aa - La historia comenzó así
Здесь есть возможность читать онлайн «aa - La historia comenzó así» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Старинная литература, на английском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.
- Название:La historia comenzó así
- Автор:
- Жанр:
- Год:неизвестен
- ISBN:нет данных
- Рейтинг книги:4 / 5. Голосов: 1
-
Избранное:Добавить в избранное
- Отзывы:
-
Ваша оценка:
- 80
- 1
- 2
- 3
- 4
- 5
La historia comenzó así: краткое содержание, описание и аннотация
Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «La historia comenzó así»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.
La historia comenzó así — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком
Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «La historia comenzó así», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.
Интервал:
Закладка:
Pero escuche. Usted está por hablarme del caso especial del Nautilus , y el
ciudadano Khlebovvodov...
—¡Calumnias! —gritó Khlebovvodov, y Konstantin se interrumpió.
—Quiero que me comprenda correctamente —dijo Farfurkis,
llevándose una mano al pecho regordete—. No es que para nosotros la
telepatía no exista. Sólo afirmamos que no es científica y que no creemos
en ella. Usted mencionó el caso del submarino Nautilus, pero es bien sabido
que fue sólo un truco burgués para desviar la atención de los pueblos del
mundo, a fin de que no repararan en los acuciantes problemas de ese
momento. Por lo tanto, su habilidad telepática, sea real o imaginaria, es
sólo un dato para su biografía personal, que en este momento es el objeto
de nuestra biografía. ¿Nota usted la falacia lógica?
—La noto —concordó Konstantin—. ¿Qué les parece si vuelo un
poquito?
—Eso sería muy interesante, por supuesto. Pero por desgracia
estamos trabajando y no podemos perder tiempo con exhibiciones, por
interesantes que puedan ser.
Konstantin nos dirigió una mirada atónita. Comprendí que su
situación era desesperada y que no había tiempo para chistes. Konstantin
no lo sabía, pero el Gran Sello Redondo estaba suspendido sobre él como la
espada de Damocles, Edi seguía dando vueltas con su juguete y yo no sabía
qué hacer. Tenía que ganar tiempo.
—Adelante, Konstantin —dije.
Konstantin obedeció. Al principio voló con mucha prudencia, temeroso
de romper algo, pero pronto se dejó llevar por el entusiasmo y realizó una
serie de impresionantes demostraciones con el continuo espacio—tiempo,
efectuando varias transformaciones del coloide viviente, con el estado
crítico de los órganos reflexivos. Cuando se detuvo yo estaba mareado, mi
pulso había enloquecido, me zumbaban los oídos y apenas pude oír la
cansada voz de aquella criatura espacial.
47
—El tiempo vuela. No tengo más tiempo. Díganme lo que hayan
decidido.
Nadie respondió. Lavr Fedotovich hacía girar pensativamente el
dictáfono entre sus largos dedos; su cara inteligente permanecía tranquila y
cavilosa. Khlebovvodov no prestaba atención a nada; al menos eso hacía
creer. Garabateó una nota y se la alcanzó a Zubo, que la leyó
silenciosamente antes de deslizar los dedos por el tablero de la
computadora. Vybegallo sufría; se mordió los labios, frunció el ceño y hasta
llegó a suspirar calladamente. La computadora eyectó una tarjeta blanca;
Zubo se la pasó a Khlebovvodov.
Miré a Edi. Tenía el humanizador sobre las rodillas y no perdía de
vista la ventana de espejos mientras manipulaba una perilla diminuta.
Contuve el aliento y observé.
—Un salto de mil años —dijo Vybegallo, suavemente.
—Un salto hacia atrás —murmuró Farfurkis entre dientes, sin dejar de
hojear el libro de referencias.
—No sé cómo podremos trabajar a partir de ahora —dijo Vybegallo—.
Hemos echado un vistazo al futuro, donde están todas las respuestas.
—Pero no las vio, ¿verdad? —se burló Farfurkis— ¿Quiere verlas?
—¿Cuál es la diferencia, una vez que estamos seguros de su
existencia? Es aburrido y tonto seguir buscando respuestas que otro ya
halló.
El visitante aguardaba, impaciente. Se sentía incómodo en aquel
sillón bajo; tenía que sentarse en una postura demasiado erguida. Sus
grandes ojos fijos tenían un desagradable reflejo rojizo. Khlebovvodov tiró
la tarjeta, escribió otra nota y Zubo volvió al tablero.
