– Porque soy arquitecto -contestó.
– ¿Y eso qué tiene que ver?
– Me gusta entender por qué se sostienen en pie los edificios…
– ¿Ah, sí? Y entonces, nosotros, ¿qué somos? A zoo? Some kind of boarding house or… a hippy camp?
– No. Son… Aún no lo sé… Lo estoy pensando. Ya se lo diré… Y ahora, vamos… Estoy esperando la historia de Yacine…
Kate estiró la nuca. Estaba cansada.
– Unas semanas más tarde, me llamó por teléfono la simpática, a la que le gustaban mis normas… Me repitió cuánto lo sentía, se puso a despotricar contra la administración y sus reglamentos estúp… Entonces yo la interrumpí. No importaba. Ya lo había superado.
»Y justamente, a propósito de eso… Tenía ahí a un niño que necesitaba unas vacaciones… Vivía con una de sus tías, pero la cosa no marchaba nada bien… ¿No podríamos, quizá, pasar por alto la bendición del consejo general? Sólo sería cuestión de unos pocos días… Para que el niño pudiera cambiar un poquito de aires… No se habría atrevido a saltarse las normas de esa manera si hubiera sido otro niño, pero éste, ya lo vería, era de verdad asombroso… Y la chica añadió riendo: "¡Creo que se merece ir a ver a sus ratones!"
»Era para las vacaciones de Semana Santa, creo… Una mañana me lo trajo "a escondidas", si se puede decir así, y… ya conoce usted al personaje… Lo adoramos enseguida.
»Era irresistible, hacía un montón de preguntas, se interesaba por todo, era muy servicial, se había enamorado de Hideous, madrugaba mucho para ayudar a Rene en la huerta, sabía lo que significaba mi nombre y les contaba muchísimas cosas a mis pequeñajos que nunca habían salido de ese pueblo…
«Cuando la trabajadora social vino a recogerlo, fue… horrible.
»Yacine lloraba a moco tendido… Me acuerdo que lo cogí de la mano y me lo llevé hasta el fondo del patio, y entonces le dije: "Dentro de unas semanas llegarán las vacaciones de verano, y entonces te podrás quedar dos meses…" Pero él, contestó entre hipidos y sollozos, quería quedarse pa-ra sieeeeeem-preeeee. Le prometí que le escribiría a menudo, y entonces dijo que vale, que si le daba la prueba, de que no lo olvidaría, entonces de acuerdo. Vale, se subiría al coche con Nathalie…
»Mientras achuchaba a su perro preferido para despedirse de él, ella, esa fantástica funcionaría que funcionaba según lo que le dictaba su corazón, me confesó antes de irse que el padre de Yacine había matado a su mujer a golpes delante del niño.
»Para mí fue un shock. Eso me pasaba por jugar a las damas de la caridad… Quería montar un campamento de vacaciones, no que me cayera encima otro aluvión de desgracias y de tristeza…
»Pero bueno… ya era demasiado tarde… Yacine se marchó, pero lo que no se me iba de la cabeza era la imagen de un hombre machacando a la madre de sus hijos en un rincón del salón… Y yo que pensaba que ya estaba un poco curtida… Pero no. La vida siempre nos reserva bonitas sorpresas…
»De modo que le escribí… Le escribimos todos… Saqué un montón de fotos de los perros, las gallinas y de Rene, y le metía una o dos en cada carta… Y volvió, a finales del mes de junio.
»Pasó el verano. Llegaron mis padres. Se metió a mi madre en el bolsillo y repetía con ella los nombres en latín de todas las flores; luego le pedía a mi padre que se los tradujera. Mi padre leía bajo la gran robinia, y le declamaba: Tytire, tu patulae recubans sub tegmine fagi, enseñándole a cantar el nombre de la bella Amaryllis…
»Yo era la única que conocía su historia y me maravillaba que un niño que había vivido cosas tan terribles pudiera ser un elemento tan apaciguador…
»Los niños se burlaban todo el rato de él porque era muy miedica, pero él no se molestaba nunca. Decía: os miro porque medito sobre lo que hacéis… Yo sabía muy bien que ya no quería volver a correr el más mínimo riesgo de hacerse daño nunca más. Los dejaba jugar a los "indios que torturan" y se iba con Granny a contemplar las rosas…
»A partir de mediados de agosto empecé a hacerme mala sangre por su marcha.
