Elia Kazan - Actos De Amor
Здесь есть возможность читать онлайн «Elia Kazan - Actos De Amor» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.
- Название:Actos De Amor
- Автор:
- Жанр:
- Год:неизвестен
- ISBN:нет данных
- Рейтинг книги:3 / 5. Голосов: 1
-
Избранное:Добавить в избранное
- Отзывы:
-
Ваша оценка:
- 60
- 1
- 2
- 3
- 4
- 5
Actos De Amor: краткое содержание, описание и аннотация
Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Actos De Amor»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.
Actos De Amor — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком
Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Actos De Amor», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.
Интервал:
Закладка:
Puso toda la marcha.
Que revienten todos. ¡Grandes y pequeños!
La ira le hizo correr rápidamente la sangre. Era vino en sus venas. Hizo marchar el auto con la misma rabia que ella sentía.
Se dirigió hacia la carretera principal y tomó una cierta dirección sin saber por qué.
Aquella noche, después de hacer el amor, Teddy le habló a Betty del resentimiento que Ethel le producía y que él había ahogado siempre.
– Siempre he vivido en tensión desde que la conocí -dijo Teddy-. No puedo recordar ni una semana tranquila, ni un día realmente tranquilo. Tal como es ahora, aquí, con el mar ahí fuera. Se está tan bien y tranquilo aquí contigo, junto a mí, respirando suavemente. Esto es lo que yo he deseado siempre -Betty se incorporó ligeramente y lo besó con simpatía. – La vida con ella era una crisis constante, siempre en aumento, y de repente murrias, y arrebatos misteriosos y esas desapariciones sin pies ni cabeza. ¡Cristo, todavía no he logrado saber cómo es realmente esa chica!
– Pero, honradamente, Teddy -dijo Betty-, alguna vez debiste de estar loco por ella. Es tan condenadamente bonita en esa fotografía.
– Una vez, sí -admitió Teddy.
– ¡Y tan sexy ! Vamos, Teddy, ya puedes contármelo. Esa parte ha de haber sido fantástica.
– También de eso tuvo demasiado -dijo Teddy-. Sexo supercargado. Eso no es amor. Eso es una especie de cosa neurótica, que la corroía. No se puede satisfacer a una chica sin juicio. Yo quiero una vida normal. ¡Ordenada! Como, por ejemplo, saber dónde podía encontrarte hoy: en la lavandería. ¡Eso fue maravilloso!
Betty le dijo que ésa era también la clase de vida que ella deseaba. Y ahora, ¿le gustaría a Teddy tomar una agradable taza de té? Ella traería las bolsitas de té y su pequeño calentador de serpentín.
– Es gracioso -comentó Teddy mientras sorbía su té de menta-. Ahora que ya he roto con ella, ahora sé cómo debiera manejarla.
Y levantó un puño.
La radio del auto estaba sintonizada en su emisora favorita. Emitían los Difuntos agradecidos.
La voz de Ethel ahogó el rock y el sonido del motor rugiendo.
– ¿Qué te he hecho yo de malo a ti, Peetie? -gritó como si estuviera frente a él-. En primer lugar, yo no quería enredarme contigo, maldita sea. -Sacudió el volante. – ¡Me acorralaste y acorralaste! Yo nunca te dije «te amo», ¿no es así? Tuve mucho cuidado con eso, fui honrada. Desde el principio te dije que sólo sería para una temporada. Eso fue tu idea, esa escena de para-siempre-jamás en el espejo. ¿Con qué derecho me has escupido en la cara como lo has hecho? Deberías darme las gracias en vez de escupirme. -Golpeó el volante. – Y tú, Noola, ¡vieja bruja miserable! ¡Cerrando la puerta en mis narices! ¿Qué demonios querías decir… que ahora ya sabías lo que siempre supiste? ¡Yo te di la idea de trabajar! ¡Te dije que un cheque semanal te convertiría en una mujer libre! ¿Con qué derecho me odias? Y Costa, tú por ahí, diciendo a la gente que no quieres que yo sepa en dónde estás. Yo te di lo que tú más has deseado en el mundo. ¡Lo que tu hijo no podía darte! Lo intenté con Teddy, Dios lo sabe, ¡lo intenté! Fue sólo por ti, Costa, sólo por ti. Porque yo te amaba. Más que a nada en el mundo, yo te he amado a ti. Y todavía te amo, solamente a ti…
Ethel oyó entonces la sirena. El agente era un hombre apuesto, instalado cómodamente en una pesada moto de color negro. Ella lo había visto siguiéndola algunos centenares de metros atrás, pero no había hecho caso.
Ethel detuvo el auto. Tomándose su tiempo, el policía se acercó a la ventanilla del auto.
