Anna Gavalda - El consuelo

Здесь есть возможность читать онлайн «Anna Gavalda - El consuelo» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

El consuelo: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «El consuelo»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Charles Balanda tiene 47 años y una vida que a muchos les parecería envidiable. Casado y arquitecto de éxito, pasa las horas entre aviones y aeropuertos. Pero un día se entera de la muerte de Anouk, una mujer a la que amó durante su infancia y adolescencia, y los cimientos sobre los que había construido su vida empiezan a resquebrajarse: pierde el sueño, el apetito y abandona planes y proyectos. Será el recuerdo de Anouk, una persona tremendamente especial que no supo ni pudo vivir como el resto del mundo, lo que le impulsará a dar un giro radical y cambiar su destino.

El consuelo — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «El consuelo», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Charles respiró hondo una buena bocanada de aire de los suburbios y, Dios santo qué palabra más fea, verbalizó lo que llevaba rumiando en la cabeza desde hacía más de seis meses. No, veinte años.

– Yo… yo también soy de ésos…

– De ésos, ¿quiénes? -Yo también la abandoné… -Sí, pero tú la quisiste mucho…

Charles se dio la vuelta, y ella añadió, con un hoyuelo burlón en la mejilla:

– Y de hecho tal vez debería decir la «amaste»…

– ¿Tanto se notaba? -se inquietó el niño grande.

– No, no, no te preocupes. Casi nada. Era casi tan discreto como los trajes de Nounou…

Charles bajó la cabeza. Su sonrisa le hacía cosquillas en las orejas.

– ¿Sabes?, antes no me he atrevido a interrumpirte cuando afirmabas que Nounou había sido su única historia de amor, pero cuando fui al cementerio el otro día y vi esas letras color naranja que estallaban como fuegos artificiales en medio de toda esa… desolación, yo, que me había jurado que ya no iba a llorar más, te confieso que… Y luego esa mujer espantosa que cuidaba la tumba de al lado se acercó a mí chistándome. Había visto al patán que había hecho eso, qué vergüenza, de verdad, qué vergüenza… No le contesté nada. ¿Qué podía entender esa vieja? Pero pensé: ese patán, como usted dice, era el amor de su vida.

»No me mires así, Charles, acabo de decirte que ya no quería llorar más. Estoy harta ya… Y además ella no querría vernos así, sino…

Otro pedazo de rollo de cocina.

– Llevaba una foto tuya en la cartera, hablaba todo el rato de ti, nunca tuvo palabras duras sobre ti. Decía que habías sido el único hombre del mundo (y, en este caso, el pobre Nounou no cuenta, por supuesto) que se había comportado como un caballero con ella…

»Decía: menos mal que lo he conocido, ha compensado a todos los demás… Decía también que si Alexis había salido de la droga había sido gracias a ti, porque cuando erais pequeños lo habías cuidado mejor que ella… Que siempre le habías ayudado con los deberes y con las audiciones, y que sin ti habría terminado mucho peor… Que habías sido la columna vertebral de una casa de locos y…

– Lo único que… -dijo Sylvie después de un rato.

– Que ¿qué?

– Que la desesperaba, creo, era saber que os habíais enfadado…

Silencio.

– Vamos, Sylvie -consiguió articular Charles-. Terminemos ya con esto…

– Tienes razón. Ya falta poco… Bueno, total, que dejó el hospital discretamente. Se puso de acuerdo con la dirección para que los demás creyeran que se marchaba de vacaciones y ya no volvió más. A todos les decepcionó muchísimo no haber podido demostrarle su admiración y su afecto, pero como así lo había querido ella, pues nada… Pero le escribieron cartas. Las primeras las leyó y luego me confesó que las siguientes ya no, que no podía. Pero tendrías que haberlo visto… Era impresionante… Después nos fuimos llamando cada vez menos a menudo, y cada vez las llamadas eran más cortas. Primero porque Anouk ya no tenía mucho que contar, y luego mi hija tuvo gemelos, ¡y eso me dio muchísimo trabajo! Y también porque me había dicho que Alexis y ella se habían vuelto a ver, y entonces, aunque de manera inconsciente, debí de pensar que ahora él tomaba el relevo. Que le tocaba a él… Ya sabes lo que ocurre con la gente por la que te has preocupado mucho… Cuando la situación parece mejorar algo, estás encantado de poder descansar un poco… Entonces hice como tú… Me limité a una especie de presencia mínima… La felicitaba por su cumpleaños, por Navidad, le mandaba una tarjeta cada vez que nacía otro nieto mío, y postales cuando estaba de viaje… El tiempo pasó, y, poco a poco, Anouk se convirtió en un recuerdo de mi Vida de antes. Un recuerdo maravilloso…

