido? Yo, Gabi Chinche,
la única chinche parlante de universo, único vínculo entre nuestras dos
razas, les digo en nombre de millones y millones de semejantes: ¡recobren
el sentido! ¡Echen a un lado los prejuicios! Arrojen los grilletes del
estancamiento, convoquen cuanto de bueno y de razonable hay en ustedes
y abran los ojos a una gran verdad: ¡Gabi Chinche es un individuo
excepcional, un fenómeno inexplicado y tal vez inexplicable!
Si, la vanidad de aquel insecto era tal que dejaba pasmada a la más
loca imaginación. Comprendí que aquello no acabaría en nada bueno y
alerté a Edi con un codazo. Existía la posibilidad de que la postración
digestiva que afligía a la mayor y mejor parte de la Troika evitara todo
arrebato de pasión. Otro factor promisorio consistía en la ausencia del
disipado Vybegallo, que aún estaba en cama. Lavr Fedotovich no estaba
bien; se lo veía pálido y sudaba profusamente. Farfurkis no sabía qué
hacer; se limitaba a mirar a su alrededor, vacilando. Pensé que tal vez
aquello pasaría desapercibido, pero de pronto Khlebovvodov habló.
—"Bebimos, bebemos y beberemos". ¿y de quién creen que
hablaban? ¡De nosotros! ¡Habla de nosotros, esa piojosa! ¡Nuestra sangre!
¡Ja!
Echó a su alrededor una mirada salvaje y aconsejó:
—Yo la aplastaría ahora mismo. A la noche no nos dejan dormir y
ahora nos quieren atormentar también de día. ¡Torturadoras!
Y se dedicó a rascarse furiosamente.
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Gabi estaba asustada, pero siguió comportándose con dignidad. Sin
embargo ya estaba buscando con la vista algún rincón adecuado para el
caso de que hiciera falta. Un fuerte olor a coñac se esparció por la sala.
—¡Chupasangre! —tartajeó Khlebovvodov, saltando hacia adelante.
Se me detuvo el corazón. Edi me tomó de la mano; también estaba
asustado. Gabi se limitó a acurrucarse, horrorizada. Pero Khlebovvodov,
agarrándose el estómago, pasó corriendo junto a la mesa de
demostraciones, abrió la puerta y salió a toda velocidad. Le oímos bajar las
escaleras. Gabi se secó el sudor frío de la frente y bajó las antenas,
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