«Habíamos quedado con Nathalie en que vendría a buscarlo el 28. El 27 por la noche Yacine desapareció.
»Al día siguiente, organizamos una batida entre todos para encontrarlo, pero fue en vano. Y Nathalie se marchó muy preocupada. Esta historia podía costarle cara… Le prometí que se lo llevaría yo misma en cuanto lo encontrara. Pero al día siguiente seguía sin aparecer por ningún lado… Nathalie estaba ya asustadísima. Había que llamar a los gendarmes. ¿Y si se había ahogado? Mientras trataba de tranquilizarla, vi algo raro en la cocina y le dije: déjame un poco más de tiempo, y si no te prometo que aviso a los gendarmes…
»Los niños estaban muy angustiados, cenaron en silencio y se fueron a la cama, llamándolo por los pasillos.
»En mitad de la noche fui a la cocina a prepararme un té. No encendí la luz, me senté en un extremo de la mesa y le hablé: Yacine, sé dónde estás. Ahora tienes que salir de ahí. No querrás que los gendarmes vengan a sacarte de ahí, ¿no?
»No hubo respuesta.
»Naturalmente…
»Yo en su lugar habría hecho lo mismo, de modo que hice lo que habría querido que hicieran conmigo, de haber estado en su lugar.
»Yacine, escúchame. Si sales ahora, me las apañaré con tus tíos y te prometo que te podrás quedar con nosotros.
»Por supuesto, era un riesgo, pero bueno… Por varias alusiones que me había hecho Nathalie, había comprendido que el tío en cuestión no estaba muy por la labor de tener una boca más que alimentar…
»Yacine, please. ¡Te vas a llenar de pulgas si sigues ahí con el perro! ¿Acaso te he mentido una sola vez desde que me conoces?
»Y entonces oí: "Ayyyyyy… ¡No te imaginas el hambre que tengo!"
– ¿Dónde estaba? -quiso saber Charles.
Kate se dio la vuelta.
– En ese banco de ahí, el que está contra la pared y que parece un gran baúl… No sé si puede verlas, pero en la parte de delante hay dos aberturas… Es un banco-caseta de perro que encontré en un anticuario nada más mudarnos aquí… Me parecía una idea genial, pero por supuesto los perros nunca quisieron meterse ahí dentro… Prefieren los sofás de Ellen… Y ese día, como por casualidad, Hideous estaba ahí metido y ni siquiera había salido para babear alrededor de la mesa mientras cenábamos…
– Elementary, my dear Watson -dijo Charles sonriendo.
– Le di de cenar, llamé a su tío y lo inscribí en el colegio. Y ésta es la historia de Yacine… En cuanto a Nedra, llegó de la misma manera, como de contrabando, pero en circunstancias mucho más dramáticas… Lo único que sabían de ella era que la habían encontrado en una especie de casa ocupada o algo así y que tenía rotos los huesos de la cara. Fue hace dos años, ella debía de tener tres, en fin… Nunca se supo mucho más… Y a Nedra también me la trajo Nathalie.
»También en este caso iba a ser algo provisional… El tiempo de que se le curara la mandíbula, que le habían roto de una bofetada o alguna agresión, de que pasara la convalecencia mientras le buscaban algún familiar en alguna parte…
»Y créame, Charles, cuando se tienen todos los dientes de leche pero ningún documento de identidad, la vida es muy complicada… Dimos con un médico que aceptó operarla cobrando en dinero negro, pero para todo lo demás es desesperante. No han querido aceptarla en el colegio, así que las clases se las tengo que dar yo. Bueno… hago lo que puedo, porque como no habla…
– ¿Nada de nada?
– Sí… algo… Cuando está sola con Alice… Pero lleva una vida de perros… No. Perdón. No tiene ni comparación con mis perros. No es nada tonta y entiende perfectamente su situación… Sabe que pueden venir a buscarla en cualquier momento, y que yo no podré hacer nada por evitarlo.
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