»Y, un buen día, me devolvieron una de las cartas que le había enviado. Quise llamarla, pero le habían cortado la línea. Bueno, me dije, se habrá marchado con su hijo a algún lugar de fuera de París y seguramente tendrá ahora un montón de nietos en el regazo… Me llamará algún día y nos contaremos mil tonterías de abuelas chochas…

»Nunca me volvió a llamar. Bah… Así era la vida… Y entonces, hace tres años, creo, yo estaba en el tren de cercanías y había una anciana muy erguida en el fondo del vagón. Recuerdo que mi primer reflejo fue decirme: me gustaría ser como ella cuando tenga su edad… ¿Sabes?, como cuando se dice "es un anciano muy apuesto". Tenía una hermosa cabellera blanca, no iba maquillada, tenía la piel como la de las monjas, muy arrugada pero todavía fresca, la cintura fina… Luego se volvió un poco hacia mí para dejar bajar a alguien, y entonces me quedé pasmada.

»Ella también me reconoció y me sonrió, una sonrisa amable, como si acabáramos de vernos el día anterior. Le propuse apearnos en la estación siguiente para tomar un café. Me daba cuenta de que no le apetecía mucho, pero bueno… si me hacía ilusión, dijo…

»Y ella, que solía ser tan habladora, tan… locuaz a veces, ese día tuve que sacarle las palabras con sacacorchos para que me contara algo sobre su vida. Sí, el alquiler había subido mucho, y se había mudado. Sí, era un barrio humilde un poco difícil, pero había allí una solidaridad que no había encontrado en ningún otro sitio… Por la mañana trabajaba en un dispensario y el resto del tiempo hacía voluntariado. La gente iba a su casa, o ella hacía visitas a domicilio… De todas maneras, tampoco necesitaba mucho dinero… Era un mundo de trueque: un vendaje a cambio de un plato de cuscús, o una inyección a cambio de una chapucilla de fontanería… Parecía extrañamente tranquila, pero no desgraciada. Decía que nunca había ejercido tan bien su profesión, sentía que era aún útil, se enfadaba cuando la llamaban "doctora" y robaba droga del dispensario sin que nadie se diera cuenta. Todas las medicinas que caducaban… Sí, vivía sola, y… ¿y tú?, me preguntó. ¿Y tú?

»Entonces le conté mi rutinilla de todos los días, pero en un momento dado me di cuenta de que ya no me escuchaba. Tenía que irse. La estaban esperando.

»¿Y Alexis? Oh… Entonces se le ensombreció un poco la expresión… Vivía lejos, y ella se daba perfecta cuenta de que no le caía muy bien a su nuera… Siempre se sentía como si molestara… Pero bueno, Alexis tenía dos hijos muy guapos, una niña ya mayorcita y un niño de tres años, y eso era lo más importante… Se encontraban todos bien…

«Estábamos de vuelta en el andén cuando le pregunté si tenía noticias tuyas. Bueno, ¿sabes algo de Charles? Entonces sonrió. Claro. Claro que sabía de ti… Trabajabas mucho, viajabas por todo el mundo, tenías un estudio de arquitectura muy grande cerca de la Estación del Norte y vivías con una mujer guapísima. Una parisina de las de verdad… La más elegante de todas… Y teníais una hija mayorcita, vosotros también… Que de hecho era clavadita a ti…

Charles se tambaleó.

– ¿Qué…? Pero ¿cómo lo sab…?

– No lo sé. Me imagino que ella nunca te perdió de vista a ti.

Su rostro no era más que un puñado de músculos retorcidos.

– Me bajé en la estación siguiente sin saber ni por dónde me daba el aire y… la última vez que tuve noticias suyas fue dos meses después, cuando me anunciaron que la enterraban.

»Y no fue Alexis quien me lo dijo, sino una de sus vecinas, con la que había trabado amistad y que había buscado mi número de teléfono entre sus cosas…

Se arrebujó en su jersey.

– Y con esto llegamos al último acto… Hacía un frío de perros, la escena transcurrió unos días antes de Navidad en un cementerio horroroso. Sin ceremonia, sin discursos, nada de nada. Hasta los empleados de las pompas fúnebres estaban un poco incómodos. Echaban ojeadas inquietas aquí y allá para ver si alguien pensaba tomar la palabra, pero no. Entonces, al cabo de un ratito, se acercaron a ella y fingieron recogerse cinco minutos, con las manos cruzadas sobré la bragueta, y luego nada, bajaron las cuerdas, al fin y al cabo para eso los pagaban…

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «El consuelo»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «El consuelo» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «El consuelo»

Обсуждение, отзывы о книге «El consuelo» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.