Elia Kazan - Actos De Amor

Здесь есть возможность читать онлайн «Elia Kazan - Actos De Amor» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Actos De Amor: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Actos De Amor»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Título original "Acts of Love" traducción de Montserrat Solanas

Actos De Amor — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Actos De Amor», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

– Okey, el Gobierno paga -imitó el hombre detrás del volante.

Costa se dirigió a él como un rayo.

– ¡Usted, no sea fresco conmigo, usted! -advirtió.

– ¡Charlie! -El agente alto hizo un gesto como «déjalo correr».

Amansada la oposición, Costa se alejó, rodillas rígidas, y cogió a Teddy del brazo llevándolo fuera del alcance de todos.

– Son bárbaros -dijo.

– Es por tu culpa -respondió su hijo-. Ellos se limitan a cumplir con su trabajo, pero eres tú quien la animó a desaparecer de esa manera. La halagaste y la mimaste y le hiciste creer que cualquier maldita idea que ella pudiera tener estaba bien. Yo he terminado por no saber ni lo que hace ni lo que quiere. Está descontrolada. No te lo he dicho todavía, pero ha alquilado un apartamento en Bradenton, ¡su propio apartamento! ¡Lo alquiló sin consultarme! ¿Por qué? Está trabajando con ese cabrito griego, Kalkanis; aceptó el empleo sin preguntarme. ¿Por qué? Cada vez que vuelvo la espalda ya se ha metido en algún disparate, normalmente contando con tu aprobación. ¿Qué es lo que tratas de hacer, papá, quieres que nos separemos? ¡Eh! ¡Papá, que estoy hablando contigo!

Jamás anteriormente en su vida Teddy había hablado a su padre de semejante manera.

Costa estaba asombrado.

– De acuerdo, hijo mío -dijo lentamente, sacudiendo la cabeza-. Deja este asunto en mis manos. Su vida, etcétera, etcétera. Arreglaré todo modo adecuado. No te preocupes. -Entró rápidamente en la casa.

El agente alto se acercó a Teddy y le dijo:

– Mi esposa también está encinta y va a todas partes conmigo, a pescar, de camping… Ahora todo son autopistas. Hasta juega a los bolos. ¿Por qué está tan excitado el viejo?

– Pregúnteselo -respondió Teddy.

Ethel se acercó corriendo.

– Va a ir conmigo -le dijo a Teddy. Estaba salvajemente excitada-. Me ha dicho que saldrá dentro de cinco minutos -le dijo al agente.

El agente alto miró su reloj y se encaminó después a la sombra del roble, encendiendo un cigarrillo.

– Teddy -dijo Ethel-, ya te llamaré mañana y te diré lo que haya sucedido.

– Muy bien. Y… lo siento. Ya no sé qué puedo hacer para ayudarte.

Esto es todo lo que se dijeron, de pie uno al lado del otro, sin hablar, hasta que, unos minutos más tarde, Costa salió de la casa, con su traje negro reluciente y una corbata color rojo oscuro. Noola lo seguía, llevando una maleta vieja.

– Ven, nos vamos -ordenó, dirigiéndose directamente al auto. Una vez allí vio al hombre que estaba esposado en la parte de atrás-. ¿Quién es este criminal? -preguntó.

Nadie respondió.

– Tú te sientas aquí conmigo -instruyó a Ethel-. Y tú te sientas en la parte de atrás con él -ordenó al agente alto.

Costa ayudó a Ethel a instalarse en el asiento delantero, se sentó junto a ella y puso su brazo por encima del hombro de la chica.

– ¡Listo! -anunció.

En el Centro de Entrenamiento Naval de Orlando, Costa permaneció sentado, impaciente, en la sala de espera, mientras dentro interrogaban a Ethel. Finalmente, un secretario lo invitó a entrar. Entró en la oficina como un rey agraviado y se sentó, cruzando los brazos, esperando pronunciar su juicio.

– Han decidido que el asunto se resuelva allí -le informó el investigador naval.

Costa frunció el entrecejo.

– ¿Quién ha decidido eso?

– San Diego. Les hablé por teléfono -dijo el investigador-. Prefieren tratar el asunto allí. Están familiarizados con su historial. Es cosa seria, sabe usted. La deserción significa consejo de guerra.

– Así que, ¿cuándo vamos? -preguntó Costa.

– Oh, papá, tú no tienes que venir -dijo Ethel-. Teddy está allí. El cuidará de mí.

– Así lo espero – Costa se volvió hacia el investigador naval-. ¿Cuándo se va ella?

