- estimula el descubrimiento de los medios y de las nuevas tecnologías de la comunicación.
Aunque no haya espacio para revisarlas aquí, las aproximaciones al patrimonio pueden tender a ser más sensorialistas o más críticas y activas, y también pueden ser formalistas o académicas. Incluso holísticas, como la que acabamos de leer. Otras se proponen desarrollar en los jóvenes (y en los niños y adultos), tan influenciados por el sistema de consumo rápido y novedad tecnológica, la apreciación de los valores humanos en la construcción histórica; todas estas visiones, sin duda, presentan entre ellas contradicciones, por lo menos aparentes, pero también evidentes compatibilidades.
Por otra parte, hace ya algún tiempo que estas autoras ya expresaron que el tratamiento del patrimonio cultural (artístico, histórico, natural, pero también industrial, etc.) presenta una serie de ventajas educativas: permite estudios multidisciplinares: técnicos, sociológicos, históricos, geográficos, estéticos...; permite poner en práctica todo tipo de procedimientos y destrezas: observación directa e indirecta, trabajo de campo, diseño y realización de producciones con materiales y técnicas distintas, estrategias de interpretación, capacidades de evaluación y comunicación..., y favorece actitudes de reflexión, conservación, recuperación, sensibilización, tolerancia, pluralismo y valores de multiculturalidad... (Calbó y Juanola, 1999, 1-3).
Además, creemos con Short, Erickson y Cunliffe, (1999), que el aprendizaje centrado en el patrimonio, además de favorecer la percepción en todas sus posibilidades, desarrolla estrategias y capacidades como:
- la expresión de las propias emociones,
- la toma de decisiones y opiniones,
- la interdisciplinariedad y el trabajo en equipo,
- la familiarización con oficios tradicionales y con las nuevas tecnologías,
- la conexión con la cultura, la función y la época del objeto «patrimonial»,
- el planteamiento del futuro a partir del significado que encarna hoy en día,
- y la investigación.
Estas estrategias y habilidades superan el marco estricto de la educación artística, e incluso museística y patrimonial, y configuran, en gran parte, los procesos de la educación: de la EDUCACIÓN con mayúsculas, esa educación moral de Dewey, o esa pedagogía de la emancipación. O, en términos también muy contemporáneos, esa educación ambiental postmoderna, ecofeminista (una educación que no sea ambiental no puede llamarse educación) (Orr, 1992; Prakash, 1995).
A través de nuestro análisis de las oportunidades y recursos que presenta la educación del patrimonio para la educación (que es siempre educación para la vida o no es educación), y en particular para la educación artística (que tiene que cumplir la misma condición), podríamos atender a la multiplicidad de aprendizajes planteado en las dimensiones que ya hemos propuesto en otras ocasiones (Calbó y Juanola, 1999, Calbó, 2004; Calbó, 2005), enmarcándonos en la educación ambiental: 5 5 . Numerosos autores proponen que los tres ejes de la educación ambiental sean educación sobre, a través y para el ambiente. Por ejemplo, véase Sterling y Cooper (1992). 6 . Este aspecto forma parte del estudio en el que estamos inmersos (Vallès, 2005).
- Conocimiento sobre el patrimonio: observar, percibir, representar, aprender datos, estilos, materiales, contextualizar en el lugar y en la cultura...
- Conocimiento a través del patrimonio: hacer arte y desarrollar modos de conocer de todo tipo (perceptivo, expresivo, emocional, de valor y actitud, de interpretación y crítica, de acción y cambio, de colaboración, etc.) a través del patrimonio, utilizándolo como tema y motivación, como posible proyecto o diseño de cambio, como lugar de creación..., y entendiéndolo desde un punto de vista global, multicultural y ambiental.
- Conocimiento para (o a favor de) el patrimonio: desarrollar actitudes y valores de conservación y respeto, y a la vez de crítica y comprensión intercultural, así como aprender a actuar responsablemente y solidariamente a favor del patrimonio local y global, entendido en un sentido amplio.
En definitiva, la educación del patrimonio es educación para todas las etapas, los contextos, las sociedades, los diversos aconteceres individuales y colectivos. Porque si es educación sobre, a través y para el patrimonio, entonces es educación sensorial, educación perceptiva, educación corporal, educación espacial, educación emocional, educación expresiva y comunicativa, educación activa (creatividad), educación comprensiva (interpretación), educación estética, educación cognitiva, educación crítica, educación ambiental (y para el sentido de lugar), educación multicultural, educación ética, educación para todos (inclusiva).
O debe de serlo, o tender a serlo, si quiere ser llamada con propiedad educación.
Percepción y crítica / interpretación y creación: algunas ventajas del arte para la educación sociocultural (o la educación estética y la educación artística)
Hace falta comprender, o resaltar y difundir, que la educación artística es educación pertinente en los museos y en el patrimonio, pero en cualquier ámbito de éstos: museos de artes y de ciencias, patrimonio monumental, intangible, natural o histórico.
Si lo es, es porque las personas crecen, conocen y mejoran a través de la cultura. Lawton (1983 y 1989, en Gimeno Sacristán, 1991) habla de nueve parámetros que toda cultura presenta: estructura social, sistema económico, sistema de comunicación, sistema de racionalidad, sistema tecnológico, sistema moral, sistema de creencias, sistema estético, sistema de maduración. Bennett (1986, en ibid.) propone siete sistemas: lenguaje, valores, actitudes, costumbres, estructura social, conocimientos-creencia, tecnología, y expresión estética.
Hace falta aprender de la realidad para innovar el currículum, y nuestra percepción es que no se aprovechan los potenciales integradores, 6 6 . Este aspecto forma parte del estudio en el que estamos inmersos (Vallès, 2005).
multiculturales e inclusivos de áreas curriculares más allá de las Ciencias Sociales y el Lenguaje, mientras que en países con una más larga tradición multicultural, como los EUA o el Reino Unido, y probablemente en Latinoamérica, existe un movimiento hacia lo multicultural bastante estructurado en el campo del arte y el patrimonio.
Pero, incluso antes de un estudio sistemático, está la consideración contemporánea sobre la educación multicultural, que como la educación ambiental o la educación para la paz –no es casualidad que muchos de sus objetivos y contenidos se superpongan e interseccionen– se entiende como una perspectiva educativa que tiñe cualquier área curricular o proyecto interdisciplinar, cualquier actuación educativa. La educación multicultural es una auténtica dimensión transversal en educación, y tiene que ver, claramente, con una perspectiva actitudinal y ética sobre los contenidos conceptuales y procedimentales de cualquier área.
Creemos que un modo de acercarse a las culturas desde el ámbito de los valores propios (pero también compartidos en muchos aspectos) es la educación artística y estética. Se puede trabajar el arte y el patrimonio artístico de cientos de culturas y en cualquier momento de la historia desde el área de educación artística. Ello hace posible sensibilizar al alumnado hacia la comprensión de las distintas manifestaciones que adquiere un mismo fenómeno, el arte. Se descubren formas culturales diferentes a la propia, mientras se trabajan asimismo objetivos propios de la disciplina, esenciales como instrumentos para la convivencia plural, como por ejemplo, el sentido crítico.
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