Elia Kazan - Actos De Amor
Здесь есть возможность читать онлайн «Elia Kazan - Actos De Amor» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.
- Название:Actos De Amor
- Автор:
- Жанр:
- Год:неизвестен
- ISBN:нет данных
- Рейтинг книги:3 / 5. Голосов: 1
-
Избранное:Добавить в избранное
- Отзывы:
-
Ваша оценка:
- 60
- 1
- 2
- 3
- 4
- 5
Actos De Amor: краткое содержание, описание и аннотация
Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Actos De Amor»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.
Actos De Amor — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком
Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Actos De Amor», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.
Интервал:
Закладка:
Ella solía decir:
– Me duele cuando entras de esa manera.
Pero él lo prefería de esa manera. Le proporcionaba el placer de la violación. Lo que a él le gustaba realmente era una violación parcial. Se complacía en forzar su entrada, poco a poco, y sentirla que ella se abría para él, más y más profundamente, cuando él estaba dentro de ella.
Ahora era cuando iba a permitírselo. Ahora él estaba dispuesto.
Y entonces vino la sorpresa. Ethel lo tomó en su mano y, como si fuese un instrumento, lo insertó con cuidado, rápida y netamente y ¡oh sorpresa! Ella estaba perfectamente lubricada, hasta lo más profundo. Y, entonces, otra novedad: ¿qué demonios estaba sucediendo? Normalmente, ella hacía todos los esfuerzos para prolongar la estancia de Teddy dentro del cuerpo de ella, jugando con él, quedándose quieta, distrayendo su mente, todo lo que los artículos de las revistas femeninas aconsejaban a una mujer para obtener la satisfacción que tenía, según descubrimiento reciente, derecho a lograr. Los esfuerzos que ahora hacía Ethel parecían encaminados a hacerle terminar tan pronto como fuese posible. Acabar con ello. Y así fue. Estaban tendidos, uno al lado del otro, mirando al techo. Teddy no pudo evitar el pensar en D. ¡No había comparación! D. realmente lo quería. D. ponía un cojín debajo de su trasero. D. enrollaba las piernas en su espalda. D. arqueaba su espalda para alzar y ofrecerle su pubis. D. deseaba que eso durara infinitamente. D. tenía una venida espectacular. Teddy pensó qué estaría haciendo D. en ese momento y en dónde estaría.
Con Ethel, aquella noche, había sido un ejercicio mecánico.
Para empeorar las cosas, lo primero que Ethel dijo después fue:
– Has estado con alguien, ¿verdad?
Lo dijo sin mostrar el menor rencor.
– Yo no he estado con ninguna maldita persona más -dijo Teddy -. ¿Qué te hace pensar eso?
Pero sabía que estaba denunciándose. Sudaba.
– ¿No crees que aquí dentro hace un horrible calor? -preguntó.
– Para mí está bien -respondió Ethel.
Alzó la cabeza y le dedicó una sonrisa limón. A Ethel no se la engañaba fácilmente.
Teddy deseó poder controlar ese condenado modo de denunciarse. Ya siendo un muchacho, cuando había hecho correr los dedos por el mostrador de la tienda, camino de casa iba sudando copiosamente, con las barras de caramelo en los bolsillos.
En otra época, cuando se decían la verdad, se lo habría contado a Ethel en seguida.
Ethel no olvidaba nada.
– No me importa -le dijo-, si has estado con otra.
Teddy, para refrescar su cuerpo, se quitó de encima la sábana que los cubría y después, sin ser visto, creía él, secó las palmas y el dorso de sus manos.
– ¿Por qué no te importa? -preguntó.
¿Se lo contaría? Ella no le presionaba. Si le contaba la verdad a lo mejor dejaría de sudar. Teddy se sentía como una maldita víctima, en una posición tan vergonzosamente débil. Sentía resentimiento porque ella tenía esa ventaja sobre él.
– Porque… no lo sé -dijo ella-. No me importaría, eso es todo. No te culparía. Hemos estado separados tanto tiempo…
– ¿Has estado tú con algún otro? -preguntó él.
– ¿Te importaría si lo hubiera hecho?
– Sí.
– ¿Me culparías? Hemos estado separados mucho tiempo.
– Te culparía, sí.
– Bueno, no he estado. Con nadie.
– ¿Y por qué no?
– No había nadie que yo necesitara.
Teddy aprovechó la oportunidad, sintiéndose mejor al hacerlo.
– Yo no necesitaba a la que…
Ethel lo interrumpió.
– No tienes por qué explicarte -le dijo.
– Gracias -respondió Teddy.
