A esta riqueza geográfico-biológica corresponde también una cultural e histórica de la región, pues cuenta con un patrimonio prehispánico importante (Faugère, 2018), tanto que las culturas prehispánicas florecieron sin recibir influencia de la considerada cultura madre (olmeca). Además, en esta época esta zona era centro de actividades especializadas y de intercambio con Teotihuacán (Ramírez, 1980, en De la Peña, 2006) y hasta Centroamérica. Prueba de ello es la producción de sal, de obsidiana tallada y de conchas labradas del Pacífico; productos y artesanías que eran intercambiadas desde el occidente.
Dado que en esta región se dibujan valles en los que se asientan poblaciones y ciudades importantes, los habitantes, entre ellos, los poetas, tienen la experiencia de admirar en el horizonte la presencia de elevaciones o cerros, formados especialmente por los volcanes. Se hablará también de las costras pétreas que han dejado las erupciones volcánicas. De igual manera, la poesía experimenta el relieve altiplano o las depresiones del territorio y de la experiencia de los ríos (entubados o abiertos), de los escurrimientos de agua de lluvia y de la lluvia misma, de manera importante. También lo será la costa y el desierto. En algún poema se escucharán, además, los ecos de un lenguaje nativo purhépecha o nahua. Estos elementos biogeográficos serán reflejados en la identidad de la poesía del occidente, como se verá más adelante, en la voz de los autores o en sus obras.
Ahora bien, el occidente también refleja los procesos que caracterizan al presente a nivel global, tales como el cambio climático, en lo ecológico; o la expansión de la violencia, en lo social. Ambos procesos configuran una realidad compleja que también ha sido retratada en la poesía. El complejo integrado de estas realidades hace una interconexión de lo local con lo global. Por ejemplo, el aumento en la presión sobre la naturaleza y la degradación de los ecosistemas han desencadenado procesos de injusticia, pobreza y violencia tanto a nivel planetario como en zonas costeras, montañosas, riparias, valles y planicies del occidente del país. Además, puede apreciarse que, por ejemplo, la expansión urbana e industrial, muchas veces desordenada, existe en prácticamente todos los municipios de los estados en cuestión, lo que genera, entre otras consecuencias, asentamientos marginados, cuya población económicamente activa es expulsada a migrar (Gerritsen, et al., 2005). Este occidente mexicano también es tristemente conocido en el ámbito nacional e internacional por su irresponsabilidad en el tratamiento de las aguas servidas e industriales, colocando a la cuenca del Río Santiago en una de las más contaminadas de mundo. Sabidos son también los daños que sufre la población más pobre e indefensa de la región, incluyendo especies no humanas. Por otro lado, en la Sierra Madre Occidental y en el Eje Neovolcánico Transversal ya se han expresado efectos del cambio climático asociado a la amenaza de especies, como las mariposas monarcas que han reducido sus poblaciones (Del Castillo, 2016), también persisten las altas tasas de deforestación, la frecuencia de incendios y el aumento de plagas en los bosques. Problemas que, adicionalmente, repercuten en el azolvamiento de los lagos y en la pérdida de suelo fértil. Cabe señalar que estos desafíos son percibidos y enfrentados por los movimientos ambientales, pero también han suscitado inquietud entre los poetas participantes en el proyecto. Algunos de ellos han denunciado algunas de estas prácticas, unidos especialmente a los grupos activistas locales. Cuando se han visto amenazados manantiales por la apertura de actividades mineras o se han derribado árboles o se han hecho cambios de uso de suelo debido a la generación de espacios urbanos y comerciales, ahí han estado sumados los poetas que participan en este proyecto.
En el occidente de México se han generado conflictos graves, según Del Castillo (2016) predominan los relativos a la minería, a problemas agrarios, a los derechos indígenas, a asuntos de seguridad y justicia, medioambientales y de construcción de infraestructura, muchos de los cuales terminan en expresiones violentas; además confluye el terror causado por el crimen organizado extendido a otros delitos relacionados con la deforestación y la expulsión de poblaciones humanas, problema que tiene vinculaciones hasta países centroamericanos (McSweeney, 2014). Como se observa, en el occidente mexicano también se evidencia la desigualdad socio-política y ambiental, producida por las dinámicas del sistema capitalista (Harvey, 2006; Massey, 1984).