– Ahora. Ahí fuera habrá un auto… -Llamó a la oficina exterior. – ¡Bill! ¿Cuándo recogen para el aeropuerto?

Tuvieron que esperar unos veinte minutos. Al fondo del vestíbulo, en la planta inferior, había una máquina de helados y Costa le compró a Ethel un helado cuadrado en un palo. Fuera encontraron un banco y se sentaron uno junto al otro, esperando.

– ¿Cómo vas a volver a casa, papá?

– No te preocupes, tomaré el autobús.

– Papá. ¿Sabes que lo que dijiste a ese hombre no es verdad? No estoy encinta.

– ¿Cómo lo sabes?

– Lo sé.

– ¿Qué pasa entonces? ¿Algo de tu familia? Tu madre, ¿su enfermedad? ¿Quizá tú tienes la misma cosa? ¿Un poco?

– No creo que sea nada de todo eso -dijo Ethel.

– ¿Teddy lo hace contigo suficientes veces?

– Algunas veces. Otras veces, no estoy segura de gustarle de esa manera.

– Tiene otra mujer, ¿verdad?

– No lo sé, papá.

– Hablaré con él, arreglaré en seguida ese asunto de otra mujer, ese hijo de bastardo.

– No estoy segura de que sea eso, papá.

– Tú tienes que ayudar, ¿sabes?, preparar buena cena, hacerle cumplido, mirarlo de cierta manera. -Costa ilustró su explicación.- De este modo.

– Ya lo hago. No tan bien como tú, pero… Costa no entendió la broma.

– Probablemente es tensión -dijo Ethel.

– ¿Tensión de seis meses?

– Sólo han sido dos meses, papá. Sabes que más que nada en el mundo lo que yo quiero es que tú seas feliz, lo sabes bien.

– Ve a ver doctor -dijo Costa-. Deja que te vea bien. Yo pago todo.

– Haré lo que tú quieres que haga, papá, pero… ¿qué te parece si esperamos otro mes?

– De acuerdo. Otro mes.

Ethel terminó su helado, deslizó su brazo por el ángulo que formaba el brazo de Costa y se acurrucó junto a él.

Costa notó que el costado del pecho de Ethel se apretaba contra él. ¿Cómo era posible que una persona no se acercara a ella todas las noches?, pensó Costa.

– Dime -le dijo Ethel-. ¿Qué hacen en el país donde tú naciste, cuando una esposa no procrea?

– ¿En la isla, en Kalymnos?

– ¿Vas a un médico?

– El médico allí, no sabe nada.

– ¿Qué hacen pues?

– Toda la familia va al cura. El cura da kukla, que significa muñeca, pequeñita, hecha de metal… plata para los ricos, para los pobres, estaño. Esta medida. Plana. -Sostuvo su pulgar y el índice a una distancia de unos ocho centímetros. – Tiene barriga gruesa. -Un gesto.- ¿Entiendes? Nuestras mujeres llevan esta kukla debajo de sus vestidos. Aquí el mejor lugar.

Tocó a Ethel allí donde el abdomen se hinchaba.

– Escribiré a mi primo en la isla -dijo-. Te conseguiré una.

– ¿Y eso da resultado, la kukla debajo del vestido?

– Mejor que el doctor, garantizo eso. Al mismo tiempo, todos los de la familia rezan. Cada noche. Da más fuerza.

– ¿Has estado rezando tú?

– Cada noche. Y le he dicho a Noola que también lo haga.

– ¿Ha estado rezando Noola?

– Ella hace lo que yo digo. Los rezos de madre son fuertes en esto.

– Supongamos -dijo Ethel- que, a pesar de las plegarias y de la kukla embarazada, de plata o de estaño… a pesar de todo eso, no sucede nada. ¿Qué se hace entonces?

– ¿Quieres decir en tiempos viejos, qué sucedía?

– No. Ahora. ¿Qué sucede ahora en tu isla, si, a pesar de todo eso…?

– Se cambia de mujer.

– ¡Jesús! ¿No es eso un poco drástico?

– Las mujeres entienden. Un hijo es necesario. ¿Quién va a traer pescado a casa? ¿Quién va a traernos esponjas?

– ¿Me cambiarías a mí?

– ¿Qué otra cosa podría hacer? Hasta tú me dirías, hazlo, cambíame.

Ethel estuvo pensando unos momentos y dijo después:

– ¿Y suponiendo que es por falta del marido?

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Actos De Amor»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Actos De Amor» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Actos De Amor»

Обсуждение, отзывы о книге «Actos De Amor» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.