Ramón Pérez de Ayala - Viajes

Здесь есть возможность читать онлайн «Ramón Pérez de Ayala - Viajes» — ознакомительный отрывок электронной книги совершенно бесплатно, а после прочтения отрывка купить полную версию. В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: unrecognised, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Viajes: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Viajes»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

En este volumen se recoge una amplia selección de las crónicas periodísticas escritas para diarios españoles y argentinos (
El Imparcial,
España Nueva,
ABC,
El Sol y
La Prensa) con motivo de los viajes de Ramón Pérez de Ayala a diversos países de Europa y América: Inglaterra, Italia, Estados Unidos, Argentina, Chile, Perú y Bolivia.Al mismo tiempo, esta selección de artículos sobre los viajes que realizó supone un recorrido por la vida del escritor: viajes que marcaron su formación intelectual, viajes que influyeron en su vida, viajes deseados y otros forzados por circunstancias ajenas al deseo; viajes que, en definitiva, fueron conformando una vida.

Viajes — читать онлайн ознакомительный отрывок

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Viajes», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

La naturaleza en las islas británicas nos adoctrina también, pero con un gesto femenino y precioso de bas-bleu. En Box Hill hay praderas impecables de terciopelo lustrado; setos vivos de zarzamoras que corren geométricamente; robles, nogales y castaños de España, muy decorativos; casitas de aldea, con muros bermellón, caperuzas carmesí y colgaduras de hiedra; y una colina, que es la que da nombre al lugar, la cual, rotunda como un cráneo y gigantesca, tiende sobre los campos que la ciñen una visera giratoria de sombra, según el día se levanta y desciende. En una de estas casucas, acurrucada en la falda de la montañuela, como perrillo a los pies de su dueño, vive un viejecito, muy viejecito, cuyo torso se inclina bajo la pesadumbre de la gloria ganada, del injusto reproche, del olvido habitual y del eterno futuro misterioso. A la mañana, suele el viejo pasear por los caminos aldeanos, en un carricoche que un buen burro de mansa condición arrastra. Y el viejecito, de vez en cuando, dirigiéndose paternalmente al asno, le dice:

—Amigo burro, detén tu brava impetuosidad juvenil. Párate, amigo burro.

Entonces el anciano espacia sus ojos caducos sobre la frescura matinal de la tierra callada, sobre aquel polícromo escenario que le dio la pauta de su prosa, hasta el horizonte derretido en niebla, que le sirvió de ideal para su poesía.

Y hoy, como el viejecito paseara en su carricoche, reprimiendo a las veces la honesta fogosidad de su buen burro, de mansa condición en medio de todo, hete aquí que a la revuelta de una calleja aparecen varios señores muy smart, uno de los cuales conduce con evidentes precauciones cierto envoltorio.

Es que el viejecito cumple hoy los ochenta años, y estos señores vienen a hacerle un regalo.

EN CASA DEL VIEJO

El caballero del envoltorio comienza a desliar papeles, papeles, papeles, hasta que descubre un cartapacio de piel azul con sendas G. M. de oro en cada una de las cuatro esquinas; dóblase por la cintura, en una gran reverencia, alargando al propio tiempo el cartapacio al viejo, quien lo abre a seguida y comienza a leer claros caracteres dibujados en unos folios de pergamino. Y dicen así:

«A JORGE MEREDITH O. M. AL CUMPLIR SUS OCHENTA AÑOS

Querido míster Meredith, muchos paisanos de usted acudirán hoy a felicitarle. Nosotros, por nuestra parte, queremos hacerle presente el gran reconocimiento y gratitud que le debemos por la espléndida obra, en prosa y poesía, con que usted ha tenido a bien regalarnos; manifestarle nuestra alegría al ver que el público de día en día aprecia mejor esta obra, y darle las gracias por el ejemplo, que usted supo poner ante el mundo, de los más altos ideales encarnados, no sólo en libros, mas en la vida también. De todo corazón deseamos que su salud y felicidad continúen como al presente. Mr. Swinburne, Mr. Thomas Hardy, Mr. John Morley y Mr. Frederick Greenwood».

A continuación de estas cuatro gloriosas firmas van 200 más, las de todos aquellos que representan algo en la literatura o en el arte.

Y este viejecito, el primer novelista inglés vivo y uno de los primeros entre todos, estilista maravilloso y gran poeta, ha recibido el mensaje con los ojos húmedos de emoción.

Si viviera en España le hubiéramos llamado Mamut.

