aa - La historia comenzó así

Здесь есть возможность читать онлайн «aa - La historia comenzó así» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Старинная литература, на английском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

La historia comenzó así: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «La historia comenzó así»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

La historia comenzó así — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «La historia comenzó así», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

¿Acaso el ser racional tiene tanto que ver con la razón como una serpiente

de cascabel con un cencerro? ¿O es que no tiene argumentos accesibles a la

comprensión de una criatura dotada sólo de instintos primitivos?

Fue entonces cuando perdí la paciencia. Tenía un argumento muy

accesible a su comprensión, y lo empleé con placer. Mostré a Gabi mi dedo

índice y después hice el ademán de quien seca una gota sobre la superficie

de la mesa.

—Muy inteligente —dijo la chinche, palideciendo—. Eso es realmente

alta argumentación.

Fedia nos pidió tímidamente que le explicáramos aquella pantomima,

pero Gabi anunció que todo eso era una tontería.

—Estoy cansada de este lugar —dijo, en voz exageradamente alta,

mientras miraba a su alrededor con expresión altiva—. Salgamos de aquí.

33

Pagué y salimos a la calle; allí nos detuvimos, tratando de decidir

adónde iríamos. Edi sugirió que buscáramos un hotel para reservar un

cuarto, pero Fedia dijo que en Tmuskorpion no era problema encontrar

alojamiento. Los únicos residentes del hotel eran los miembros de la Troika;

el resto de los cuartos estaba vacío. Como el aspecto sumiso de la chinche

me despertaba remordimientos de conciencia, sugerí que camináramos a la

luz de la luna por la rivera del río Skorpionka. Fedia me apoyó, pero Gabi no

estaba de acuerdo. Estaba cansada, aburrida por aquella conversación

interminable y, además tenía hambre; prefería ir al cine. Nos dio pena; mi

gesto, poco diplomático, la había perturbado tanto que decidimos ir al cine

con ella.

De pronto apareció el viejo Edelweiss, lanzándose desde una

cervecería. Traía una jarra de cerveza en una mano y su artefacto en la

otra. Con la lengua torpe por el alcohol , juró fidelidad a la ciencia y a mi

persona en especial; después solicitó una asignación diaria, pago extra por

trabajo a gran altura y gastos de equipo. Le di un rublo y volvió

directamente al bar.

En el trayecto hacia el cine, la chinche no lograba tranquilizarse. Se

daba aires, picaba a los transeúntes, salpicaba aforismos y bon mots ; sin

embargo nos dábamos cuenta de que aún no las tenía todas consigo. Para

apaciguarla, Edi le habló de las grandes contribuciones a la Teoría de la

Felicidad Lineal que ella esperaba, aludiendo en forma bastante

comprensible a la fama mundial y a los inevitables viajes al exterior,

incluyendo algunos países exóticos. Gabi se animó, obviamente restaurado

su equilibrio emotivo. En cuanto se apagaron las luces de la sala salió

arrastrándose en busca de víctimas.

Edi y yo no disfrutamos en absoluto del cine. Él temía que alguien

aplastara a Gabi y yo esperaba un escándalo. Hacía calor y la película era

malísima. Cuando terminó soltamos un suspiro de alivio.

Brillaba la luna y desde el Skorpionka nos llegaba una brisa fresca.

Fedia, azorado, nos dijo que tenía un horario que cumplir; ya era hora de

acostarse. Decidimos acompañarlo hasta la Colonia a lo largo del río. Bajo

aquellos escarpados terraplenes, el antiguo Skorpionka llevaba ponzoñosos

residuos en sus corrientes cristalinas. En la otra costa se extendían grandes

prados bajo la luz de la luna. Coronas desparejas de bosques lejanos

moteaban el horizonte. Un pequeño plato volador volaba en círculos en

torno a algunas torres decrépitas y humedecidas, indicadas con luces de

advertencia.

