aa - La historia comenzó así

Здесь есть возможность читать онлайн «aa - La historia comenzó así» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Старинная литература, на английском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

La historia comenzó así: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «La historia comenzó así»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

La historia comenzó así — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «La historia comenzó así», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Pero escuche. Usted está por hablarme del caso especial del Nautilus , y el

ciudadano Khlebovvodov...

—¡Calumnias! —gritó Khlebovvodov, y Konstantin se interrumpió.

—Quiero que me comprenda correctamente —dijo Farfurkis,

llevándose una mano al pecho regordete—. No es que para nosotros la

telepatía no exista. Sólo afirmamos que no es científica y que no creemos

en ella. Usted mencionó el caso del submarino Nautilus, pero es bien sabido

que fue sólo un truco burgués para desviar la atención de los pueblos del

mundo, a fin de que no repararan en los acuciantes problemas de ese

momento. Por lo tanto, su habilidad telepática, sea real o imaginaria, es

sólo un dato para su biografía personal, que en este momento es el objeto

de nuestra biografía. ¿Nota usted la falacia lógica?

—La noto —concordó Konstantin—. ¿Qué les parece si vuelo un

poquito?

—Eso sería muy interesante, por supuesto. Pero por desgracia

estamos trabajando y no podemos perder tiempo con exhibiciones, por

interesantes que puedan ser.

Konstantin nos dirigió una mirada atónita. Comprendí que su

situación era desesperada y que no había tiempo para chistes. Konstantin

no lo sabía, pero el Gran Sello Redondo estaba suspendido sobre él como la

espada de Damocles, Edi seguía dando vueltas con su juguete y yo no sabía

qué hacer. Tenía que ganar tiempo.

—Adelante, Konstantin —dije.

Konstantin obedeció. Al principio voló con mucha prudencia, temeroso

de romper algo, pero pronto se dejó llevar por el entusiasmo y realizó una

serie de impresionantes demostraciones con el continuo espacio—tiempo,

efectuando varias transformaciones del coloide viviente, con el estado

crítico de los órganos reflexivos. Cuando se detuvo yo estaba mareado, mi

pulso había enloquecido, me zumbaban los oídos y apenas pude oír la

cansada voz de aquella criatura espacial.

47

—El tiempo vuela. No tengo más tiempo. Díganme lo que hayan

decidido.

Nadie respondió. Lavr Fedotovich hacía girar pensativamente el

dictáfono entre sus largos dedos; su cara inteligente permanecía tranquila y

cavilosa. Khlebovvodov no prestaba atención a nada; al menos eso hacía

creer. Garabateó una nota y se la alcanzó a Zubo, que la leyó

silenciosamente antes de deslizar los dedos por el tablero de la

computadora. Vybegallo sufría; se mordió los labios, frunció el ceño y hasta

llegó a suspirar calladamente. La computadora eyectó una tarjeta blanca;

Zubo se la pasó a Khlebovvodov.

Miré a Edi. Tenía el humanizador sobre las rodillas y no perdía de

vista la ventana de espejos mientras manipulaba una perilla diminuta.

Contuve el aliento y observé.

—Un salto de mil años —dijo Vybegallo, suavemente.

—Un salto hacia atrás —murmuró Farfurkis entre dientes, sin dejar de

hojear el libro de referencias.

—No sé cómo podremos trabajar a partir de ahora —dijo Vybegallo—.

Hemos echado un vistazo al futuro, donde están todas las respuestas.

—Pero no las vio, ¿verdad? —se burló Farfurkis— ¿Quiere verlas?

—¿Cuál es la diferencia, una vez que estamos seguros de su

existencia? Es aburrido y tonto seguir buscando respuestas que otro ya

halló.

El visitante aguardaba, impaciente. Se sentía incómodo en aquel

sillón bajo; tenía que sentarse en una postura demasiado erguida. Sus

grandes ojos fijos tenían un desagradable reflejo rojizo. Khlebovvodov tiró

la tarjeta, escribió otra nota y Zubo volvió al tablero.

—Sé que debemos negarnos —dijo Vybegallo—, y sé que nos

maldeciremos veinte veces por haberlo hecho.

