aa - La historia comenzó así
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—No sabe hablar. Sólo grazna.
—¿Es así de nacimiento?
—Yo diría que sí.
—Eso habla de una lamentable herencia —gruñó Khlebovvodov—. Por
eso se convirtió en bandido. ¿Hay antecedentes criminales?
—¿De quién? —preguntó el confundido comandante—, ¿Míos?
—No, ¿qué tiene que ver usted? Ese bandido, ¿tiene? ¿Cuál es su
apodo, Vaska?
—Protesto —dijo Farfurkis—. El camarada Khlebovvodov actúa bajo el
errado prejuicio de que sólo los bandidos tienen apodos. Sin embargo los
reglamentos establecen en el parágrafo 8, capítulo 4, parte 2, que también
se dará apodos a los fenómenos clasificados como criaturas animadas
carentes de raciocinio.
—¡Ah! —exclamó el desilusionado Khlebovvodov—, es alguna especie
de perro, ya me doy cuenta. Creí que era un bandido. Cuando yo estaba a
cargo de la oficina del Fondo de Ayuda Mutual de Actores Teatrales, bajo los
auspicios de la VTO, había un tenedor de libros que...
—¡Protesto —gimió Farfurkis—. ¡Esto está en contra de los
reglamentos! ¡No vamos a salir de aquí hasta la noche!
Khlebovvodov echó una ojeada a su reloj.
—Es cierto —dijo—. Perdón. Siga, hermano, ¿dónde andaba?
—Punto cinco. Nacionalidad: Pterodáctilo.
Todos se estremecieron, pero como se estaba haciendo tarde nadie
dijo una palabra.
—Educación: en blanco —prosiguió el comandante—. Conocimiento
de idiomas extranjeros: en blanco. Profesión y lugar de trabajo al presente:
en blanco. ¿Ha viajado al extranjero? Tal vez.
—Oh, eso está mal —murmuró Khlebovvodov—. ¡Mal! ¡Oh, vigilancia!
¿Un pterodáctilo, dijo usted? ¿De qué color? ¿Blanco o negro?
—Medio gris.
—¡Ajá! —dijo Khlebovvodov—. Y no sabe hablar, sólo graznar. Bueno,
muy bien, sigamos.
—Breve resumen de lo inexplicable: se lo considera extinto desde
hace cincuenta millones de años.
—¿Cuántos? —preguntó Farfurkis.
—Cincuenta millones, dice aquí —informó el comandante.
—Eso puede ser grave —gruñó Farfurkis, mirando su reloj—. Siga
leyendo, siga leyendo.
55
—Datos sobre los parientes más cercanos. Probablemente todos
fallecidos. Lugar de residencia permanente: Kitezhgrad, Colonia de
Fenómenos Inexplicados.
—¿Tiene documentos? —preguntó severamente Khlebovvodov.
—Más o menos. Cuando llegó fue inscripto en el registro de visitantes
honorables y allí ha estado desde entonces. Se podría decir que Kuzma
creció aquí.
Había una nota de ternura en la voz del comandante. Era obvio que
consideraba a Kuzma como a su protegido.
—¿Eso es todo? —preguntó Lavr Fedotovich—. En ese caso hay una
moción par que se llame al caso.
No hubo otras. El comandante retiró las cortinas y llamó,
amorosamente.
—Kuz, Kuz, aquí Kuz, ven, muchacho. Allá está, posado en una
chimenea, el muy tonto —dijo dulcemente—. Es tímido, muy tímido. Kuz,
Kuz, Kuz, aquí.
Y anunció, apartándose de la ventana:
—Ya viene.
Hubo un susurro correoso y un silbido; una sombra enorme bloqueó
el cielo por un segundo. En seguida Kuzma, con las membranas
estremecidas, se posó suavemente sobre la mesa de demostraciones. Plegó
las alas, levantó la cabeza, abrió su dentada mandíbula y emitió un suave
graznido.
—Dice "hola" —explicó el comandante—. Es muy cortés, el tontito.
Comprende todo.
