aa - La historia comenzó así

Здесь есть возможность читать онлайн «aa - La historia comenzó así» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Старинная литература, на английском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

La historia comenzó así: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «La historia comenzó así»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

La historia comenzó así — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «La historia comenzó así», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

seis hermanos de siete sexos.

El efecto de mi afirmación excedió todas las expectativas. Lavr

Fedotovich, de puro confundido, se llevó los prismáticos a los labios.

Khlevovvodov no dejaba de lamerse los labios y Farfurkis hojeaba

ávidamente sus notas.

41

Como no se podía contar con Vybegallo, me preparé para una gran

batalla: profundicé las trincheras, miné los terrenos por donde podían

acercarse los tanques y protegí las posiciones aisladas; los depósitos

rebosaban de municiones, los artilleros estaban pegados a sus armas y la

infantería había recibido un trago de vodka por cabeza. El silencio se

prolongaba, se reunían las nubes de tormenta, el aire estaba cargado de

electricidad; yo tenía la mano sobre el teléfono, listo para ordenar un

ataque atómico. Pero todos los gritos, el ruido y los alaridos que esperaban

se redujeron a un gemido. Khlevovvodov se abrió en una súbita sonrisa;

tras dirigir a derecha e izquierda los ojos oleosos se inclinó para depositar

un susurro en el oído de Lavr Fedotovich. Éste bajó sus famosos

prismáticos, se cubrió la cara con una mano y ordenó con voz vacilante:

—Prosiga con su informe, camarada Zubo.

El comandante apartó prontamente la lista de parientes e informó:

—Punto doce: Lugar de residencia permanente: la galaxia estrella

Antares, planeta Konstantina, estado de Konstantia, ciudad de

Konstantinov, número de llamada 457 punto 14—9. Eso es todo.

—Protesto —gritó Farfurkis.

Lavr Fedotovich lo miró con amabilidad. El castigo de silencio había

terminado. Farfurkis, con los ojos brillantes por lágrimas de alegría, dijo:

—¡Protesto! Había una obvia discrepancia en el dato de la edad. El

formulario da como fecha de nacimiento el año 213 antes de Cristo. Si eso

fuera así, el Caso 72 tendría más de dos mil años de edad, lo cual excede el

máximo conocido de dos mil años. Exijo que se corrija la fecha y que se

castigue al culpable.

Khlevovvodov dijo, celoso:

—Tal vez provenga de alguno de esos lugares del Cáucaso donde la

gente vive mucho tiempo. ¿Quién sabe?

—Pero permítame —barbotó Farfurkis—, ni siquiera en el Cáucaso...

—¡No le permitiré! —dijo Khlevovvodov—. ¡No le permitiré que

menoscabe los logros de nuestros gloriosos caucasianos! ¡Para que usted

sepa, allí no hay límite máximo de edad!

Y miró triunfante a Lavr Fedotovich.

—El pueblo —dijo Lavr Fedotovich—, el pueblo es eterno. Los

visitantes del espacio vienen y se van, pero nuestro pueblo, nuestro glorioso

pueblo, vivirá por los siglos de los siglos.

Farfurkis y Khlevovvodov se detuvieron a pensar, tratando de

adivinar a favor de quién había hablado el presidente. Ninguno de los dos

quiso arriesgarse. Uno de ellos estaba en la cima y no quería precipitarse

desde allí por culpa de un visitante cualquiera. El otro, aunque muy hacia el

abismo, pendía sobre un precipicio, pero acababa de recibir un cable

salvador. Entonces Lavr Fedotovich habló:

42

—¿Es todo, camarada Zubo? ¿Alguna pregunta? ¿No hay preguntas?

Bien, se mociona que se haga pasar el caso conocido como Konstantin

Konstantinov. ¿Alguna otra moción? Que pase el caso.

El comandante se mordió los labios, sacó de su bolsillo una bolita de

madreperla y la apretó, cerrando los ojos. Hubo un sonido similar al de un

corcho que salta y Konstantin apareció junto a la mesa de demostraciones.

Seguramente lo habían convocado mientras trabajaba, pues llevaba un

mameluco manchado de grasa fluorescente; tenía las manos delanteras

cubiertas por guantes metálicos y se estaba secando las traseras en los

pantalones. Sus cuatro ojos estaban aún sumidos en las reparaciones. El

cuarto se llenó de un fuerte olor a productos químicos.

