Elia Kazan - Actos De Amor
Здесь есть возможность читать онлайн «Elia Kazan - Actos De Amor» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.
- Название:Actos De Amor
- Автор:
- Жанр:
- Год:неизвестен
- ISBN:нет данных
- Рейтинг книги:3 / 5. Голосов: 1
-
Избранное:Добавить в избранное
- Отзывы:
-
Ваша оценка:
- 60
- 1
- 2
- 3
- 4
- 5
Actos De Amor: краткое содержание, описание и аннотация
Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Actos De Amor»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.
Actos De Amor — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком
Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Actos De Amor», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.
Интервал:
Закладка:
Pero no era su casa, de Teddy. Sino de ella. El no tenía lugar en esa casa. Ethel debió de adivinar los sentimientos de Teddy, porque dijo:
– Tengo algunas fotografías de todos nosotros, a las que he mandado poner marco. Este lugar parecerá más el hogar cuando las cuelgue.
Se dirigieron entonces a la dársena.
– Puedes disponer todo el día del auto -le informó Ethel- si vienes a recogerme al salir del trabajo.
Teddy asintió, pero le incomodó el favor. Ella lo había obligado a depender de ella para poder desplazarse.
Nuevamente Ethel debió de intuir cómo se sentía Teddy, porque preguntó:
– ¿Estás ofendido conmigo? ¿Por algo? Mira, todo esto no podría discutirlo contigo. Tenía que venir rápidamente al apartamento. Pensé que tú podrías enfadarte.
– Podrías habérmelo dicho por teléfono. Antes de hacerlo. Yo lo hubiese comprendido.
Su pensamiento se fue con Dolores. Teddy la oía cantando sus alabanzas.
– Si no quieres estar aquí todo el día mientras yo estoy en mi trabajo, puedes llevarte el auto -dijo Ethel-. Yo me quedaré esta noche. Ven a buscarme mañana por la noche. Esto te dará oportunidad de contárselo todo a Costa.
– Vendré a buscarte esta noche.
Aquel lugar era enorme, con mucho movimiento y en expansión.
– ¿Quién es el propietario de este lugar? -le preguntó Teddy.
– Un bastardo y una compañía -respondió Ethel-. Mi jefe particular, el gerente, es un muchacho griego. Su nombre es Petros no sé qué más. ¿Muchacho? Bueno, actúa como un muchacho salido de uno de esos comics de monstruos.
– Llegas tarde -le dijo Petros cuando Ethel abrió la puerta de la oficina. Vio entonces a Teddy que seguía a su mujer-. Oh, ya veo. Has tenido trabajo.
Entonces se echó a reír. Petros Kalkanis se reía de sus propios chistes, una fuerte explosión repentina que terminaba siemjire con una nota alta. No le preocupaba lo más mínimo que nadie más a su alrededor compartiera su regocijo.
Al ver a Teddy se levantó sosteniéndose sobre sus piernas semejantes a patas de cabra.
– Patrioti! Patrioti! -dijo-. Posseeesch? ¿Hablas griego, eh?
– No demasiado bien. -Teddy decidió mentir. Nada apuraba tanto a Teddy como un griego chauvinista.
– De acuerdo, de acuerdo, inglés. -Se volvió entonces a Ethel. – Un hombre muy guapo -dijo haciendo girar los ojos como un comediante profesional griego. Teddy pensó que era un hombre ridículo.
– Sí, así es -dijo Ethel cortésmente. Y se encaminó a su despacho.
– ¿Por qué la dejas trabajar -le preguntó Petros-. ¿Le has dado permiso?
– Ella no me lo pidió. Esto es América, ¿sabes…? ¿Cómo va?
– No sirve. -Petros se echó a reír. – No sabe escribir a máquina, no sabe taquigrafía. No sirve para nada. -Miró a Ethel que estaba clasificando las facturas que habían llegado aquella mañana.
– ¿Por qué la contrataste, entonces? -preguntó Teddy.
– Los americanos que me ven por primera vez, se asustan; la miran a ella, y se tranquilizan en seguida. -Observó a Teddy durante unos momentos. – Tiene todo el aspecto de un americano -susurró a Ethel como si lo que decía estuviera cargado de un significado especial-. ¡Mira esa nariz! ¡Dios mío!
La nariz de Petros, observó Teddy, era la mitad de su rostro.
– No te preocupes por esa basura -dijo Petros. Con un enérgico movimiento de la mano barrió todo lo que había enfrente de Ethel hasta la papelera.
– ¡Míster Kalkanis!
– No hay dinero para pagar ahora, el próximo mes nos mandarán factura otra vez. Aquí. -Encontró un formulario de contrato.- Míster y mistress Lasky, litera número…
– Doce
– Doce. Sé dónde están los Lasky.
– Todavía no han firmado contrato. Ve y que lo firmen.
– De acuerdo -Ethel miraba a Teddy. Era evidente que deseaba que Teddy se fuese.
– ¿A qué hora he de venir a recogerte? -preguntó Teddy.