—Eso no es lo peor que podría pasarnos —dijo Farfurkis—. Sería peor

que nos maldijeran veinte veces los otros.

—Nuestros nietos, tal vez nuestros hijos, lo tomarían como cosa

natural.

—No deberíamos ser indiferentes a lo que nuestros hijos tomarán por

natural.

—Los criterios morales del humanismo —dijo Vybegallo, con una

breve carcajada.

—No disponemos de otros —contraatacó Farfurkis.

—Lamentablemente.

—Afortunadamente, colega, afortunadamente. Cada vez que la

humanidad se ha vuelto hacia los otros ha sufrido mucho.

—Lo sé. Y preferiría no saberlo —respondió Vybegallo, mirando a Lavr

Fedotovich—. El problema que tenemos delante no ha sido correctamente

planteado. Se basa en conceptos confusos, en formulaciones vagas y en la

intuición. Como científico no me haré cargo de resolverlo. No sería una

48

actitud seria ni responsable de mi parte. Sólo queda una salida: ser

hombre. Con todas las consecuencias del caso. Estoy en contra de ese

contacto.

Y en seguida gritó, excitado:

—¡Pero no por mucho tiempo! Quiero que me entiendan

correctamente. Necesitamos un plazo; ¡hace tan poco que salimos del caos!

Aún estamos hundidos en él hasta la cintura.

Se interrumpió, dejando caer la cabeza entre las manos. Lavr

Fedotovich miró a Farfurkis.

—Sólo puedo repetir lo que ya dije —pronunció éste, en voz baja—.

Nada me ha hecho cambiar de opinión. Estoy contra todo contacto por un

largo período.

Y agregó.

—Estoy completamente seguro de que la otra parte consideraría

cualquier otra decisión como prueba de presuntuosidad e inmadurez social

de nuestra parte.

Y dedicó una breve reverencia a nuestro visitante.

—¿Usted? —preguntó Lavr Fedotovich.

—Estoy categóricamente contra todo contacto —replicó

Khlebovvodov, aún garabateando—. Categórica e inequívocamente.

Y arrojó otra nota a Zubo, agregando:

—No quiero expresar mis motivos todavía, pero dentro de diez

minutos quisiera decir otras palabras sobre el tema.

Lavr Fedotovich dejó cuidadosamente el dictáfono y se levantó. El

visitante hizo lo mismo. Se pusieron uno frente a otro, separados por la

enorme mesa atestada de obras de consulta, cajas de microlibros y rollos

de videotape.

—Me cuesta mucho hablar en este mismo instante —comenzó—. Me

cuesta porque, por una parte, las circunstancias demandan una hábil

retórica, palabras que no sean sólo precisas, sino también solemnes. Sin

embargo aquí en la tierra las palabras encumbradas han sufrido las

consecuencias de la inflación durante el último siglo. Por lo tanto, apuntaré

tan sólo a la precisión. Usted nos ofrece su amistad y su cooperación en

todos los aspectos de la civilización. Este ofrecimiento no tiene precedentes

en la historia del hombre, tal como la llegada de una criatura de otro

planeta o la respuesta a su ofrecimiento. Respondemos con una negativa

con respecto a todos los puntos del acuerdo que usted nos propone,

rehusamos categóricamente ofrecer otro acuerdo y exigimos

categóricamente un definitivo punto final a todo contacto, de la especie que

sea, entre nuestras civilizaciones o entre los individuos que las representan.

Deseamos anunciar que la idea de tal contacto entre dos civilizaciones

diferentes del cosmos nos parece, en principio, prometedora y fértil.

Deseamos destacar que la idea de tal contacto ha sido siempre una de las

más nobles y preciadas metas de la humanidad. Deseamos asegurarle que

49

nuestra negativa no debe ser considerada, bajo ningún concepto, como un

acto de hostilidad, basado en enemistades ocultas o asociados con

prejuicios fisiológicos o de otro tipo de instintos. Nos gustaría hacerle

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «La historia comenzó así»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «La historia comenzó así» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «La historia comenzó así»

Обсуждение, отзывы о книге «La historia comenzó así» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.