El paseo resultó maravilloso. Fedia nos explicó el universo, e

incidentalmente descubrimos que podía ver los anillos de Saturno y la

mancha roja de Júpiter a simple vista. La chinche, envidiosa, trató de

probar que todo eso era una tontería y que el universo, en realidad, tenía la

forma de un colchón a resortes.

34

Kuzma, un pterodáctilo común, muy tímido, planeaba en torno a

nosotros. Debido a la oscuridad, no llegamos a verlo bien. En cambio

pudimos oír que se lanzaba hacia delante de nosotros, moviendo los

arbustos vecinos con un débil "cuac", de a ratos levantaba vuelo u ocultaba

la luna con sus alas extendidas. Lo llamamos, prometiéndole dulces y

amistad, pero no se acercó en ningún momento.

En la colonia nos encontramos también con Konstantin, el visitante

del espacio exterior. Konstantin era muy desdichado. Había tenido que

hacer un aterrizaje forzoso con su plato volador, hacía ya un año. El palto

estaba totalizado y Konstantin no podía quitar el campo protector de

fuerzas que creaba automáticamente al aterrizar. Ese campo no permitía la

entrada a nada extraño, Konstantin podía transportar sin problemas sus

ropas y las partes de la máquina a través de la membrana de color lavanda.

Pero la familia de ratones campesinos que por casualidad estaban en el

terreno al descender él se veían forzados a permanecer allí; Konstantin no

tenía más remedio que alimentarlos con sus propias reservas, que se

agotaban rápidamente, puesto que no podía llevar alimentos terrestres

dentro del campo protector, ni siquiera en el propio estómago. También

había dentro del escudo un par de zapatillas olvidadas por alguien en un

sendero del parque; eran los únicos productos terrestres que servían de

algo a Konstantin. Aparte de las zapatillas y los ratones, el campo había

atrapado también dos arbustos de laurel, parte de un feo banco de plaza,

tallado con toda clase de leyendas, y un cuarto de acre de suelo húmedo

que jamás se secaba.

Las cosas andaban mal para Konstantin. No podía reparar su nave,

pues los negocios locales no tenían, naturalmente, los repuestos

correspondientes ni las herramientas especiales que necesitaba. Podría

haber conseguido algunas cosas en los centros científicos del mundo, pero

para eso era menester trabajar por intermedio de la Troika. Konstantin

llevaba muchos meses de impaciente espera, aguardando a que se le

permitiera verla. Tenía algunas esperanzas de recibir ayuda por parte de los

terráqueos, pensando que al menos podrían retirar ese maldito campo

protector y llevar a algunos científicos célebres a bordo. Pero en general era

bastante pesimista; estaba preparado a aceptar que la tecnología terráquea

no le sería de ninguna utilidad al menos por doscientos años.

El plato volador de Konstantin, luminoso como un enorme farol a gas,

estaba estacionado a poca distancia de la ruta. Los pies del tripulante

asomaban por debajo de la nave, envueltos en enormes zapatillas. La

familia de ratones los miraba fijamente, pidiendo la cena con insistencia.

Fedia llamó con los nudillos contra el campo protector y Konstantin, al

vernos, salió de abajo del plato. Apartó a los ratones con un chillido y vino a

saludarnos. Naturalmente, las famosas zapatillas se quedaron dentro, cosa

que los ratones aprovecharon para convertirlas en hogar provisorio.

35

Nos presentamos, le expresamos nuestra simpatía y le preguntamos

cómo andaban las cosas. Konstantin anunció calurosamente que, al parecer

estaban marchando, y nos hizo una lista de veinticuatro artículos

indispensables de los que nunca habíamos oído hablar. Resultó ser una

persona muy sociable y amistosa. O tal vez se debía a que, en tanta

soledad, anhelaba compañía. Le hicimos preguntas a las que respondió sin

reservas. Pero no parecía estar nada bien; por lo tanto, le dijimos que no le

haría bien trabajar tanto y que era hora de dormir.

Diez minutos más tarde habíamos logrado explicarle qué era dormir;

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «La historia comenzó así»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «La historia comenzó así» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «La historia comenzó así»

Обсуждение, отзывы о книге «La historia comenzó así» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.