Sin embargo, dentro de los procesos de integración entre objeto y espectador, querría resaltar los efectos sobre la interpretación de la profundidad de la experiencia y referenciado cultural más amplio del espectador, sobre todo en cuanto al arte se refiere. Las respuestas no son totalmente lineales, pero pueden estratificarse en capas de relación inmediata y niveles de descubrimiento más profundos. El proceso de integración puede ser profundamente exploratorio, y requiere una agilidad mental capaz de profundizar en la memoria, así como recoger o responder a una reacción improvisada. Existen, en potencia, grandes complejidades entre lo general y lo particular, entre las variaciones individua les y los temas de aplicación general, y entre certidumbres (factores materiales) y aquellos objetos que no son tan evidentes y dependen de estrategias de interpretación.
Se podrían situar dentro de una «jerarquía de compromiso», ofreciendo una oportunidad al espectador, o espectadores respondiendo en grupos, de fl uctuar en su contemplación del objeto de arte de los fenómenos observables a los ocultos. Así pues los aspectos físicos del objeto y del espectador constituyen las bases inmediatas para la comparación y el intercambio, las historias y asociaciones más ocultas en ambos casos, que requieren un acceso privilegiado, tal como la lectura de un texto, el conocimiento previo, o investigación, o un conocimiento más especializado. Los aspectos más obvios de los encuentros forman la base para un compromiso inmediato, compartiendo percepciones, los más intensivos facilitan los medios para la diferenciación intelectual y social. Curiosamente, cuanto más profundos y especializados son los encuentros, menos solitario y social será el campo de encuentro. Sin embargo, cuanto menos social, más potencial ofrece para el desarrollo personal y la transformación intelectual y social.
A continuación, quiero reflexionar un poco más sobre el concepto de valores compartidos, o ‘comunidades’ en referencia a la relación con el museo y cómo éstos han sido modelados de diversas maneras. De nuevo Eilean Hooper-Greenhill, se refiere al concepto de comunidades interpretativas, según la definición de los medios de comunicación: como aquellas personas que comparten las estrategias de interpretación parta asignar sus intenciones. También trata de la agrupación de interpretaciones en categorías, con referencias culturales comunes y ejemplos de aprendizaje social. Esto funciona bien como idea generativa para aquellos que pretenden comunicarse como una comunidad, por ejemplo, periodistas, o quizás conservadores, que tienen un lenguaje común o un medio de comunicación preferente, tal como el periódico, o el catálogo, etiqueta o texto mural. Iría más lejos y sugeriría que las personas pueden deliberadamente retirarse de una comunidad interpretativa como medio de distinguirse. El impulso de diferenciar y singularizar al individuo, ya sea objeto o persona, es tan fuerte en el mundo del museo, especialmente en el caso del arte y del museo del arte, como la tendencia a unificar (si no más), y eso se remonta a los análisis de Pierre Bourdieu.
El sociólogo francés Pierre Bourdieu ha ejercido gran influencia en los debates sobre el museo, particularmente el museo de arte, como espacio socialmente diferenciado, donde la gente puede alinearse con las prácticas de la élite. 3Sus puntos de vista tienen mayor repercusión en el contexto de la tradición de museo de la alta burguesía francesa que todavía dominaba cuando él escribió sus primeros textos sobre este tema en la década de los años setenta. En el Reino Unido ha habido una tradición más antigua de museos utilizados pragmáticamente para la educación, fines filantrópicos, compromiso social, exploración y celebración de la diversidad cultural. No obstante, el concepto de amante del arte, partidario de una contemplación tranquila y entendida continúa prevaleciendo bien como estereotipo, bien como ideal.
Sin embargo, en mi opinión, los aspectos clave de cómo grupos de personas se alinean con objetos puede que no primen ni los factores sociales ni los intelectuales, sino que afecte a aspectos culturales y ahí tenemos algunos de los temas más interesantes para los educadores. En relación con los objetos, una comunidad interpretativa puede situarse en cualquiera de las categorías de relación, tales como: ritual, ceremonia, valores comunes, creencias, costumbres, profesiones y ocupaciones. No obstante, éstas son culturales, con una serie de comportamientos e historias asociadas. Utilizo aquí el término «cultura» en un sentido antropológico, refiriéndome a valores y prácticas, comportamientos y actitudes comunes. Más adelante entraré a debatir aspectos específicos de la cultura del museo y de la cultura de la escuela –y sus diferencias y similitudes. Lo cierto es que no es el cambio de personas a comunidades lo que querría realzar como algo importante en cuanto al modo en que se interpreta, sino la clase de valores, comportamiento y prácticas, las culturas más amplias que han determinado qué son y cómo cambian –razón por la cual la cultura es más importante que las comunidades interpretativas– ya que valora el cambio dentro de un marco más amplio que incluye historias y tradiciones.
COMPORTAMIENTO «MALO», ARTE Y EL BUEN CIUDADANO
La ciudadanía en las etapas clave 1 y 2 pretende transmitir a los niños el conocimiento, destrezas y comprensión que necesitan para llevar vidas independientes, sanas y seguras, y para ser ciudadanos responsables activos e informados. La ciudadanía ayuda a los niños a desarrollarse como miembros de escuelas, vecindarios y comunidades más amplias. Se interesa por temas del bien y el mal, derechos y responsabilidades, justicia, normativas y leyes, poder y autoridad, igualdad y diversidad, comunidades e identidades, democracia, conflicto y cooperación. Conforme los niños crecen y se desarrollan, los ciudadanos les ayudan a pensar y hablar sobre temas relacionados con estos conceptos cuando van surgiendo en sus vidas y en las vidas de los demás (incluyendo su presentación en los medios de comunicación.
(Extraído de los consejos de ciudadanía para gestores de escuelas en el Reino Unido en National Curriculum, 2000, < http://www.standards.dfes.gov.uk/schemes2/ks1-citizenship /managerguide?view=get>)
Me gustaría estudiar el caso específico del museo y la escuela, donde considero que las cuestiones de cultura y valores son muy interesantes y pertinentes. Los alumnos de una misma clase en la escuela pueden provenir de orígenes muy diversos y en palabras de Bourdieu pueden abarcar categorías sociales relacionadas naturalmente con museos, pero estar vinculados por los aspectos culturales de su sistema educativo. También pueden constituir una «comunidad interpretativa» en cuanto que comparten sus intenciones y medios de comunicación, pero creo que la importancia de este punto queda ensombrecida por factores culturales característicos de la escuela como institución. En la escuela, predominan las normas de buen comportamiento, y aparte de unos escasos ejemplos de lecciones menos formales (sobre todo en arte, tecnología y economía doméstica), las convenciones son universales, por ejemplo: alumnos sentados en pupitres para trabajar, dirigiendo su atención hacia el profesor, haciendo su trabajo, en períodos limitados de tiempo, normalmente de unos 40 minutos cada uno. El grupo distintivo domina la cultura de la escuela: el profesor se dirige a la clase como grupo y establece condiciones para la respuesta colectiva y logros en el contexto del grupo. Se dan a conocer los resultados y se comparten los objetivos. El sistema se basa en la evaluación, y las etapas de progreso están claramente establecidas. Se premian la diligencia y el trabajo duro. En el Reino Unido durante los últimos cinco años, se ha prestado más atención a la formación de buenos ciudadanos.
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