—Hola —dijo Konstantin, alegre al descubrir dónde estaba—. Al fin

me han citado. Mi problema es sencillo, por supuesto; siento tener que

molestarlos por tan poca cosa, pero estoy en un callejón sin salida, y mi

única posibilidad es pedirles ayuda. No distraeré por mucho tiempo la

atención de ustedes. Les diré lo que necesito.

Y comenzó a indicar los puntos con los dedos de la mano.

—Una sierra a láser, pero de las más poderosas. Un soldador de

acetileno; sé que tienen de esos. Dos incubadoras con capacidad para mil

huevos cada una. Eso me bastará para empezar, pero también sería bueno

contar con un ingeniero calificado y obtener permiso para trabajar en los

laboratorios de FILIL.

—¿Qué clase de extraterrestre es éste? —preguntó Khlevovvodov en

el colmo del asombro y la indignación—. ¿Qué clase de extraterrestre es,

preguntó, si lo veo cenando en el hotel todas las noches? A ver, ciudadano,

¿quién es usted en realidad y cómo llegó hasta aquí?

—Soy Konstantin, del sistema Antares —respondió Konstantin,

perplejo—. Creí que ya lo sabían. Llené unos formularios y me

entrevistaron.

Vio entonces a Vybegallo y le sonrió, agregando:

—Fue usted el que me entrevistó, ¿verdad?

Khlevovvodov también se volvió hacia Vybegallo, preguntando

agriamente:

—Así que en su opinión este es un visitante del espacio exterior.

—Lo es —respondió Vybegallo con dignidad—. La ciencia

contemporánea no niega la posibilidad de que haya visitantes del espacio

exterior, camarada Khlevovvodov; no lo olvide. Es la opinión oficial; no la

mía solamente, sino la de trabajadores científicos mucho más responsables.

Giordano Bruno, por ejemplo, ha presentado declaraciones completamente

oficiales sobre este tema, y lo mismo ha hecho el académico Levon

Alfredovich Volosianis... y ... c'est ... escritores, como Wells, por ejemplo, o

Chugunets, digamos.

—Aquí están pasando cosas raras —observó Khlevovvodov, suspirando—.

Los extraterrestres parecen muy extraños últimamente.

43

—Estoy revisando la fotografía incluida en el archivo —gorjeó

Farfurkis—, y veo que, aunque hay un parecido en general, el camarada de

la foto tiene dos brazos, y este ciudadano desconocido, en cambio, tiene

cuatro. ¿Cómo se explica esto desde el punto de vista de la ciencia?

Vybegallo se embarcó en una larguísima cita en francés, cuyo tema

central parecía ser cierto tipo llamado Arturo a quien le gustaba salir al mar

por la mañana después de tomar una taza de chocolate. Lo interrumpí.

—Konstantin, por favor, mire al camarada Farfurkis.

Konstantin obedeció.

—Ah, ya veo —dijo Farfurkis—. El asunto está aclarado. Debo decirle,

Lavr Fedotovich, que el parecido entre este camarada y la fotografía es

indiscutible. Veo cuatro ojos aquí y cuatro allá. No hay nariz. Si. Boca

torcida. Todo está en orden.

—Bueno, no sé —dijo Khlevovvodov—. La prensa ha establecido

claramente que si hubiera visitantes del espacio exterior se anunciarían, sin

lugar a dudas. Y puesto que no lo hacen, no existen y son sólo una mentira

perpetrada por los pícaros.

Y agregó, dirigiéndose a Konstantin.

—¿Es usted visitante del espacio exterior?

—Si —respondió Konstantin, retrocediendo.

—¿Se ha anunciado?

—No —dijo Konstantin—; no pensaba aterrizar. Pero eso no viene al

caso.

—No, no querido ciudadano, no me venga con esas. Viene muy mal al

caso. Si usted se hubiera anunciado le daríamos la bienvenida a bordo,

compartiríamos con usted nuestro pan, nuestro vino y nuestra alegría. Pero

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «La historia comenzó así»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «La historia comenzó así» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «La historia comenzó así»

Обсуждение, отзывы о книге «La historia comenzó así» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.