– Termino a las seis -dijo ella.
– Si quieres que salga antes -dijo Petros-, la dejo ir más pronto.
– Ven a las seis -dijo Ethel. Y salió de la oficina.
– Siéntate, siéntate -dijo Petros-. ¿Quieres café?
– No, gracias.
Teddy le miraba como aquel que examina la fuerza del enemigo.
– En este momento eres igual que tu padre -dijo Petros.
– ¿Lo conoces?
– En cierta ocasión quería matarme.
– ¿Por qué? ¿Qué le hiciste?
– Estaba furioso, y se acercaba con un garrote, llamándome a mí y a mis amigos basura. Kalymiotico skoopeetbi. -Se echó a reír. – Probablemente cierto, ¿eh? Pero algunos de los otros chicos, quieren discutir el asunto con él. Me enseñaron a respetar la vejez, así que los convenzo.
– ¿Por qué se puso furioso contigo?
– No era preciso motivo. Ya ves cómo soy. Bocazas.
– Pues parece que aquí te defiendes muy bien siendo un bocazas.
– Trabajo el doble que el más duro. Los americanos, ellos no trabajan. Le dije al amo de esto, si no trabajas, yo me haré pronto el amo. No le importa. Por el amor de Dios, siéntate. ¿Quieres algo, café, algo?
– No, gracias, realmente.
– Esta gente de aquí, no aprecian lo que tienen. ¡América! Paradisos! Paradisos! ¿Quieres ver la dársena?
– Tengo que irme.
– ¿Dónde has de ir? No tengo trabajo. Vamos.
– Tengo que… No, no tengo que hacer nada. Tampoco tengo ningún trabajo. Vamos.
Los propietarios de las embarcaciones respetaban a Petros; Teddy se dio cuenta. Se encaraba con todos como un igual, bromista, vocinglero, sin pedir favores, normalmente con un desprecio burlón.
– Este de aquí gran propietario -dijo Petros, presentando a Teddy a uno de los dos hombres que jugaban al gin rummy en la cubierta de popa de un gran yate-. Pronto me hará su pequeño socio, ¿verdad, míster Roth?
– Dentro de un año vas a ser mi amo, bastardo -le dijo Roth sin levantar los ojos de su juego, que no le satisfacía.
– Mira. -Petros señaló la proa. Dos mujeres, de la misma edad que los hombres, pero de aspecto considerablemente más juvenil por el acicalamiento de sus cuerpos, estaban siendo atendidas por un hombre pequeño, moreno, pulcramente vestido de blanco, que les servía algo líquido. – ¡La esposa americana que no sirve para nada! -Se volvió hacia Roth. – ¡Eh, míster Roth! -gritó-. ¿Por qué no manda su esposa a trabajar? Ahí arriba se está convirtiendo en una perezosa.
– Ya es demasiado tarde para sacar ningún provecho de ella -respondió Roth.
– ¡Eh, Peetie! – Mistress Roth se inclinó hacia atrás sosteniendo la parte frontal del sujetador de su biquini. – Escógeme unos cuantos pámpanos para esta noche, ¿quieres Peetie?
– Vete tú a hacer tus compras, por amor de Dios -dijo Petros-. Yo no tengo tiempo para… Bueno, de acuerdo, por última vez, como favor especial.
Cuando se alejaron fuera del alcance de sus oídos, Petros dijo:
– Me gusta todo lo de este país, pero las mujeres no me gustan.
– ¿Qué les pasa a las mujeres?
– No saben cuál es su lugar. Inútiles, no sirven para nada. ¡Esta mujer, por favor pámpano. Peetie! Scala! ¿sabes lo que quiere decir eso?
– Mierda.
– Mierda, sí. Ese pobre bastardo, Roth, llega después de una mala semana de Bolsa, el pobre hombre no ha tenido tiempo de sacarse la chaqueta y ella le dice: «Cariño, ¿quieres prepararme un Manhattan?» Y después: «Prepara una para Peetie, ¿quieres, Sy, cariño? Ven, Peetie, ven con nosotros.» ¡No, que eres una zorra! Pero no digo eso, no quiero herir los sentimientos de él. Además él es mi dinero. Cuando él se va a Nueva York, ella me hace una señal, quiere mi nikolaki. -Hizo un gesto señalándose con la palma de la mano.- Y yo le digo: «Espera todo lo que te queda de vida, zorra.» Y añado: «Si fueses mi mujer, te zurraría hasta arrancarte toda esa grasa del trasero.» «Oh, Peetie, Peetie -me dice ella-, me gusta eso. ¿Cuándo vas a enseñarme tu bote, Peetie?» «Nunca, zorra. Mi bote sólo es para griegos, no se permiten mujeres.» Mira. -Señaló. – Ahí está.
Читать дальшеИнтервал:
Закладка:
Похожие книги на «Actos De Amor»
Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Actos De Amor» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.
Обсуждение, отзывы о книге «Actos De Amor» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.