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Tochi acaba de recostarse después de un vasito de tinto y el almuerzo. A sus 88 está igual que siempre, dicen todos, yo me río pues con sus amigos hablamos de él como de Highlander, el último inmortal. Pongo a lavar los platos en la misma mesada verde donde alguien tomó una hermosa foto a mamá, que ya no nos acompaña, solamente en esa eterna azalea doble que nunca deja de crecer.
Miro en silencio todas las plaquetas de sus amigos: “Al amigo Tochi, de los veteranos del Club Liniers” se repite por doquier, los señaladores, fotos y tarjetas del otro club de sus amores: Val Miñor de Floresta, el pedazote de banderín de San Lorenzo que acompaña de fondo a cada foto, el CD de Julio Sosa que le regalé al lado del de Al Jolson que le obsequió Gabriel, el menor de los cuatro.
Hago silencio y recuerdo cuando, hace quince días, acompañé a Cecilia, mi hija menor, con mi nieta Martina, a la Escuela Reconquista, a votar en las PASO y, al decirles Totchilovski, en la mesa, me dicen: “-Espere que hay otro Tochi delante suyo”. Allí reconocí y abracé a mi primo Néstor, después de casi cuarenta años de desencuentros ajenos y propios, con el mismo nudo en la garganta del 78, cuando vino a buscarme papá a Bahía Blanca.
Miro el patio de la Escuela y la Dirección, veo el bigote del fantasma del director Sanz y al gordo Andrés a lo lejos, que hace muchos años volvió a Luján, y ya no necesita ir a socorrerme, les tomo una fotografía a mi hija y mi nieta, mientras me dice el presidente de mesa que faltan votar tres Tochi, uno de ellos ya de 88 años: “-Flaco- dice, -¡decile a tu papá que ya no necesita venir a votar!
-Jaja, vos porque no lo conocés- le digo con una sonrisa y el pecho inflado. -¡Vos no sabes quién es mi viejo!!!
Cuando mis problemas se escapaban y parecían más lejanos.
Cuando tenía todo y era muy feliz.
Cuando todos se acercaban y me hablaban.
Cuando la guitarra y los amigos eran mucho.
Cuando era un fruto verde.
Cuando era el más de la familia.
Cuando sobraba amistad.
Cuando todos me ayudaban.
Y maduré demasiado.
Y fui fruto amarillo.
Y empecé a ser “daddy appeal”.
Y fui fruto naranja.
Y seguí creciendo.
Y empecé a ser más que todos.
Y todos éramos iguales.
Y mi nombre que era coro pasó a ser solista triste.
Y empecé a investigar mi interior espiritual.
Y me dije: ¿qué soy? Si soy igual que los demás.
Y hasta la guitarra se escapó: era tarde, demasiado tarde.
Y comprendí que no somos nada.
Y fui rojo, más maduro.
Y fui dólar, hoy centavo,
y me conformaría con ser peso.
Y mi lista rosa fue negra, luego.
Y me dejaron solo.
Y seguí madurando.
Y me hubiera gustado caer sobre la cabeza de Newton,
pero caí arriba de mí mismo.
Y tuve más dinero, ¿para qué?
Cuando materialmente no tenía nada era feliz.
Yesterday, much.
Today, nothing.
Tomorrow, something (ojalá).
Yes I cry tomorrow.
Solamente quiero paz, no sé si amor.
Cuando tu soledad se agranda.
Cuando tu filosofía sangra.
Cuando tu pubertad se ahuyenta.
Cuando te olvidas de mí
Cuando me olvido de ti.
Cuando se va la tarde.
Cuando no nos comprendemos.
Cuando nos falta algo, no sé.
Cuando no haya vida.
Cuando existas tú.
Cuando exista yo.
Cuando haya hijos.
Cuando haya vida.
Cuando haya pan y techo.
Cuando estemos juntos.
Cuando tú me quieras.
Cuando yo te quiera.
Cuando todo sea amor y paz y más amor.
Cuando yo sea vos y vos seas yo
y nuestro hijo sea nosotros.
Cuando todos sean iguales ante el mundo y la sociedad.
Cuando vos seas vos.
Cuando el profesor y el alumno se comprendan
Y puedan convivir.
Cuando el obrero y el patrón no sean
gato y perro.
Cuando el gato y el perro se quieran.
Cuando vos y yo nos amemos
como nosotros queremos.
Cuando el mundo sea mundo y no inmundo.
Cuando…
Y ahora que todo termina
quién mis ánimos anima.
Antes, mucho antes,
quién a mi soledad se acercaba.
Y ahora que el tiempo no pasa
quién conmigo se abraza.
Y ahora que todo finaliza
quién me regala una risa.
Y ahora que el mundo se cae
quién algo de mí extrae.
Y ahora que se acaba la vida
quién me acompaña en la huida.
Y ahora que estoy solo
por quién en mi vida lloro.
Y ahora que me siento vacío
por quién lloro y por quién río.
Y ahora que el amor termina
dónde habrá un flaco y una mina.
Y ahora que los otros se ríen
dónde habrá ejemplos que nos guíen.
Y ahora que construyen rencores
dónde dolerán los dolores.
Ahora que los libros se cierran
donde busques amistad te destierran.
El día que mataron a Rucci (2014)
Era mi primer día de trabajo, aquel 25 de septiembre de 1973, dos días después de la elección de Perón para la presidencia. Yo estaba contento, era mi primera experiencia laboral fuera de ayudar a mi viejo con su vieja sastrería e ir al colegio por la mañana, épocas en las que los menores contábamos con una vieja libreta que el Ministerio de Trabajo nos daba, cuando abrías el rubro 32 de Clarín y los “Aprendices” llovían en el espacio de varias páginas.
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