»Había dudado mucho antes de regalarme este anillo, me confesó, porque, según su amigo Herbert Boardman, esa imagen estaba relacionada con un tema muy recurrente en el repertorio de la gemología antigua, el de los "sacrificios campestres".
»A partir de ahí enlazó con una larga teoría sobre la noción de sacrificio con las Elegías de Fulanito y toda la peña con ilustración sonora, pero yo ya no lo escuchaba. Contemplaba su reflejo en la olla de cobre y pensaba que había tenido suerte de crecer bajo la mirada de un hombre tan delicado…
»Pues, ¿sabes?, me decía, esa noción de sacrificio es muy relativa y…
»Take it easy, Dad, lo tranquilicé, sabes perfectamente que there is no sacrifice at all en todo esto… Anda… Concéntrate porque si no se te va a quemar la mermelada…
Kate se puso de pie suspirando:
– Ea. Se acabó. Usted haga lo que quiera, pero yo me voy a dormir…
Charles le quitó la bandeja de las manos y se fue a la antecocina.
– Lo increíble -le dijo desde allí- es que, con usted, todo son historias, y todas las historias son bonitas…
– Pero claro que todo son historias, Charles… Absolutamente todo y para todo el mundo… Lo único que pasa es que nunca hay nadie que quiera escucharlas…
* * *
Kate le dijo: la última habitación al fondo del pasillo. Era un pequeño dormitorio abuhardillado, y Charles, como en el de Mathilde, estuvo un buen rato contemplando las paredes de ese adolescente. Una foto en especial retuvo su atención. Estaba clavada con chinchetas encima de la cama, en el lugar habitual del crucifijo, y la pareja que salía sonriendo le provocó la última emoción del día.
Ellen era exactamente como Kate la había descrito: radiante… Pierre salía besándola en la mejilla sujetando en brazos a un niño pequeño dormido.
Charles se sentó en el borde de la cama, con la cabeza inclinada y las manos entrelazadas.
Qué viaje…
En toda su vida jamás había sentido un desfase tal… Esta vez no se lamentaba, sencillamente estaba… perdido.
Anouk…
¿Qué lío era ése ahora?
¿Y por qué te marchaste, cuando toda esa gente a la que habrías adorado se había esforzado tanto por seguir adelante?
¿Por qué no viniste a verla más a menudo? Tú que siempre nos repetías una y otra vez que a la verdadera familia la conoce uno en el camino…
¿Qué me dices entonces? Esta casa era la tuya… Y esta nuera, también… Te habría consolado de la otra, de la de verdad…
¿Y por qué no te volví a llamar nunca más? He trabajado tanto durante estos años y, sin embargo, no dejaré nada que me sobreviva… Los únicos cimientos importantes, los que me han llevado hasta esta habitacioncita y que habrían merecido toda mi atención, los llené a base de egoísmo y de concursos… La mayoría de los cuales perdí… No, no me flagelo, tú habrías odiado que lo hiciera, sólo…
Charles se sobresaltó. Un gato había encontrado su mano.
En una de las paredes del cuarto de baño descubrió la letra de Kate en versión original. Era una cita de E. M. Forster que decía más o menos:
«I believe in aristocracy, though… Y, sin embargo, creo en la aristocracia. Si es que es el término exacto, y si es que puede emplearlo un demócrata. No en una aristocracia basada en el rango y la influencia, sino en la de las personas solícitas, discretas y valientes. Los miembros de esta aristocracia se encuentran en todas las naciones, en el seno de todas las clases sociales y en todas las edades. Y hay una suerte de complicidad secreta entre ellos cuando se cruzan unos con otros. Representan a la única y verdadera tradición humana, la única victoria permanente de nuestra extraña raza sobre la crueldad y el caos.