– ¿Puedo ver su permiso de conducción, por favor? -preguntó con voz de tono sorprendentemente suave.
– Está aquí. -Ethel le entregó el bolso.
– ¿Le importaría buscarlo usted misma, señorita, y entregármelo?
– No puedo… ¿No lo ve usted? No puedo.
El policía de la motocicleta contempló la cara alterada y surcada de lágrimas de Ethel. Probablemente drogada, pensó. Había visto centenares como ésta. ¡Lástima de chica linda!
– No nos está permitido hacer lo que usted me pide -dijo-. Tómese su tiempo, señorita; no tenemos ninguna prisa, ¿no es así? Busque su permiso y echemos una ojeada.
Su voz la tranquilizó. Ethel buscó en su bolso hasta que encontró la cartera plana de color negro y la abrió para el agente.
– Estaba pasando de los noventa kilómetros -dijo el agente mientras examinaba el permiso-. Debería castigarla con una multa, pero ya tiene usted bastantes problemas. ¿Es usted la joven mezclada en ese asunto de cuchillo de la dársena?
– Sí. ¿Ha dicho usted que puedo irme?
– Yo solía amarrar mi cacharro por allí y tuve algunas agarradas con ese viejo griego cuando era encargado del muelle. -El agente seguía conservando el permiso de conducción de Ethel. – Hablo de ese viejo que acuchilló a míster Pete Kalkanis. Quiero decirle que…
– ¿Va usted a ponerme una multa, o no?
– Era el tipo más arrogante, el viejo más estúpido que yo nunca había… Tuve el presentimiento de que algún día haría alguna cosa como lo que ha hecho. Espero que le den lo que se está mereciendo. Pero no lo harán. ¡La justicia en este país actualmente está desquiciada!
– ¿Quiere darme de una vez el papel de la multa y callarse? De pronto Ethel puso en marcha el auto, apretando la palanca de las marchas y pisando el acelerador. Había olvidado soltar la manecilla del freno, de modo que el auto salió a tropezones antes de que ella se diera cuenta.
Doscientos metros más abajo, el agente se colocó frente a ella, con un rugido de su motor. Cuando ella se detuvo, el policía aparcó su moto contra el parachoques del auto de Ethel.
– No había terminado de hablar con usted -prosiguió con su misma voz suave de antes-. Todos esos griegos de Tarpon Springs harían mucho mejor en quedarse al norte del puente de la Bahía de Tampa -siguió diciendo mientras sacaba su bloc de multas del bolsillo posterior. Parecía demorar todo lo posible rellenar el formulario-. Esto es un aviso para presentarse ante el tribunal del juez Burley -dijo mientras le entregaba el papel-. Yo la esperaré allí. -Entonces dejó ver lo muy enfadado que estaba. – Veo que todo lo que andan diciendo por ahí de usted es verdad -añadió.
Ya eran más de las dos de la madrugada cuando llegó a casa pero llamó por teléfono a Anthea, dándole un gran susto.
– Lo sé Anthea, lo siento, perdóname. No, no, no, estoy bien. No, gracias, es muy amable por tu parte, pero no necesito que vengas hasta aquí. ¿No está Aleko contigo? Bien. Sí, me iré, mis planes no han cambiado. Lo único que deseo es hablar con Costa antes de irme. Si pudieras pedirle a Aleko, por favor, que por la mañana hable a Costa, él sabe en dónde está Costa, y le pida por favor que me permita saber dónde puedo verle. Dile que ya sé que me he portado mal. Pero ahora tengo un plan y quiero contárselo… Oh, te estoy entreteniendo; ve, ve a la cama otra vez. Lo siento, lo siento. Sólo pídele a Aleko que diga a Costa que me llame, ¿querrás hacerlo? Buenas noches.
Ethel durmió bien aquella noche, hablando con Costa en sus sueños y en sus pensamientos, representando una y otra vez la escena que confiaba tendría con él. Se despertó una vez y escribió una carta al comerciante de «Mercedes» de Tucson, pidiéndole que consiguiera lo que fuese posible por el auto de ella y le enviara el cheque inmediatamente a Costa Avaliotis, Mangrove Still. Florida, y escribiera en el sobre «Retener hasta llegada».
Esto la hizo sentirse mejor y volvió a dormirse inquieta ahora despertándose a menudo para mirar el reloj. Estaba esperando que fuesen las ocho; tenía muchas cosas que hacer aquella mañana.
Читать дальшеИнтервал:
Закладка:
Похожие книги на «Actos De Amor»
Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Actos De Amor» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.
Обсуждение, отзывы о книге «Actos De Amor» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.