aa - La historia comenzó así

Здесь есть возможность читать онлайн «aa - La historia comenzó así» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Старинная литература, на английском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

La historia comenzó así: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «La historia comenzó así»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

La historia comenzó así — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «La historia comenzó así», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

como no lo ha hecho no es culpa nuestra. Su antifibraco es muy bueno,

pero aquí tenemos que vivir también. Tenemos que trabajar y no podemos

desviarnos de nuestro propósito. Ésa es mi opinión, en general.

—Ejem —dijo Lavr Fedotovich— ¿Alguna otra opinión?

—Si me permiten —dijo Farfurkis—. El camarada Khlevovvodov nos

ha pintado una imagen correcta de la situación en general. Sin embargo no

me parece que, a pesar de nuestra sobrecarga de trabajo, no deberíamos

despedir sin más a este camarada. Tengo la impresión de que deberíamos

tratar este caso desde un punto de vista más individualizado. Propongo un

examen más detallado del problema. Nadie debe acusarnos de excesiva

prisa, burocracia y falta de sensibilidad, por una parte, ni de negligencia,

exuberancia o falta de cautela por la otra. Con el permiso de Lavr

Fedotovich, me gustaría recomendar una entrevista complementaria con el

ciudadano Konstantinov, con el propósito de determinar su identidad.

—¿Qué razones hay para que reemplacemos a la policía? —dijo

Khlevovvodov, sintiendo que su derrotado enemigo volvía a escalar,

inexorablemente, los puestos altos.

44

—¡Les ruego que me perdonen! —exclamó Farfurkis—. No hablo de

reemplazar a la policía, sino de cumplir con el espíritu y la letra de los

reglamentos, que en el Parágrafo 9, Capítulo 1, Parte 6, dicen sobre este

aspecto:

Elevó la voz hasta convertirla en un repique solemne y citó:

—"En los casos en que la identificación llevada a cabo por el asesor

científico, con el representante de la administración, que conoce bien las

condiciones locales, origine dudas entre los miembros de la Troika, se

requerirá una investigación complementaria del caso, con el propósito de

determinar la identificación, efectuada, ya sea por un plenipotenciario de la

Troika o por esta misma en una de sus sesiones". Eso es lo que estoy

sugiriendo.

—Los reglamentos, los reglamentos —dijo Khlevovvodov, en tono

nasal—. Nos atendremos a la ley y perderemos el tiempo por este

mamarracho de cuatro ojos. ¡Nos está robando el tiempo, el tiempo del

pueblo!

Pronunció a gritos las últimas frases, lanzando una mirada de mártir

en dirección a Lavr Fedotovich.

—¿Por qué me trata de mamarracho? —preguntó Konstantin—. Me

insulta, ciudadano Khlevovvodov. Y ya veo que a usted le importa un bledo

si soy visitante o no; lo único que desea es moverle el piso al ciudadano

Farfurkis para enaltecerse a los ojos del ciudadano Vuniukov.

—¡Calumniador! —chilló Khlevovvodov, enrojeciendo violentamente

—. ¡Me está calumniando! ¿Qué significa esto, camaradas? Llevo veinticinco

años yendo donde me mandan. Ni una reprimenda. Siempre con ascensos.

—Está mintiendo otra vez —dijo Konstantin, tranquilamente—. Lo

echaron dos veces sin ascenso alguno.

—¡Esto es difamación! ¡Lavr Fedotovich! ¡Camaradas! ¡Está echando

sobre sí una grave responsabilidad, ciudadano Konstantin! Ya veremos qué

hicieron sus cien padres, qué clase de padres fueron. Se ha adueñado de un

instituto entero de parientes.

—Ejem —murmuró Lavr Fedotovich—. Hay una moción para poner

término al debate y concluir la sesión. ¿Alguna otra moción?.

Hubo silencio. Farfurkis ocultaba apenas su regocijo. Khlevovvodov se

secaba con el pañuelo. Konstantin miraba profundamente a Lavr

Fedotovich, tratando vanamente de leer sus pensamientos, o al menos

captar brevemente su alma, pero era obvio que malgastaba el esfuerzo. Su

cara de cuatro ojos, desprovista de nariz, expresaba la creciente desilusión

de un arqueólogo profesional que retira una antigua piedra, hunde los

brazos en el antiguo cofre del tesoro y no encuentra allí más que polvo

insustancial, telarañas pegajosas y algunos cuajos de origen indeterminado.

