Elia Kazan - Actos De Amor
Здесь есть возможность читать онлайн «Elia Kazan - Actos De Amor» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.
- Название:Actos De Amor
- Автор:
- Жанр:
- Год:неизвестен
- ISBN:нет данных
- Рейтинг книги:3 / 5. Голосов: 1
-
Избранное:Добавить в избранное
- Отзывы:
-
Ваша оценка:
- 60
- 1
- 2
- 3
- 4
- 5
Actos De Amor: краткое содержание, описание и аннотация
Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Actos De Amor»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.
Actos De Amor — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком
Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Actos De Amor», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.
Интервал:
Закладка:
– Usted es un grosero.
– Sí, puedo ser grosero. Y, en concreto, ¿porqué me lo llama?
– ¡En concreto! Por todo lo que ha hecho usted desde que he entrado. Ni tan siquiera se ha quitado usted la gorra.
El capitán bajó la visera de su gorra, cogió un bloque de papel oficial amarillo y un lápiz, y miró entonces a Ethel larga y duramente.
– Quizá podamos acabar pronto -le dijo-. ¿Quiere usted seguir en la Marina o no quiere usted?
– ¿Depende de mí?
– ¿Lleva siempre un perfume tan intenso?
– ¿No le gusta a usted?
– ¿Por qué cree que a mí no me gusta?
– Me ha hecho usted tres preguntas -dijo Ethel-. ¿Cuál de ellas quiere que responda?
– Veo que está usted casada -dijo el capitán.
Ethel se miró el dedo anular, haciendo un gesto con la mano exponiéndola a la luz de la ventana, como lo haría una modelo exhibiendo una joya.
– Sí -dijo Ethel, al estilo de un anuncio de televisión-, soy una mujer y estoy casada.
– ¿Felizmente? -preguntó el capitán, tomando notas.
– ¿Y quién está seguro de eso? ¿Está usted casado?
– No. ¿Por qué se enroló en la Marina?
– Escribió otra nota.
– Pensé que resolvería mis problemas.
– ¿No fue así?
– ¿Qué estaría yo haciendo aquí si hubiera sido así?
– ¿Y qué es lo que siente usted ahora… además de resentimiento hacia mí? ¿Qué es lo que piensa de todo esto?
– ¿De todo lo qué, por favor?
– Está usted aquí porque ha desertado. La Marina tiene muy mala opinión de eso. ¿Qué piensa usted de la situación en que se ha metido?
– Es como una de esas escenas que presentan en las películas del desierto, un espejismo, algo que no entiendo que sucede en otra parte y a otra persona. No puedo creer que sea yo quien está aquí. No sé por qué le he dado el derecho de juzgarme. No sé si debería seguir aquí y aceptarlo o irme por esa puerta y desaparecer para siempre.
– ¿Dice usted que todo esto de aquí es un espejismo?
– Una fantasía.
– ¿Ha estado usted engañándome?
– No. Le estoy diciendo la verdad. ¿No es eso lo que usted quiere oír?
– Yo quiero oír todo lo que usted tenga que decirme.
– Mi cerebro, o como sea que usted lo llame, parece haberse convertido últimamente como un libro de tiras cómicas ilustradas. Continuamente tengo esas fantasías. Voy bien, cuando de pronto imagino algo horrible en lo que no quería pensar y en lo que no quiero seguir pensando.
– Está usted burlándose de mí.
– No. Por ejemplo, de pronto estoy peleándome con un policía que me ha arrestado injustamente. Le quito las esposas de las manos y le cruzo la cara con ellas. O alguien ha descubierto finalmente algo terrible que yo hice mucho tiempo atrás. Me arrastran ante un tribunal de mentira. ¿Quiénes son? Israelíes. Yo hago estallar una bomba y los mato a todos. Como en una tira cómica. O… esto me ocurrió justamente esta mañana… llamo a la madre de mi marido y le cuento que he disparado contra su hijo por accidente, que él no ha muerto por mi culpa. ¿No es eso ridículo? Pero le advierto que…
– ¿Me advierte? ¿Qué es lo que yo tengo que ver con eso?
– Nada. Pero le advierto que no estoy dispuesta a rendirme. No tengo por qué explicar nada a nadie, y esto le incluye también a usted.
Ethel parecía estar bromeando, pero el capitán no estaba seguro.
– Siga -le dijo-, aunque todavía no logro entender qué es lo que yo tengo que ver con todo ello.