»Miles de ellos perecieron en la oscuridad; pocos son grandes nombres. Están a la escucha de los demás como de sí mismos, son atentos sin exagerar, y su valentía no es una pose sino más bien una aptitud para soportarlo todo. Y además… they can take ajoke… tienen sentido del humor…»
Pues sí que…, suspiró Charles, ya que se había ido sintiendo cada vez más poquita cosa conforme Kate le contaba su vida, pues, hala, ahora encima esto… Hace tan sólo unas horas habría leído ese texto reparando tan sólo en algunos dilemas de traducción, queer race, swankiness… Pero en ese momento de verdad oía las palabras. Había comido sus bizcochos, había bebido su whisky, se había paseado con ellos toda la tarde y los había visto encarnarse en una sonrisa al borde siempre de las lágrimas.
El castillo ya no estaba, pero la nobleza permanecía.
Encorvado y con el pantalón por los tobillos, Charles se sintió avergonzado.
Mientras paseaba la mirada por el papel pintado rosa, descubrió la antología de haikus.
La abrió al azar y leyó:
Sube despacio
pequeño caracol
¡Estás en el monte Fuji!
Charles sonrió, le dio las gracias a Kobayashi Issa por su apoyo moral y se durmió en una cama de adolescente.
* * *
Se levantó al alba, liberó a los perros y, antes de meterse en el coche, dio un rodeo para atrapar los primeros rayos de sol sobre las paredes ocre de la cuadra. Pegó las manos a la ventana, vio a un montón de jóvenes dormidos, fue a la panadería y compró una hornada entera de cruasanes. Bueno… de lo que la vendedora, todavía abotargada de sueño, llamaba cruasanes…
Un parisino habría dicho: «Esa especie de brioches torcidas…» Cuando volvió, en la cocina olía muy bien a café, y Kate estaba en su jardín.
Charles preparó una bandeja con el desayuno y se reunió con ella.
Kate dejó a un lado las tijeras de podar, caminaba descalza sobre el rocío, tenía aún más cara de sueño que la panadera y le confesó que no había pegado ojo en toda la noche.
Demasiados recuerdos…
Juntó las manos sobre el cuenco de café para entrar en calor.
El sol se levantó en silencio. Kate ya no tenía nada que decir, y Charles, demasiado que desentrañar…
Como los gatos, los niños vinieron a frotarse contra el cuerpo de Kate.
– ¿Qué van a hacer hoy? -le preguntó Charles.
– No lo sé… -Su voz sonaba algo triste-. ¿Y usted?
– Tengo mucho trabajo…
– Ya me lo imagino… Lo hemos apartado del buen camino…
– Yo no diría eso…
Y como la conversación iba tomando aires de blues, Charles añadió más alegremente:
– Tengo que irme a Nueva York mañana, y, por una vez, iré en plan turista… Voy a una fiesta de homenaje a un viejo arquitecto al que aprecio mucho…
– ¿En serio, va usted a Nueva York? -preguntó Kate, contenta-. ¡Qué suerte! Ay, si me atreviera le pediría que me…
– Atrévase, Kate, atrévase. Dígame.
Mandó a Nedra a que le trajera algo de su mesilla de noche, y se lo tendió a Charles.
Era una cajita metálica con un tejón dibujado en la tapa.
Badger
Healing balm
Relieffor hardworking hands
Alivia las manos de los que trabajan duro…
– ¿Qué es, grasa de tejón? -preguntó Charles, divertido.
– No, de castor, creo… Sea lo que sea, no conozco nada más eficaz… Antes me las mandaba una amiga desde Nueva York, pero se mudó…
Charles dio la vuelta a la caja y tradujo en voz alta:
– «Paul Bunyon dijo un día: denme el Badger suficiente, y podré eliminar las grietas del Gran Cañón.» Caramba, nada menos… ¿Y dónde lo puedo encontrar? ¿En un drugstore?
– ¿Irá usted por la zona de Union Square?
– Desde luego -mintió Charles.
– Miente…
– En absoluto.
– Mentiroso…
Читать дальше