UN SIGLO

EN 1814, a unos campesinos de Weare Giffard, Devonshire, les nació un hijo, a quien pusieron el nombre de John. Estaba a la sazón Inglaterra con las sienes revestidas de húmedos laureles y el pecho estremecido aún de ardor sublime y palpitante orgullo. En aquel mismo año, Wellington, el guerrero flemático, el cazador astuto e impasible, abatiera el magnífico vuelo del águila en las llanuras de Waterloo. Albión tenía al pájaro imperial cautivo en una jaula de vidrio, de tedio azul y de amargura infinita. Britania regía el curso tempestuoso de las ondas universales. Las cenizas de Nelson, bajo las bóvedas de San Pablo, rehogaban el espíritu patriótico, como rescoldo vivo de heroicidad, bravura y abnegación. Pero el pueblo tenía hambre. El gran monstruo glorioso y exangüe rugía a las veces con aullidos famélicos.

Los primeros años de John transcurrieron en la paz agreste de la granja paterna, sobre las praderas rasas y suaves, bajo la gravedad serena de un cielo gris, entre dulces lontananzas violadas por donde se cernían los latidos del mundo lejano. En las noches invernales, defendiéndose el niño de los embates del sueño, escuchaba la charla que a la vera del hogar sustentaban sus padres con otros labriegos vecinos. Eran vibrantes historias de batallas, de lejanas tierras, de soles de fuego, y también opacas narraciones de ciudades vecinas, pero incógnitas; de sordos rencores, de injusticias y otras cosas que él no podía entender. Hablaban de unos hombres que querían dar la tierra a los aldeanos que la cultivan, e iluminar el entendimiento humano. Estos hombres se llamaban filántropos —¡cosa más rara…!—, su jefe era un tal Spencer, e iban de un lado a otro encendiendo la voluntad de las gentes. Una noche de verano, a fines de agosto, el concilio labriego, congregado ahora al aire libre, bajo los árboles, alborotó más que de costumbre. Se oían de vez en cuando ahogadas exclamaciones de rencor. Uno de los presentes había traído la noticia: «Manchester, una ciudad sombría, y en ella, las muchedumbres enardecidas con estandartes: ¡Abajo la ley de los trigos, Parlamento anual, Sufragio universal, Votos por escrutinio…!; luego un orador, Hunt; unos soldados de caballería que se precipitan sobre la multitud indefensa…, 400 muertos y heridos; ancianos, niños, mujeres…». John tenía cinco años. Aquella noche olía a heno seco y había estrellas en el cielo.

Otra noche hubo un pequeño jolgorio o francachela. Los ingleses tenían un nuevo rey, Jorge IV. John tomó guindas en aguardiente y lloró de alegría al saber que mandaba en Inglaterra un señor nuevo, Jorge, y además IV, vaya usted a averiguar por qué esto último.

A los ocho años John fue de aprendiz a casa de un ebanista, en Torrington. El maestro leía gacetas que le llegaban de Londres y discutía cosas de política y gobierno con sus compadres; y, no estando estos presentes, adoctrinaba al aprendiz en las artes de la talla y en la ciencia del librecambio. «Era menester este régimen… Adam Smith estaba en lo cierto… Los fisiócratas…». Demasiada algarabía para un aprendiz, y aun para un maestro. Este, en cierta ocasión, llegó al taller con los ojos llenos de lágrimas. Lord Byron, el poeta apasionado, bello y cojo, había muerto en Missolonghi, defendiendo la independencia helénica, con la clara y divina palabra «Grecia» en los labios. John tenía entonces trece años de edad. Poco antes de un año de esto, el ebanista dio al aprendiz la gran nueva de que el duque de Wellington era presidente del Consejo de minis tros, y bastante tiempo después (1833) le comunicó, muy solemne y emocionado, que la esclavitud estaba abolida.

A los veintiún años John entró en Londres con las herramientas del oficio al hombro, metidas en un saco de lona. Al día siguiente encontró colocación en casa de un fabricante de cajas de pianos. Trabajó leal e intensamente, ahorró dinero, se estableció con su hermano, se separó de él y puso un taller independiente: «John Brinsmead, calle de Windmill». Su edad era de veintitrés años.

Por aquellos días murió el rey y vino a sustituirle en el trono una jovencita, Victoria de nombre. John quiso verla el día de la coronación y fue muy de mañana a los jardines de Kensington, en donde, encaramándose sobre la cerca, consiguió una buena atalaya. Al cabo de unas cuantas horas, en medio del fausto palaciego y militar, en su grande estuche dorado pasó aquella niña de suaves ojos azules, mejillas levemente empurpuradas y expresión de asombro y cortedad. John gritó hasta desgañitarse, como sus conciudadanos, presa de un entusiasmo que no atinaba a explicarse del todo.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Viajes»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Viajes» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Viajes»

Обсуждение, отзывы о книге «Viajes» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.

x