– Así es que yo entonces trato de hacerles ver, a quien quiera que me esté juzgando, el policía o el tribunal israelí o mi suegra, de que no soy tan mala como ellos creen. Pienso que están dispuestos a perdonarme, pero no es así porque esas escenas de tiras cómicas vuelven a surgir dentro de mí una y otra vez; he hecho algo horrible, me he escapado y me han cogido entonces y hecho regresar a la fuerza, pataleando y rogando.
Ethel cesó de hablar. Había lágrimas en sus ojos.
– Sin embargo, parece que todos me aceptan con agrado – añadió -. Quiero decir en la vida real. Pero, ¿sabe usted una cosa? -Bajó la voz. – Cuando le gusto a alguien, yo le pierdo el respeto. No conocen mis verdaderos pensamientos. Si los conocieran, no me querrían. Si no fuesen tan estúpidos, pensarían de mí lo mismo que yo.
– ¿Y qué es ello?
– Poco bueno. -Volvió el rostro. – No le he dicho todavía -continuó después de unos instantes- que soy hija adoptiva. Ya debería haberme acostumbrado a estas alturas. Pero no ha sido así. Todavía me hace daño. Mucho daño. Como hoy mismo. Hoy os odio a todos vosotros.
– ¿A todos nosotros?
– Incluyéndolo a usted, sí. A todos. Sí.
Siguió un largo silencio. Ethel, incapaz de proseguir hablando, estaba mirando a través de la ventana.
El capitán Cambere dejó su bloc de notas, se inclinó hacia delante y presionó el botón del intercomunicador. Habló a su secretaria con voz casi inaudible para Ethel.
– Dile a Frost, en la pista, que no podré ir. Y no pases ninguna llamada a menos que te indique lo contrario.
La entrevista duró casi tres horas, al final de las cuales la luz diurna se había amortiguado. Tres cuartos de hora antes de su hora de salida normal, la secretaria del capitán Carnbere entró después de llamar dos veces y preguntó si podía marcharse. Solía hacer eso si el capitán permanecía más de una hora con una mujer.
– Sí -dijo el capitán-, puedes irte.
– Yo también tengo que irme -dijo Ethel a la secretaria.
La secretaria asintió y salió del cuarto. Ya había oído eso antes.
– Pero me siento mejor -dijo Ethel-. Mucho mejor. -Buscaba su bolso.
El capitán Cambere cogió el bolso del escritorio, en donde Ethel lo había dejado, pero no se lo dio.
– ¿Cree usted -preguntó Ethel- que se puede contar mucho más a una persona absolutamente extraña que a otra que se conoce bien?
– ¿Qué es lo que le impide hablar con su marido?
– No lo sé. ¿Lo sabe usted?
– Tengo alguna idea. Dígame, ¿por qué la gente trata de resolver sus problemas a través de los demás cuando todos sabemos que eso es imposible?
– Sí, eso es verdad. ¿Por qué lo hago?
– No conozco a su marido. ¿Es alguna especie de hombre extraordinario?
– Así lo creía yo. De todos los que he conocido, aquel en quien más se podía confiar.
– Sin embargo, usted no confía en él.
– Cierto. Pero, ¿por qué? Quiero decir, lo que usted dijo antes… yo siempre he tratado de resolver mis problemas a través de algún hombre. ¿No es eso lo que usted ha dicho?
– Usted ha dicho «hombre». Yo he dicho «a través de los demás».
– ¿Por qué haré yo eso?
– Yo podría descubrirlo con una o dos conversaciones más.
– Ahora… tengo que irme. -Ethel se levantó.
– Bueno, yo estoy aquí.
– ¿Puedo hacerle otra pregunta más?
– No. ¿Está usted bromeando? Naturalmente.
– Mi marido ya no se me acerca y… ¿cómo podría decirlo? Soy yo quien tiene que empezar siempre. Cuando lo hacemos. Y ayer, yo me contemplé en el espejo y pensé: ¡realmente soy bonita! Así que…
Ethel esperó. El capitán no dijo nada.
– Lo soy -dijo Ethel.
– ¿Y cómo piensa usted?
– ¿Cómo? Oh, a mí me gusta él. Hasta lo quiero. Yo solía acabar pronto, con tanta rapidez, tan fácilmente. Pero ahora, cuando lo hacemos, no sucede nada. Al final… no hay final ninguno. Al principio yo fingía. Pero ahora ya no hago ni eso. Todo se ha secado y no sé qué es lo que ha sucedido.
Los ojos de Ethel se llenaban de lágrimas.
– Dígame -le dijo al capitán-, ¿es que hay que sentir siempre del mismo modo con otra persona?
Читать дальшеИнтервал:
Закладка:
Похожие книги на «Actos De Amor»
Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Actos De Amor» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.
Обсуждение, отзывы о книге «Actos De Amor» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.