Kuzma miró a la Troika, se encontró con la mirada mortal de Lavr
Fedotovich y de pronto se puso muy tímido. Escondió la cabeza bajo el ala,
ocultando las mandíbulas en el pecho, y espió con un solo ojo por debajo de
sus alas correosas; era un inmenso ojo verde, anacrónico. Aquel Kuzma era
un sueño. Claro que en una persona desprevenida habría tenido un efecto
espantoso. Khlebovvodov, sólo para asegurarse, dejó caer un lápiz bajo la
mesa y se metió debajo de ella para buscarlo, murmurando:
—Creía que era un perro graznador o algo por el estilo.
—¿Muerde? —preguntó Farfurkis.
—¡No, por supuesto! —respondió el comandante—. Es un animal
dócil; con sólo decirle "¡Bú!", sale corriendo. Cuando se enoja,
naturalmente... pero nunca se enoja.
Lavr Fedotovich examinó al pterodáctilo con sus prismáticos,
sumiendo al pobre bicho en un pánico absoluto. Kuzma graznó, nervioso y
terminó de esconder la cabeza bajo el ala.
—¡Ejem! —dijo Lavr Fedotovich, satisfecho y guardó sus prismáticos.
La situación pintaba bien.
—Creía que era alguna especie de caballo —murmuraba
Khlevovvodov, gateando bajo la mesa.
56
—Permítame, Lavr Fedotovich —dijo Farfurkis—. Preveo dificultades
infinitas en este caso. Si nuestra función fuera la de examinar fenómenos
desacostumbrados yo sería el primero en solicitar la racionalización
inmediata. Un cocodrilo con alas, por cierto, es un fenómeno bastante
desacostumbrado en este clima. Sin embargo nuestra meta es examinar
fenómenos inexplicados, y en eso tengo mis dudas. ¿Hay algún elemento de
lo inexplicable en el caso 2? Y si no lo hay, ¿para qué lo estamos
examinando? Si, por el contrario, lo hay, ¿de qué se trata con exactitud? Tal
vez nuestro camarada, el asesor científico, quiera decir unas cuantas
palabras al respecto.
El camarada asesor científico pudo, por cierto decir unas cuantas
palabras. En su mezcla de ruso y francés informó a la Troika que el peinado
de Marie Briboa había gustado muchísimo a los invitados a la partida de
caza del barón de Baudreille, y que el asesor científico debía admitir que, en
el pterodáctilo Kuzma, lo inexplicable estaba, es decir, en un plano que él,
el asesor científico, consideraba su amargo pero honorable deber recordar a
sus amigos, los del asesor científico; y que la condición alada del cocodrilo,
o antes bien, el hecho de que algunos cocodrilos tengan una o más alas,
aún no había sido explicado por la ciencia, y por lo tanto él, el asesor
científico, querría pedir al jardinero que le mostrara aquellas magníficas
tuberosas de las que le habíamos hablado el viernes anterior; y finalmente
él, el asesor científico, no veía razones especiales para postergar la
racionalización del caso en cuestión, pero por otra parte le gustaría tener el
derecho a estar en desacuerdo con todo lo dicho en un momento posterior.
Mientras Vybegallo mataba el tiempo y se esforzaba en ganar su
ridículo sueldo, tracé rápidamente un plan para la inminente batalla. Kuzma
me gustaba mucho, y una cosa estaba clara; si no interveníamos de
inmediato la pasaría mal.
—¡Ejem! —Dijo Lavr Fedotovich—. Alguna pregunta para el orador?
—No hay preguntas —dijo Khlebovvodov, quien una vez seguro de
que Kuzma no mordía, se había puesto odioso—. Pero creo que es un simple
cocodrilo con alas, nada más. Y el asesor científico está echándonos tierra a
los ojos sin ninguna razón. Y además noto que el comandante ha tomado
favoritos dentro de la Colonia y los alimenta con los fondos del gobierno. No
quisiera sugerir que se trata de nepotismo ni que el comandante recibe
sobornos del cocodrilo, pero los hechos son obvios. Un cocodrilo con alas es
algo bastante simple, pero lo tratan como a algo especial. Habría que
expulsarlo de la Colonia. Tendría que estar trabajando.
—¡Trabajando en qué? —preguntó el comandante, preocupado por
Kuzma.
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