Sucedió entonces algo desacostumbrado. Ethel se durmió. La primera. Siempre había sucedido lo contrario: él se dormía inmediatamente después del orgasmo.
Ethel respiraba sosegadamente; no tenía ninguna tensión.
¿Por qué demonios no estaba en tensión? ¿Cómo podía aceptarlo todo con tanta calma? ¿Indiferentemente?
Teddy no durmió bien, se levantó antes que Ethel y se fue a sus deberes, quedándose a estudiar en un rincón de la oficina del oficial de educación.
Durante la tarde encontró una hora para Dolores. Su orgullo se lo exigía. Al dejarla, estuvo comparando sus gritos de placer, sus consiguientes murmullos de alabanza y gratitud con la eficiencia de Ethel introduciéndole en el cuerpo de ella e incitándolo a terminar.
Cuando volvió a casa se encontró con que Ethel había pasado el día fregando y limpiando todo el apartamento. Teddy había dejado que se instalaran el polvo y la suciedad. Hasta el piso estaba encerado, todos los platos bien lavados, las sartenes de cobre volvían a relucir, y los estantes de sus camisas y ropa interior estaban ordenados.
¿Cómo hubiera podido quejarse?
Aquella noche sucedió lo mismo. No podía decirse que eso fuera hacer el amor. Ethel era agresiva, sin ser ardiente, cogiéndole el miembro tan pronto estaba erecto, empujándole con la mano para que se colocara encima de ella, guiando el eje dentro de su cuerpo, abriendo sus labios para recibirlo y procurando que se unieran primorosamente.
Otra vez, resultaba algo anormal la manera en que ella se había lubricado. Generalmente ella respondía en dos fases; así había sido siempre. Ethel tenía una puerta exterior y una puerta interior, solía decir Teddy; primero se abría una y después la otra. Esta vez Ethel estaba nivelada e inmediatamente dispuesta, sin necesidad de estímulo. Teddy recorrió en seguida todo el camino hasta casa.
Ella lo incitó entonces a través del acto. Ethel no hizo ningún ruido, ya fuese de ánimo o de pasión, fingido o real. Cuando Teddy hubo terminado, se dio cuenta de que ella le había sacado de nuevo tan de prisa como pudo. ¿Mientras ella…?
Ella sólo había sido un espectador.
Teddy estuvo pensando en sus vidas anteriores. Ethel había sido tan apasionada en otro tiempo…
¿Podía haber sido sólo fingimiento?
A la noche siguiente, Teddy descubrió un frasco de lubricante en la mesita al lado de su cama. De momento no comprendió lo que era ni el porqué estaba allí.
– ¿Usas tú eso?
– Sí, lo uso.
– ¿Por qué?
– Porque tú entras antes de que yo esté lista y me haces daño.
– ¿Has usado siempre eso?
– No. Pero decidí que no me hicieras más daño. ¿Te importa?
– Claro que me importa.
– ¿Quieres decir que prefieres hacerme daño?
– Tú sabes bien lo que yo quiero decir.
Teddy estaba furioso, con su orgullo herido. ¡Un hombre que no podía llegar a excitar a su mujer hasta el punto que estuviera dispuesta a recibirlo con deseo! ¡Eso no podía ocurrirle a él!
– Nunca te habías quejado antes -dijo.
– Bueno…, ¿deseas hablar realmente de eso, de cómo solía ser antes y de cómo es ahora?
El dijo que sí quería. Pero no hizo ninguna presión. A fin de cuentas, él tenía a Dolores, y, como ayer, en cualquier momento que quisiera la prueba del tipo de hombre que él era, todo lo que tenía que hacer era…
De modo que dijo que lo sentía si entraba demasiado aprisa en ella y Ethel dijo que no importaba, pero que cuando lo hacía, causaba daño. Y olvidaron la cuestión.
A la noche siguiente todo ocurrió exactamente, lubricación perfecta, un viaje guiado, y una carrera precipitada hasta la meta.
Pero, ¿cómo podría Teddy quejarse? ¿Bajo las circunstancias? Después de todo, él había sido infiel. Hasta casi lo había admitido.
Quizás Ethel leyó sus pensamientos, porque le dijo:
– No puedes culparme por mostrarme un poco estrecha, ¿verdad? Después de todo, tú estuviste con otra.
Teddy sudaba de nuevo. Repentina y copiosamente.
Читать дальшеИнтервал:
Закладка:
Похожие книги на «Actos De Amor»
Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Actos De Amor» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.
Обсуждение, отзывы о книге «Actos De Amor» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.