—Puesto que no hay otras mociones —anunció Lavr Fedotovich—

procederemos a la investigación del caso. Toma la palabra...

45

Hizo una larga pausa, durante la cual Khlevovvodov llegó al borde del

desmayo.

—...el camarada Farfurkis.

Khlevovvodov, al bode del abismo, siguió con ojos enloquecidos los

ceñidos círculos del cuervo que volaba por los cielos oficiales, ya fuera de su

alcance. Farfurkis no tenía prisa por comenzar. Describió algunos círculos

más, salpicando a Khlevovvodov con sus deposiciones, y finalmente se posó

en la cumbre, se acicaló las plumas y echó una mirada coqueta a Lavr

Fedotovich.

—Usted sostiene, ciudadano Konstantinov —comenzó— que es un

visitante de otro planeta. ¿Qué documentos puede presentar par apoyar esa

afirmación?

—Podría mostrarles mi libro de bitácora —dijo Konstantin—. Pero en

primer lugar no se puede sacar de la nave, y en segundo lugar no me

gustaría perder el tiempo, suyo y mío, presentando pruebas. He venido aquí

para pedir ayuda. Cualquier planeta suscripto a la convención cósmica está

obligado a prestar ayuda a las víctimas de accidentes. Ya les he dicho lo que

necesito y estoy esperando su respuesta. Si ustedes no están en

condiciones de proporcionármelo será mejor que me lo digan directamente.

No hay nada de qué avergonzarse.

—Un minuto —interrumpió Farfurkis—. Dejaremos a un lado la

cuestión de la competencia de la comisión presente en cuanto a prestar

ayuda a los representantes de otro planeta. Nuestro problema, por ahora,

es verificar su identidad como visitante. Un momento, aún no he terminado.

Usted mencionó un libro de bitácora y dijo que lamentablemente no se lo

puede sacar de la nave. Tal vez la Troika tuviera oportunidad de examinar

el libro de bitácora a bordo de su vehículo.

No, eso también es imposible —suspiró Konstantin, mientras

estudiaba cautelosamente a Farfurkis.

—Bueno, está en su derecho —dijo éste—. Pero en ese caso, quizás

usted pueda presentar algún otro documento que certifique su identidad y

sus antecedentes.

—Veo que ustedes quieren probar, realmente, que soy extraterrestre

—dijo Konstantin, con cierta sorpresa—. En verdad no comprendo

claramente los motivos. Pero no hablemos ahora de eso. En cuanto a las

pruebas, no dudo de que mi aspecto físico les revelará mi origen espacial.

Farfurkis meneó la cabeza, apenado.

—¡Ay, no es tan sencillo! —dijo—. La ciencia no nos da un concepto lo

bastante claro sobre lo que es el hombre. Eso es natural. Si por ejemplo la

ciencia definiera el hombre como una criatura de dos brazos y dos piernas,

ciertos elementos de la población, que sólo tienen un brazo o ninguno, se

encontrarían en una posición muy dudosa. Por otra parte, la medicina

contemporánea está realizando verdaderos milagros. Hace poco vi con mis

46

propios ojos, por televisión, un perro con dos cabezas y seis patas. No

tengo derecho a...

—Entonces si vieran mi nave... No es conocida en vuestra tecnología

terrestre.

Farfurkis volvió a menear la cabeza.

—Quiero que me comprenda —dijo con suavidad—; en nuestra era

atómica sería difícil impresionar a los miembros de un órgano autorizado,

de claridad suprema, con un artefacto tecnológico.

—Puedo leer el pensamiento —ofreció Konstantin, visiblemente

interesado.

—La telepatía no es científica —dijo Farfurkis suavemente. No

creemos en ella.

—¿De veras? —exclamó Konstantin, sorprendido—. Eso es extraño.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «La historia comenzó así»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «La historia comenzó así» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «La historia comenzó así»

Обсуждение, отзывы о книге «La historia comenzó así» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.