Elia Kazan - Actos De Amor

Здесь есть возможность читать онлайн «Elia Kazan - Actos De Amor» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Actos De Amor: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Actos De Amor»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Título original "Acts of Love" traducción de Montserrat Solanas

Actos De Amor — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Actos De Amor», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Costa alzó el brazo que había estado debajo del niño. Lo tenía vendado con una tela -parte de una funda de almohada-empapada en sangre.

– Yo también puedo denunciar -dijo Costa.

El policía cracker miró al barbero de pie en la puerta del porche.

– Debería usted llevarlo al hospital -dijo el policía griego a Aleko, que estaba sentado en un rincón de la habitación.

– Si voy al hospital, tengo que explicar en dónde me han hecho esto. Dime, policía, el barbero usa su navaja con enemistad contra cliente, ¿me entiende? Su licencia, etcétera, etcétera, cuéntemelo.

Ambos policías se volvieron y miraron al barbero que había retrocedido hasta el extremo del porche.

– ¿Va a presentar usted cargos? -preguntó el policía cracker.

– El olvida, yo olvido -dijo Costa.

El barbero asintió y comenzó a bajar los escalones.

Entonces el policía griego entró directamente en materia.

– Ahora no debe usted hacer nada -le dijo a Costa en griego-. Prométamelo o yo…

– ¿Tú qué? -replicó Costa en el mismo lenguaje-. Vete de prisa de aquí, antes de que el diablo te coma. Eres griego, has oído lo que ha estado sucediendo. Mi hijo, él, no está aquí. Sabes que yo he de hacer algo, no importa qué, ni yo sé el qué, pero algo debo hacer, es mi deber para con la familia, tú sabes eso.

– ¿Qué es lo que ha dicho? – le preguntó el policía eracker a su compañero griego.

– Ha dicho que el incidente ha terminado.

Costa tenía todavía algo que decir al policía griego antes de que se marchara.

– Cuando estas cosas suceden -dijo-, volvemos al lugar de donde vinimos. ¡Sus leyes de aquí no significan nada! Tú conoces nuestras leyes.

El policía se despidió en inglés, y añadió en griego: -Buena suerte.

Una hora después, aproximadamente, con el niño en el asiento posterior protegido detrás de la reja de su parque plegado, Aleko y Costa se dirigieron al Sur, en el auto. Él cielo estaba oscureciendo, y la carretera densa con el tráfico del final del día.

Aleko detuvo su auto frente a la entrada de la dársena. Llegaba luz desde la oficina y desde algunas de las embarcaciones. De los cruceros habitados provenía un agradable murmullo. La gente estaba cenando.

Dejando a su amigo al cuidado del bebé, Costa caminó lentamente bajando por la rampa hasta la oficina a nivel del agua. Presentaba un aspecto poco impresionante, con su brazo izquierdo en cabestrillo, su estómago demasiado voluminoso, su grueso cabello negro en desorden, su paso ondulado sobre los dedos de los pies; pero parecía que se dominaba a sí mismo totalmente.

No esperaba encontrar a nadie en la oficina.

– Hola, míster Avaliotis -le dijo la mujer de la limpieza.

– Hola, Clem. -Costa sonrió a la mujer. Aparentaba estar, ella diría más tarde, como de costumbre.

Saltó una cuerda y siguió por un muelle estrecho, atajó hasta la vieja embarcación esponjera que Petros había convertido en vivienda. En la bodega se veía una lámpara nocturna.

Tampoco había nadie en la embarcación, pero Costa encontró algunos objetos de toilette de Ethel: una bata, su cepillo para el cabello, un sujetador con cierre frontal colgado para secarse, una caja a medio usar de tampones.

– Esta noche vamos a quedarnos aquí -Costa le dijo a Aleko, de regreso en el auto.

Cuando su amigo se quejó, Costa le sugirió que fuese a un motel. Pero Aleko no quería abandonarlo, y le respondió que se tumbaría en el asiento anterior. Costa dio al joven Costa su biberón, lo cambió, y lo acomodó nuevamente para dormir, cerrando la puerta del auto desde fuera. Se dirigió entonces a la oficina de Petros y se tumbó en el sofá.

La luna menguante estaba torcida.

Los tres durmieron a pierna suelta.

