Elia Kazan - Actos De Amor
Здесь есть возможность читать онлайн «Elia Kazan - Actos De Amor» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.
- Название:Actos De Amor
- Автор:
- Жанр:
- Год:неизвестен
- ISBN:нет данных
- Рейтинг книги:3 / 5. Голосов: 1
-
Избранное:Добавить в избранное
- Отзывы:
-
Ваша оценка:
- 60
- 1
- 2
- 3
- 4
- 5
Actos De Amor: краткое содержание, описание и аннотация
Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Actos De Amor»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.
Actos De Amor — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком
Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Actos De Amor», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.
Интервал:
Закладка:
– Es mejor de esa manera -dijo Teddy.
– Eres una mierda -respondió Dolores.
– No quiero ver a nadie que rne odie, y tú me odias.
– Ni tan siquiera llego a eso -respondió ella.
Teddy terminó su bocadillo y se fue. Se sentía libre de obligaciones, y se felicitaba a sí mismo por el modo en que había resuelto el problema.
Una semana después llegó una carta de Ethel.
– Malas noticias -escribía-. Esta mañana he tenido flujo de sangre. Parece que no podemos coordinar, ¿no crees? Tu padre está terriblemente desilusionado. Me observa como un enorme felino, dando vueltas a mi alrededor, oliendo la sangre. En fin, lo descubrió. Y ahora insiste en que rne hagan un análisis. De modo que voy a ir al médico de aquí para que vea si estoy bien. Quizá tú deberías hacer lo mismo.
Le contaba entonces sobre su trabajo, que Petros se mostraba continuamente atento con ella, pero sin atosigarla, más bien como si se ofreciera y esperara una señal de ella.
Que nunca recibirá, no de mí -escribió Ethel-. Si alguna vez te dejo no será por ese hombre. ¿Cuándo volverás a, casa.? -Y terminaba.- Necesito alguno de esos magníficos días que tuvimos ahí. Recuerda siempre, como yo lo hago, que disponemos de esos momentos cada vez que deseemos obtenerlos.
Teddy se sintió satisfecho de haber dejado a Dolores embarazada; era un consuelo saber que si existía algún problema, sería por parte de Ethel.
Recibió también una carta de Costa.
Tenemos un dicho: «¿Dónde caen las manzanas? Bajo el manzano.» Es la misma enfermedad que su madre tiene, seguro. Cuando vi esa mujer la primera vez, te dije, muchas veces, ¿recuerdas?, dije mujer americana para placer, chica griega para procrear. Tu padre sabe por experiencia. Ahora ella habla a Noola sobre adoptar chico, etcétera. Yo digo a Noola le diga que nada a hacer, ¡ninguna, adopción en esta familia!
Una semana después llegó una carta de Ethel. Incluía el informe del médico. La habían encontrado perfectamente bien.
«Sólo nos queda seguir disparando -escribió Teddy a su mujer-. Y eso será divertido.»
Recibió entonces buenas noticias. Había sido aceptado para el trimestre de otoño en la Universidad de Jacksonville. Escribió a Ethel, le dijo el número de vuelo y le pidió que fuera a recibirlo en su auto.
Teddy fue a ver al comandante del Centro para despedirse de él y recibir su bendición.
– Quiero que sepas que te he recomendado haciendo de ti los mejores elogios -dijo el comandante-. Sólo me preocupa que algún asunto de tu vida personal se interponga en tu carrera.
– ¿Qué quiere decir, señor?
– El capitán Cambere me habló de Ethel. ¿Sigues aún con ella?
– Naturalmente. Yo quiero mucho a mi mujer.
– Perdona que te pregunte: ¿Te ama ella a ti?
– Estoy seguro de que sí me ama, señor. No sé a lo que el capitán Cambere pueda referirse. Ciertamente voy a hablar con él y preguntárselo.
– Ya no está aquí -dijo el comandante-. Acabó su servicio militar y ha vuelto a la vida civil.
– ¿Dónde puedo encontrarlo? -preguntó Teddy, furioso.
– Podría decírtelo, Avaliotis, pero un encuentro con él no serviría para nada. Lo que sucedió entre él y tu esposa…
– ¿Qué sucedió?
– No he sugerido que sucediera nada irregular…
– Yo pensé…, perdóneme, señor… pensé que usted lo sugería.
– Las mujeres, ésa ha sido mi experiencia personal, tienen mucha más habilidad para engañar que nosotros. Te aprecio, y por eso te pregunto con franqueza.
– Le ruego que continúe, señor.
– Más de una mujer neurasténica ha conseguido arruinar la carrera de un buen oficial naval. Por ejemplo, una mujer puede odiarte y uno nunca se entera. Si se es su proveedor, ella no puede arriesgarse a darlo a conocer.
