Aprovechando el cabal respaldo de su hermano José, que había quedado como presidente municipal en Huatabampo a la salida de las autoridades locales porfirianas, Álvaro Obregón ganó las elecciones que por la presidencia municipal tuvieron lugar en septiembre de 1911. El proceso puede caracterizarse por dos elementos: fueron unas elecciones muy cuestionadas y fue decisivo el respaldo que le dieron los indios mayo, predominantes en aquel distrito. [5] Aunque el puesto no tenía mayor relevancia, medio año después cambió drásticamente su derrotero biográfico. En efecto, en el vecino estado de Chihuahua estalló la muy amenazante rebelión orozquista. [6] Para mejor combatirla, los gobernadores de los estados norteños procedieron a organizar fuerzas ‘irregulares’, leales a ellos y al presidente Madero. Obregón, en tanto presidente municipal de Huatabampo, no sólo organizó un contingente, sino que se puso al frente de él. Así se legitimó entre los elementos revolucionarios; no haber participado en la lucha maderista pasó a un segundo plano. Sobre todo, éste fue el origen de su fulgurante carrera militar. Rápidamente organizó una fuerza de poco más de cien hombres, la mayor parte mayos, quienes usaban todavía el arco y las flechas. Su nombre fue el 4° Batallón Irregular de Sonora y, como todos, fue adscrito al Ejército Federal, en particular a las filas del general Agustín Sanginés, [7] bajo cuyo mando estuvo varios meses. Aunque mucho se ha destacado la intuición militar de Obregón, lo cierto es que aquella experiencia militar en el Ejército Federal implicó un notable aprendizaje castrense. Por si esto fuera poco, en la campaña contra los orozquistas estableció sus primeros vínculos con otros jefes sonorenses, los que serían sus compañeros en los años por venir: uno de ellos fue el comisario de Agua Prieta, Plutarco Elías Calles. [8] El grado que alcanzó entonces fue el de coronel. Así regresó a Huatabampo, como el coronel Álvaro Obregón; pronto vendrían otros ascensos.
Menos de un año después tendría que retomar las armas para rechazar el cuartelazo perpetrado por Victoriano Huerta. Su respuesta fue como la de muchos jefes revolucionarios sonorenses, quienes se aliaron con sus autoridades civiles, encabezadas por el gobernador interino Ignacio Pesqueira, [9] quien sustituyó a José María Maytorena, [10] el que pidió licencia, pues como miembro de la élite local intuía que la lucha contra Huerta terminaría, necesariamente, por tener un claro contenido social. Con una decisión que preveía el futuro y que hacía poca justicia a los antecedentes, el exgarbancero y revolucionario tardío, el presidente municipal de Huatabampo, donde estuvo al frente del 4° Batallón de Irregulares, de poco más de cien elementos mal armados, fue designado jefe del Departamento de Guerra de todo el estado de Sonora. Con dicha decisión del flamante gobernador, Obregón quedó por encima de revolucionarios que procedían de la etapa precursora, como Manuel Diéguez, líder de la huelga de Cananea, [11] o de varios que habían destacado en la lucha maderista de 1910, como Salvador Alvarado o Juan G. Cabral. [12] Al margen de los consabidos celos, la decisión probó pronto ser acertada. A los pocos meses, las fuerzas rebeldes dominaban por completo el estado de Sonora, habiendo sido barridas las tropas huertistas. El primer triunfo de Obregón tuvo como objetivo controlar la estratégica plaza fronteriza de Nogales; luego tomó Cananea y a mediados de abril le arrebató Naco al general federal Pedro Ojeda. Al mes siguiente vendrían los triunfos de Santa Rosa y Santa María, donde venció a generales profesionales tan connotados como Miguel Gil y Luis Medina Barrón. [13] Su exitosa campaña le valió el ascenso a general brigadier. Incluso quienes le tenían envidia, como Salvador Alvarado, reconocieron sus capacidades táctica y estratégica, además de su valor como soldado. Acaso su primera gran decisión estratégica haya tenido que ver con el puerto de Guaymas: dado que había sido fortalecido por el gobierno huertista, Obregón decidió no intentar una costosa toma, en vidas y elementos municionísticos; prefirió dejarla debidamente sitiada para que sus ocupantes no pudieran salir de ella ni intentaran recuperar el estado o atacar la retaguardia obregonista.