—Sé que debemos negarnos —dijo Vybegallo—, y sé que nos
maldeciremos veinte veces por haberlo hecho.
—Eso no es lo peor que podría pasarnos —dijo Farfurkis—. Sería peor
que nos maldijeran veinte veces los otros.
—Nuestros nietos, tal vez nuestros hijos, lo tomarían como cosa
natural.
—No deberíamos ser indiferentes a lo que nuestros hijos tomarán por
natural.
—Los criterios morales del humanismo —dijo Vybegallo, con una
breve carcajada.
—No disponemos de otros —contraatacó Farfurkis.
—Lamentablemente.
—Afortunadamente, colega, afortunadamente. Cada vez que la
humanidad se ha vuelto hacia los otros ha sufrido mucho.
—Lo sé. Y preferiría no saberlo —respondió Vybegallo, mirando a Lavr
Fedotovich—. El problema que tenemos delante no ha sido correctamente
planteado. Se basa en conceptos confusos, en formulaciones vagas y en la
intuición. Como científico no me haré cargo de resolverlo. No sería una
48
actitud seria ni responsable de mi parte. Sólo queda una salida: ser
hombre. Con todas las consecuencias del caso. Estoy en contra de ese
contacto.
Y en seguida gritó, excitado:
—¡Pero no por mucho tiempo! Quiero que me entiendan
correctamente. Necesitamos un plazo; ¡hace tan poco que salimos del caos!
Aún estamos hundidos en él hasta la cintura.
Se interrumpió, dejando caer la cabeza entre las manos. Lavr
Fedotovich miró a Farfurkis.
—Sólo puedo repetir lo que ya dije —pronunció éste, en voz baja—.
Nada me ha hecho cambiar de opinión. Estoy contra todo contacto por un
largo período.
Y agregó.
—Estoy completamente seguro de que la otra parte consideraría
cualquier otra decisión como prueba de presuntuosidad e inmadurez social
de nuestra parte.
Y dedicó una breve reverencia a nuestro visitante.
—¿Usted? —preguntó Lavr Fedotovich.
—Estoy categóricamente contra todo contacto —replicó
Khlebovvodov, aún garabateando—. Categórica e inequívocamente.
Y arrojó otra nota a Zubo, agregando:
—No quiero expresar mis motivos todavía, pero dentro de diez
minutos quisiera decir otras palabras sobre el tema.
Lavr Fedotovich dejó cuidadosamente el dictáfono y se levantó. El
visitante hizo lo mismo. Se pusieron uno frente a otro, separados por la
enorme mesa atestada de obras de consulta, cajas de microlibros y rollos
de videotape.
—Me cuesta mucho hablar en este mismo instante —comenzó—. Me
cuesta porque, por una parte, las circunstancias demandan una hábil
retórica, palabras que no sean sólo precisas, sino también solemnes. Sin
embargo aquí en la tierra las palabras encumbradas han sufrido las
consecuencias de la inflación durante el último siglo. Por lo tanto, apuntaré
tan sólo a la precisión. Usted nos ofrece su amistad y su cooperación en
todos los aspectos de la civilización. Este ofrecimiento no tiene precedentes
en la historia del hombre, tal como la llegada de una criatura de otro
planeta o la respuesta a su ofrecimiento. Respondemos con una negativa
con respecto a todos los puntos del acuerdo que usted nos propone,
rehusamos categóricamente ofrecer otro acuerdo y exigimos
categóricamente un definitivo punto final a todo contacto, de la especie que
sea, entre nuestras civilizaciones o entre los individuos que las representan.
Deseamos anunciar que la idea de tal contacto entre dos civilizaciones
diferentes del cosmos nos parece, en principio, prometedora y fértil.
Deseamos destacar que la idea de tal contacto ha sido siempre una de las
más nobles y preciadas metas de la humanidad. Deseamos asegurarle que
49
nuestra negativa no debe ser considerada, bajo ningún concepto, como un
acto de hostilidad, basado en enemistades ocultas o asociados con
prejuicios fisiológicos o de otro tipo de instintos. Nos gustaría hacerle
Читать дальшеИнтервал:
Закладка:
Похожие книги на «La historia comenzó así»
Представляем Вашему вниманию похожие книги на «La historia comenzó así» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.
Обсуждение, отзывы о книге «La historia comenzó así» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.