La literatura en la región
Ahora bien, la región occidente tiene un patrimonio literario en su haber. Así, las cuatro entidades federativas a las que pertenecen los poetas participantes han sido, de una u otra manera, motivo o inspiración de novelas. A continuación se da cuenta de algunos de estos testimonios literarios que han abordado la naturaleza en cada entidad incluida en el proyecto. Sin embargo, es necesario hacer una consideración. Desafortunadamente, el registro en internet es pobre, por lo que no ha resultado fácil dar con el nombre de novelistas y cuentistas y con el título de sus obras de narrativa; y cuando se encuentran algunos autores y títulos, la información no es precisa para identificar si abordan o no la descripción de paisajes y de la sociedad local. Esta carencia se sintió más marcada en Aguascalientes. Es decir, para hacer un recuento general de la narrativa de los cuatro estados, habría que realizar lo mismo que se hizo para la poesía: recorrer las librerías de las capitales para hacer acopio de las obras, cuestión que estuvo fuera de la intención de la presente investigación.
Resulta evidente que hay más registro del estado de Jalisco, en buena medida porque varios de los autores de esta entidad tuvieron proyección nacional tanto por la calidad de su obra como por haberse ido a vivir a la Ciudad de México, que centraliza la proyección de los creadores.
Aguascalientes
Entre los escritores de Aguascalientes está Eduardo J. Correa, que publicó en 1929 la novela El precio de la dicha y en 1931 La sombra del prestigio, ambas se desarrollan en la ciudad de Aguascalientes, aunque la denomina Termápolis. Destaca en la actualidad el prolífico autor hidrocálido Benjamín Valdivia, quien entre su variada obra publicó la novela El pelícano verde (1989).
Colima
Un reconocido escritor e intelectual colimense es Gregorio Torres, en cuyos cuentos hay descripciones sociales y ecológicas de dicha entidad. También José Lepe Preciado es un autor con narrativa que aborda asuntos sociales y descripciones del territorio de esta entidad. Lo mismo, Felipe Sevilla del Río, quien en su obra narrativa desarrolló temas ligados a Colima. Destaca la amplia producción contemporánea de Rogelio Guedea, que ha publicado alrededor de una decena de novelas y múltiples obras en otros géneros. Entre las mujeres, ambas también poetas, sobresalen Griselda Álvarez Ponce por sus libros de cuentos La sombra niña (1966) y Tiempo presente (1970); y Guillermina Cuevas, por su narrativa: Piel de la memoria (1995), Dulce y prehistórico animal (2012), Ya floreció la vainilla (2016) y Pilar o las espirales del tiempo (2002).
Jalisco
El estado de Jalisco es cuna de autores de reconocido prestigio nacional e internacional, aunque no todo lo que han escrito se remite a lugares del occidente del país, pero es posible identificar en sus novelas descripciones que resultan familiares con la geografía de dicha entidad, a pesar de que en su contenido no se explicite que se desarrollan en tal territorio.
También desarrolladas en el medio rural, con componentes de la naturaleza, las obras de José López Portillo y Rojas, especialmente sus novelas La parcela (1898) y Fuertes y débiles (1919), fueron importantes aportaciones a la literatura mexicana de principios del siglo XX. A su vez, el jalisciense Mariano Azuela realizó importantes aportes a la novela de la Revolución mexicana, en las que la descripción del medio rural siempre ocupó un lugar relevante, en su prolífica obra destacan obra como Los de abajo (1916), Malhora (1923), Los caciques (1917 y Mala yerba (1909). Por su parte, Agustín Yañez, nacido en Guadalajara, le da un sello trascendente a la novela mexicana con su obra Al filo del agua (1955) que tiene como escenario el pueblo de Yahualica, Jalisco.
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