Álvaro Obregón, presidente municipal de Huatabampo, Sonora. Jesús H. Abitia, 1912. Colección particular.
Todo lo anterior vino en abono de que Obregón fuera nombrado por Carrranza como Jefe del Cuerpo de Ejército del Noroeste, [14] lo que lo hacía superior a los demás cabecillas sonorenses y a quienes se le fueran sumando en su próximo camino al centro del país. En todo caso, para finales de 1913 inició su campaña sobre Sinaloa, tomando Culiacán y Topolobampo, y estableció una relación de dominio sobre los jefes locales, como Felipe Riveros y Ramón F. Iturbe. [15] Después de una relativa inactividad, debida a que tuvo que esperar a que Pablo González pudiera hacer un descenso al centro en forma simultánea, Obregón inició en marzo su avance contra la Ciudad de México. Así, en mayo ya dominaba Mazatlán y Tepic, y para principios de julio ocupó Guadalajara —luego de los cruentos combates de Orendáin y El Castillo— y después Colima.
El esforzado propietario de la Quinta Chilla y exitoso joven militar estaba próximo a convertirse en figura de alcance nacional. Luego de tomar Guadalajara se internó al centro del país, vía Irapuato, Salamanca, Celaya y Querétaro, para llegar a las goteras de la Ciudad de México al mismo tiempo que Pablo González. El Primer Jefe Carranza tomó entonces una decisión que sería extremadamente provechosa para Obregón. En efecto, acordó que éste firmaría los Tratados de Teoloyucan con los derrotados gobierno y ejército huertistas. [16] También decidió Carranza que luego hiciera Obregón la entrada triunfal a la Ciudad de México. En cambio, dispuso que los gonzalistas recibieran las armas y el parque que debía entregar el disuelto Ejército Federal. En síntesis, a éstos les dio elementos de fuerza, pero a Obregón lo acercó a la gloria histórica, [17] imprescindible para iniciar la creación de su figura de caudillo. No hay duda: la imagen de vencedor del huertismo —firmando su rendición en el fanal de un automóvil— y de libertador de la capital del país catapultó el capital político de Obregón: su fama pública.
Su nueva dimensión le permitió pasar de la milicia regional a la política nacional. Para comenzar, un par de semanas después, con la autorización del Primer Jefe, Obregón se dirigió a Chihuahua para conferenciar con Villa. Luego, juntos se dirigieron a Sonora; el objetivo era conminar a Maytorena, quien había recuperado la gubernatura, a que aceptara el predominio del Cuerpo de Ejército del Noroeste, o sea de Obregón, mediante jefes leales a éste que habían permanecido en la entidad, como Benjamín Hill y Plutarco Elías Calles. Todavía en septiembre, Obregón hizo un segundo viaje a Chihuahua, para volver a entrevistarse con Villa. El tema fue muy distinto: el jefe de la División del Norte le anunció su rompimiento con Carranza y lo invitó a acompañarlo en la defección. El rechazo de Obregón provocó su ira. Varias versiones —todas diferentes— sostienen que el sonorense estuvo cerca de morir a manos de Villa. Más parecido a un operador político que a un jefe militar, Obregón hizo una tercera negociación en aquel mes de septiembre de 1914: se dirigió a Zacatecas para convencer a varios jefes villistas de que aceptaran asistir a la Convención que ellos mismos habían acordado con Carranza. [18] El acuerdo fue que sólo asistirían si la Convención tenía lugar en Aguascalientes, ciudad neutral, y no en la capital del país, dominada por el carrancismo.
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