aa - La historia comenzó así

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Y puesto que el camarada K. K. Konstantinov no había sido certificado aún

como tal, se posponía también el otorgamiento de ayuda hasta diciembre, y

más precisamente hasta el momento de su certificación.

El Gran Sello Redondo no apareció en escena, por lo cual solté un

suspiro de alivio. Konstantin, que en ningún momento comprendió del todo

la situación, se enojaba cada vez más. Al fin escupió expresivamente en el

suelo, con un gesto muy humano, y desapareció.

—¡Esto es un ataque! —gritó Khlevovvodov, con júbilo—, ¿Vieron

como escupió? ¡Ha mojado todo el piso!

—¡Es repugnante! —concordó Farfurkis—. ¡Lo considero como un

insulto!

—¡Les dije que era un mamarracho! —dijo Khlevovvodov—. Tenemos

que llamar a la policía. Que le den quince días; que vaya a barrer las calles

con sus cuatro brazos.

—No, no, camarada Khlevovvodov —arguyó Farfurkis—. Esto ya no es

cuestión policial; usted subestima la gravedad de la situación. Esto ha sido

una escupida a la cara del público y de la administración. ¡Hay que juzgarlo!

52

Lavr Fedotovich no habló pero sus dedos pecosos recorrían

agitadamente la superficie de la mesa; estaba buscando algún botón o tal

vez un teléfono. Empezó a hablar de crimen político. Vybegallo, a quien se

le daba un bledo de Konstantin, no respondió. Tosí para llamarles la

atención; me la concedieron pero no con muchas ganas. Los ojos les

brillaban de entusiasmo, tenían los pelos de punta, los colmillos listos para

destrozar, las garras preparadas para el arañazo.

Con tanta pomposidad como me fue posible, recordé a la Troika que

iba en interés de ella mantener posiciones galactocéntricas y no

antropocéntricas. Señalé que las costumbres y expresiones de la emoción

pueden diferir, y difieren, notablemente en los seres extraterrestres. Caí en

la gastada analogía de las costumbres comparadas entre los diversos

pueblos de la Tierra. Expresé mi confianza con respecto a que al camarada

Farfurkis no le gustaría frotar narices a modo de saludo, gesto habitual

entre muchos pueblos septentrionales, pero que tampoco lo consideraría

como degradante para su puesto como miembro de la Troika. En cuanto al

camarada Konstantinov, la costumbre de escupir un líquido de cierta

composición química formado en la cavidad bucal, costumbre que entre

varios pueblos de la Tierra significa insatisfacción, enojo o deseo de insultar

al interlocutor, puede y debe expresar algo completamente opuesto para

una criatura extraterrestre, incluyendo la gratitud por la atención prestada.

La supuesta escupida del camarada Konstantinov pudo haber sido también

un acto puramente neutro, relacionado con el funcionamiento fisiológico de

su organismo.

—¡No me venga con funcionamientos! —gritó Khlevovvodov—.

¡Escupió todo el piso, ese bandido, y después huyó!

—Y finalmente —concluí, ignorándolo—, no debemos descartar la

posibilidad de que el ya mencionado acto fisiológico del camarada

Konstantinov pueda haber representado una acción conectada con su

movimiento fulminante a través del espacio.

Trinaba como un ruiseñor; observé con alivio que los dedos de Lavr

Fedotovich se iban aquietando hasta quedar posados en el secante.

Khlevovvodov seguía ladrando amenazas, pero el sensible Farfurkis había

captado el cambio de viento y soltó lo peor del golpe en una víctima

inesperada: súbitamente atacó al comandante, que, creyéndose libre de

peligro, disfrutaba del espectáculo con simple curiosidad.

—Vengo notando desde hace tiempo —tronó Farfurkis— que el

sistema educativo de la Colonia de Fenómenos Inexplicados está muy

desorganizado. No hay prácticamente conferencias de educación política.

Los audiovisuales sobre agitación pertenecen al pasado. El Instituto

Vespertino de Cultura apenas funciona. Todos los acontecimientos culturales

de la Colonia se reducen a bailes, películas extranjeras y pegajosos

espectáculos de variedades. La industria de slogans ha caído en el descuido.

Los colonos son abandonados a sus propios recursos; muchos de ellos están

53

moralmente arruinados y casi ninguno comprende la situación internacional.

Los más alejados, el espíritu de un tal Weiner, por ejemplo, ni siquiera

saben dónde están. Los resultados son la conducta amoral, el terrorismo y

las quejas del populacho. Anteayer, precisamente, Kuzma el Pterodáctilo

abandonó el territorio de la Colonia decididamente perdida toda sobriedad,

y voló sobre el Club de la Juventud Trabajadora, comiéndose las lamparitas

del letrero de BIENVENIDOS. Un tal Nikolai Delgonosikov, que se dice

telépata y espiritista, logró llegar al dormitorio de mujeres del colegio

técnico pedagógico y llevó a cabo discusiones y actos que la administración

clasificó como propaganda religiosa. Y hoy hemos tropezado con otra

lamentable consecuencia de la actitud negligente hasta lo criminal que el

camarada Zubo tiene hacia la educación y la propaganda como comandante

de la Colonia. Cualquiera sea el significado que tenga la expectoración de

líquidos originados en la cavidad bucal del camarada Konstantinov, eso

prueba que no comprende por entero donde está ni cómo debe

comportarse. Y esto, a su vez, prueba que es culpa del camarada Zubo,

quien no ha enseñado a los colonos el significado del refrán: "Allí donde

fueres haz lo que vieres". Y pienso también que debemos advertir al

camarada Zubo y ordenarle elevar el nivel de la obra educativa que se le ha

confiado.

Farfurkis se apaciguó. Fue entonces Khlevovvodov quien cargó contra

el comandante. Su discurso fue confuso, pero lleno de vagas alusiones y

amenazas tan aterrorizantes que el comandante se derrumbó por completo.

Tragó varias píldoras sin el menor disimulo. Khlevovvodov rugió:

¡Ya le enseñaré! ¿Es que no comprende o está completamente loco?

—Ejem —dijo Lavr Fedotovich al fin.

Y se dedicó a enderezar las cosas. El camarada Zubo recibió una

reprimenda por observar una conducta indigna de la Troika, expresada en la

expectoración por parte del camarada Konstantinov, y también por perder

el aura administrativa . El camarada K. K. Konstantinov fue objeto de una

advertencia por caminar por el cielo raso y las paredes sin quitarse los

zapatos. Farfurkis debió escuchar una reprimenda verbal por pasarse

siempre del límite de tiempo para el uso de la palabra, y Khlebovvodov por

violar la ética administrativa tratando de mentir al camarada K. K.

Konstantinov. Vybegallo también fue reprendido verbalmente por

presentarse a la reunión sin haberse afeitado.

—¿Hay más mociones? —preguntó Lavr Fedotovich.

Khlebovvodov se inclinó inmediatamente hacia él y le susurró algo al

oído. Lavr Fedotovich agregó, después de escuchar:

—Hay una moción para que se recuerde a ciertos representantes de

abajo la necesidad de participar más activamente en la labor de la Troika.

Ahora todo el mundo había recibido lo suyo. Nadie podía considerarse

olvidado y nada había sido pasado por alto.

—El próximo —dijo Lavr Fedotovich—. Informe, camarada Zubo.

54

—Caso 2 —leyó el comandante— Apellido: en blanco. Nombre: en

blanco. Patronímico: en blanco. Apodo: Kuzma. Fecha y lugar de

nacimiento: incierto; probablemente el Congo.

—¿Qué pasa, es mudo? —preguntó jovialmente Khlebovvodov.

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