– Perdóneme, señor. ¿Qué es lo que le dijo exactamente el capitán Cambere?
– ¿Lo ves?, ahora mismo, ya estás alterado por culpa de ella.
– No estoy alterado.
– Bien. Estoy seguro de que al estar a su lado podrás ver si está o no alienada… o si lo estuvo antes. Adelante.
Ethel fue a buscarlo a Jacksonville. Jumos fueron al campus de la Universidad y Teddy estuvo entre los primeros en matricularse.
Cuando Teddy dijo a Ethel:
– ¿Por qué no comenzamos a buscar un apartamento? -descubrió que ella no tenía ninguna intención de ir a vivir con él.
– No quiero renunciar a mi empleo.
– Creía que el jefe no te gustaba.
– No me gusta.
– Entonces, ¿por qué no te vienes aquí a vivir conmigo? Oh, mierda. No quiero ir a visitar a mi mujer, quiero vivir con ella.
Se excitó tanto que, al cabo de una hora, Ethel había cambiado de parecer.
Salieron a la caza de apartamentos, no encontraron nada que les gustase, y decidieron comer una buena cena e irse a la cama.
Las sábanas del motel, parte de una cadena, olían a desinfectante. Cuando hicieron el amor, no resultó como había sido durante los últimos días en San Diego.
– Siempre es un fiasco la primera vez después de la sequía -mintió Teddy.
– ¿Estuviste con alguna después que yo me fui? Dímelo.
Teddy decidió confesarle la verdad.
– Sí -dijo-. Durante una semana. Entonces supe que era a ti a quien amaba más y para siempre. Así que ya lo sabes. Te he dicho la verdad, lo que es una bobada, según dicen los hombres, pero he decidido hacer lo que tú me pedías.
Fue un error. Aunque Ethel le dijo que apreciaba su sinceridad, que estaba contenta de que él se lo hubiera contado, se quedó un poco fría. Y al día siguiente trató de descargarse.
– Fui a un médico y me hizo un análisis. Lo hice por tu padre y por ti y porque quiero que tengamos resultados.
– Estoy contento de que lo hicieras.
– ¿Y qué hay ahora contigo?
– Yo estoy perfectamente bien.
– ¿Cómo lo sabes?
– Lo sé.
– ¿Cómo? ¿Cómo puede saberlo nadie?
– Mira, vamos a vivir juntos, no estaremos en aquella tensión terrible como antes y…
– Dejaste embarazada a esa chica.
– Así es.
– Bueno… -dijo ella.
– Lo siento. Pero ésa es toda la historia. Estuvimos juntos una semana, y ella quedó embarazada y cuando ella se hizo abortar ya no la he vuelto a ver.
– De acuerdo -comentó Ethel-. Eso sucede a veces.
– Así es. Gracias.
– ¿Quién era ella?
– ¿Y eso qué importa?
– ¿Era la chica que te besó en el «Ship's Bell»?
– Sí.
– ¿Cómo te sentirías si yo te hiciera lo mismo?
– ¿Lo has hecho?
– Sí.
– ¿Sí?
– No. Pero hubiera podido hacerlo.
– Por el amor de Dios, Ethel, ¿quieres dejar de insistir en este maldito asunto?
– De acuerdo.
– Vayamos a echar una ojeada a… -Se sacó el periódico del bolsillo, plegado por la sección de alquileres.
– Y tú quieres que yo renuncie a mi empleo y venga aquí…
– Yo no quiero eso… ¡Insisto en eso!
– Bueno, ¡pues a la mierda contigo, hermano! Regreso.
– No, no regresarás. ¿Para qué quieres ese empleo?
– Porque justo en este momento, si no tuviera ese empleo tendría que quedarme aquí contigo, me gustase o no, y como tengo ese empleo puedo estar allí en donde me plazca, y si regreso contigo será porque crea que puedo estar bien contigo y no porque dependa de ti para comprar carne y patatas. No tengo que pedirte para gasolina, ni garaje, ni reparaciones de auto y eres tú el que dependes de mí para trasladarte en auto, y no yo.
– ¿Es así como tú quieres que sea… que yo dependa de ti?
– Por lo menos lo que no quiero es lo opuesto.
Tres semanas después, Ethel le escribió desde la dársena, y le dijo que había perdonado, que ella no había estado con nadie, que no había buscado vengarse de esa manera. Por otra parte, no podía aún renunciar a su empleo. Si él quería venir a visitarla, ella estaría muy contenta de verlo y prometía que nunca, nunca, le mencionaría el «Ship's Bell».
Читать дальшеИнтервал:
Закладка:
Похожие книги на «Actos De Amor»
Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Actos De Amor» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.
Обсуждение, отзывы о книге «Actos De Amor» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.