Es difícil conservar el furor después de una noche de sueño. Si la emoción que embargaba a Costa hubiera sido simplemente un enfado, era posible que por la mañana hubiese desaparecido. Pero, esperando en un banco fuera de la oficina, con el sol naciente en el rostro, Costa estaba más que nunca firmemente decidido a proseguir sus intenciones. Lo que él sentía merecía otro nombre… quizá responsabilidad tribal, u obligación hacia su familia. ¡Era deber! Sin embargo, ninguno de los que pasaron aquella mañana por su lado observaron ningún signo de agitación en el hombre.

Petros y Ethel llegaron acompañados del barbero de Tarpon Springs. Este fue quien vio primero a Costa.

– Mira, ya te lo dije -anunció a Petros-. Ya te dije que él estaría aquí.

Petros se volvió hacia Ethel.

– Muy bien -dijo a la joven, que no había dormido-. Ahora ya no puedes posponerlo por más tiempo.

La intención de Petros era cuidar de su negocio de dirigir la dársena mientras su chica tenía la escena con el viejo bobo.

– Tened cuidado, os estoy avisando -murmuró el barbero-. Se llevó de mi tienda el cuchillo, mi cuchillo sueco…

– Oh, vete a casa, ¿quieres? -le dijo Petros al barbero-. ¿Crees que voy a escapar de este embrollo de mierda? – Se volvió hacia Ethel.- Anda, ve -le dijo- ¡ahora!

Costa, sentado todavía, el rostro caliente por el sol, no parecía verlos.

– Primero tengo algo que decirte también a ti, Peetie -dijo Ethel-. Voy a dejarte. Voy a irme de este lugar y voy a dejarte. También lo dejaré a él, pero también te dejo a ti. No voy a quedarme más a tu lado. La pasada noche fue la última noche.

Petros miraba fijamente a Ethel, tan extraordinariamente sorprendido que no sabía qué responder.

– Bueno -dijo Ethel- ¡ya está! Ahora voy a hacer lo que me has dicho. Voy a decírselo a él también.

Lentamente, con paso incierto, vacilante, Ethel caminó por el tablero inclinado hasta aquel viejo que la quería. Se quedó frente a él.

Costa no se levantó. Siguió sentado, con los brazos cruzados, como un juez.

– Lo que están contando sobre mí -dijo Ethel suavemente-, eso… sé que lo has sabido por otras personas y lo siento… pero esas habladurías malintencionadas son habladurías verdaderas. He estado con él, con ese hombre que tú estás mirando… sí, con Petros.

Ethel se volvió. Petros seguía de pie ahí donde ella le había dejado, justamente como ella lo había dejado.

– Ahora acabo de decirle que le dejo -Ethel dijo a Costa-. Pero Teddy… hace mucho tiempo que dejé a Teddy. He fingido por ti. Ahora, algo más…

La expresión del viejo no había cambiado. Parecía estar esperando algo que todavía no había sucedido.

– No sé de quién es -dijo Ethel-. El pequeño Costa, quiero decir. Pero no es de Teddy. ¿Me estás escuchando?

Costa afirmó con la cabeza. Mientras observaba a Petros.

Ella se volvió y vio que Petros estaba caminando lentamente por la pendiente, y detrás de él, seguía el barbero. Ambos actuaban como casualmente.

– Ha habido otros hombres -añadió Ethel-. No sé cuál de ellos es el padre del niño.

El viejo parecía estar tomando el asunto con calma, asintiendo con la cabeza diversas veces.

Ethel podía oír a Petros y al barbero cruzando los pasos de madera detrás de ella.

– Pero si me lo preguntas -Ethel ahora murmuraba-, es nuestro. Es mío y es tuyo. Yo lo hice para ti y no pertenece a nadie más.

El viejo parecía no haber oído. Cuando Petros se acercó más, Costa dejó caer la cabeza.

Parecía inerte, sin decisión.

Petros estaba junto a Ethel en aquel momento y detrás de él venía el barbero.

– Cuando hayas terminado con él -Petros dijo a Ethel en voz baja-, yo quiero hablar contigo.

Miró entonces al viejo.

– Hola, Costa -le dijo.

Costa dio un cabezazo, sin alzar la cabeza. Parecía estar estudiando los zapatos del barbero, puntiagudos y de dos colores.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Actos De Amor»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Actos De Amor» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Actos De Amor»

Обсуждение, отзывы о книге «Actos De Amor» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.