Me gustaría que la enseñanza de la geografía tomara realmente como punto de partida el lugar donde viven los niños. [...] Cuando los niños conozcan lo que llaman «patria chica», en la otra orilla del Rin, habrá llegado el momento de mostrarles la gran Patria. [...] Me gustaría que, principalmente, hubiera hechos y datos que pusieran de manifiesto cómo cada parte de Francia contribuye a la grandeza y a la prosperidad de todo el país. 6
La llamada petite patrie , como la Heimat alemana, podría ser una zona más o menos extensa: la ciudad, el départament o incluso la región. El significado subjetivo, que lo asociaba con la familia, las raíces, el amor, las emociones o los cuidados, era decisivo.
Entonces se podría decir: «El amor de la petite patrie es la base del amor a la gran Patria». Esta frase se expuso repetidamente en el discurso pedagógico durante décadas, como en esta cita tomada del prólogo a un libro de historia escrito por uno de los historiadores republicanos más famosos de finales del siglo XIX:
Francia es una e indivisible, pero se compone de diferentes partes, cada una de las cuales tiene su espacio como unidad. Somos franceses, pero también somos de Bretaña, Normandía, Picardía, Flandes, Lorena, Borgoña, Provenza, Languedoc o Gascuña. Todos nosotros tenemos una patria chica de la que amamos los paisajes familiares, los trajes, las costumbres, el acento y de la que nos sentimos orgullosos. No hay nada más legítimo que amar esta patria chica, nada es más natural, nada es más apropiado para fortalecer el amor por Francia, nuestra patria común. 7
Hay que destacar que, en la promoción de las culturas regionales, estas eran consideradas desde una simple perspectiva patrimonial. La enseñanza regionalista no significaba mantener vivas las culturas populares realmente existentes. Era, más bien, una promoción del folclore tal como había sido creado por los eruditos desde principios del siglo XIX. Es decir, era más una cultura de exposición, de espectáculo, alabada como herencia y utilizada para actos festivos, colecciones de museos y estudios etnográficos. Este punto de vista patrimonial se expresó claramente en las cuestiones lingüísticas. El francés era el único idioma que se enseñaba en la escuela en el territorio estatal, a pesar de la fuerte diversidad lingüística de Francia y la codificación de las lenguas subnacionales durante el siglo XIX (principalmente el bretón y la lengua de oc). Los dialectos del francés y otras lenguas (bretón, occitano, vasco o flamenco) fueron tratados como lenguas inferiores y corruptas, y fueron prohibidos en las escuelas, a pesar de que muchos maestros podían entenderlos y hablarlos. A veces, estos profesores eran miembros de asociaciones que promovían dichos dialectos en la poesía y la narrativa. Las autoridades estatales prohibirían repetidamente la enseñanza de otras lenguas que no fueran el «francés nacional». No obstante, se animó a los maestros para que hicieran estudios locales, desde la historia, la geografía, el folclore y las ciencias naturales. En la época se escribieron numerosas monografías sobre las aldeas, y no solo lo hicieron los maestros de las escuelas, sino también los sacerdotes, porque el clero católico, en un contexto de intensa competencia entre la República y la Iglesia, también se dedicó con fuerza al ámbito de los estudios locales. 8
Durante la Tercera República se publicaron numerosos libros escolares de carácter regional. Sus autores eran profesores, directores de écoles normales (escuelas de formación del profesorado) e inspectores escolares. Había algunas series transregionales pero no un modelo nacional. Los textos que se presentaban en estos libros se extraían de publicaciones académicas, publicaciones de las sociedades eruditas, observaciones de viaje y textos literarios. (Algunos maestros de este periodo publicaron novelas regionales o poesía).
En estos libros de texto, la petite patrie , a menudo, era descrita como un valioso componente del maravilloso mosaico nacional, pero también podía ser presentada de otra manera notable. La petite patrie fue concebida, entonces, como la quintaesencia de la nación, como una miniatura de la gran nación. 9 Por ejemplo:
Casi todas las páginas de la historia de nuestro departamento ejemplifican la gran Historia de Francia. 10
Historia local: significa el estudio de la historia nacional basada en el conocimiento de hechos pasados que han dejado vestigios en la región, en la ciudad cercana. 11
Entonces, lo fundamental para una petite patrie era que fuera descrita como un resumen de la gran nación, que es, a su vez, un resumen de segundo grado de Europa.
Estos libros no solo proporcionaron un gran conocimiento de la petite patrie , sino también el discurso apropiado para alabarla. En el prólogo y en los textos, estos libros se dirigían a los niños y les decían que su petite patrie era maravillosa y que nunca debían abandonarla. 12 Durante la Tercera República, el llamado «éxodo rural» llevó a los campesinos franceses no a emigrar al extranjero, sino a abandonar sus aldeas para ir a las ciudades industriales francesas. Los libros de texto regionalistas dieron muy poco espacio al mundo urbano e industrial, presentado no como el presente y el futuro de Francia, sino más bien como un mundo ajeno, deshumanizante y horroroso.
En realidad, estos reiterados llamamientos a los niños para que permanecieran en sus petite patrie , para que resistieran cualquier tentación de dejarla, podían entenderse como un llamamiento para que los futuros ciudadanos permanecieran en su espacio, es decir, su espacio social. Los numerosos discursos sobre la diversidad de las regiones, todos diferentes pero complementarios, fueron haciendo hincapié, probablemente, en una metáfora de la nación que reconocía las diferencias, pero las presentaba desde una perspectiva pacífica de complementariedad. Cada ciudadano sería valorado, entonces, por la permanencia en su lugar de nacimiento, donde se merecía tener una vida feliz y próspera. Libertad, igualdad y fraternidad, pero no movilidad. Esta concepción de la nación suena conservadora, pero hay que subrayar que los movimientos izquierdistas del periodo no consideraban la movilidad social como algo positivo. La creciente movilidad social de los individuos fue presentada generalmente como una traición a la clase social de origen. En las novelas de inclinación izquierdista, los escritores regionalistas describían la marcha de los campesinos a las ciudades industriales como una entrada en el «ejército del Capital».
Esta característica del regionalismo como conciliador nacional se pudo observar con motivo de la Exposición Internacional de Artes y Técnicas de París en 1937. El Centro de Exposiciones francés se organizó bajo el signo del regionalismo. 13 Esta estrategia de la exposición, decidida antes de las elecciones que llevaron a la formación del Gobierno del Frente Popular, fue aceptada por el gobierno de Leon Blum. Y, como pusieron de relieve los discursos oficiales, esta referencia al regionalismo debía mostrar la unión de todos los franceses en tiempos difíciles: «El patriotismo y el regionalismo no son contradictorios». 14
Tres años después, la Tercera República se derrumbó, en unos pocos días, tras la victoriosa invasión alemana. El Gobierno del mariscal Pétain hizo un uso fuerte y lleno de referencias al regionalismo en su propaganda en favor de la llamada Revolución Nacional. 15 Las artes y las prácticas regionales fueron recomendadas encarecidamente. O, mejor dicho, esta propaganda exaltó las provincias y el provincialismo, términos que son más coherentes con la ideología monárquica de Charles Maurras y de Action Francaise . (Hablar de regiones y regionalismos sonaba mucho más republicano). Durante todo el periodo de ocupación de la Alemania nazi, el discurso nacionalista incitó a los franceses a volver a la tierra, a reafirmar a Francia como un país católico y rural. El uso de las petites patries era, en muchos aspectos, similar a los « Heimats secuestrados» de la Alemania nazi y la España franquista, estudiados por Xose-Manoel Núñez y Maiken Unmbach:
Читать дальше