Elia Kazan - Actos De Amor

Здесь есть возможность читать онлайн «Elia Kazan - Actos De Amor» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Actos De Amor: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Actos De Amor»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Título original "Acts of Love" traducción de Montserrat Solanas

Actos De Amor — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Actos De Amor», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Parecía una litografía con el título «Satisfacción», trivial y vulgar, pero esto era lo que ahora Ethel deseaba más que nada en el mundo.

Se vio a sí misma como la joven esposa del columpio.

¿Lo conseguiría alguna vez?

Justo debajo de su ventana había el aparcamiento para los vecinos de su edificio. Inclinándose, Ethel podía ver el auto que había vendido. La llave estaría allí donde ella siempre la dejaba, en el suelo debajo del asiento. Desde la ventana había la distancia de un piso y medio. Si se colgaba del alféizar no podían ser más de unos tres metros. ¿Podría saltarlos sin hacerse daño? Valía la pena intentarlo.

Se vistió rápidamente. Escuchó después en la puerta del cuarto de baño. Fuese lo que fuese que Costa hacía, lo hacía en silencio.

Departiendo con su padre, sin duda alguna; Costa, el dios abandonado, consultando con su propia deidad, pidiendo instrucciones para conseguir que Ethel volviera a sentir esa devoción absoluta con que lo había distinguido hasta que… hasta el episodio en el suelo.

No. Seguramente planeando cómo podía dominarla nuevamente, moviéndose temerosa por la noche, ocultándose durante el día, una bestia perseguida, huyendo aterrorizada para defender su vida hasta que encontrase un agujero lo suficientemente profundo para desaparecer dentro de él.

Hacía sólo unos minutos, Ethel creía que su único recurso estaba en correr y desaparecer.

Su imagen en el espejo la desafiaba. ¿Cómo podía avergonzar nuevamente a ese ser humano?

Lo que debía hacer era convencer a Costa de que estaba dispuesta a hacer lo que ella había decidido, que se iba realmente, que se marchaba a otra parte.

Pero la verdad era que Ethel no tenía ningún plan. Excepto «otra parte». Lo que parecía una mentira…

– Me voy pero no sé todavía dónde… -era verdad. No sabía todavía lo que haría después del día siguiente por la mañana. ¿Cómo podía esperarse que él la creyera, si Ethel no era capaz de decir nada más definido que eso?

La verdad no convencía. No servía. Ethel estaba tratando con un loco, de modo que ella debía expresarse con decisión para ser creída.

Además, Ethel estaba tratando con un fanfarrón. Ella se había arrastrado por él. Y eso no había dado resultado. Un fanfarrón, concluyó Ethel, necesita otro fanfarrón.

Abrió la puerta del cuarto de baño.

Costa estaba esperándola.

– Ahora voy a irme -dijo Ethel, encaminándose hacia la maleta-. Desearía que tú te marcharas. Ahora mismo, por favor.

– He tomado mi decisión -respondió Costa.

– No importa. Vete, por favor.

¡Qué fácilmente se cerró ahora el otro cierre!

– No voy a permitirte que hagas cosas malas otra vez -anunció Costa-. Vivirás en nuestra casa, servirás a tu familia de modo adecuado, utilizarás tu vida para pagar tu pecado, así Dios te perdonará.

Ethel alzó la maleta apoyándola en el suelo sobre el fondo.

– No soy un maldito idiota -siguió diciendo Costa-. Ahora ya sé tu idea. De nuevo correr lejos. ¡Escúchame por tanto! Si lo intentas otra vez, vigila. Tomo al niño, que no es mi sangre, tomo el chico y lo doy a una familia, negra, viven río arriba, tienen muchos hijos, uno más, ¿qué importa? ¿Qué te parece eso, eh? Si no cuidas al niño y haces tu trabajo de madre, modo adecuado, eso haré yo.

– Me llevo el niño conmigo, Costa – dijo Ethel-. ¡Esta noche!

– ¿Dónde lo llevas? ¿El niño? No tienes adonde ir.

Ethel entonces comenzó a decir lo increíble, pero era el único plan que había tenido en su vida y el único que en aquel momento se le ocurrió.

– Tenías razón -declaró-. Voy a encontrarme con alguien. Míster Robin Bolt. ¿Lo recuerdas? ¿Del Sara? Está esperándome con un empleo. Me paga trescientos cincuenta dólares a la semana. ¿Qué te parece eso? «Eres una bella mujer -me dijo-. Voy a retratarte», me dijo.

La fantasía la exaltaba. Estaba riendo locamente.

– Y del modo que míster Bolt me habló -siguió diciendo- es posible que no me quede por trescientos cincuenta dólares. A lo mejor no me conformo sino con quinientos dólares. Tiene un apartamento para mí en la gran ciudad y me dijo que me encontraría una maravillosa niñera para que cuide del niño mientras yo esté en el trabajo. Una mujer negra… la gente decente no los trata con desprecio. ¿Quieres conocer mi futuro? Aquí está. Y yo sentada en tu casa, vigilada, una maldita esclava. ¿Qué dices ahora de todo eso?

Jadeante, Ethel tuvo que detenerse.

Finalmente, Ethel se dio cuenta. Costa la creía.

Dispuesta ya para cualquier cosa, se puso el suéter que había dejado fuera para el caso que la noche refrescara.

– ¿Con quién estarás? ¿En ese bote? -dijo Costa-. ¿Quién te espera allí? No míster Bolt. Ese es poustis. ¿Quién hay en ese bote? ¿Esperándote? ¿Eh?

– Eso, maldita sea, Costa, no es de tu incumbencia. Pero ese hombre no es un poustis. De eso puedes estar muy seguro. Voy a llevar una vida normal. No esa vida de la que me estás hablando, que es la vida de una sirviente en tu casa.

– ¿Vida normal? ¿Y qué es eso?

– Como tu hijo Teddy. Yendo con quien quiera cuando quiera. ¿Es eso lo que querías saber? ¡Ya lo sabes! Ahora vete. ¡Vete!

Ethel le volvió la espalda y, temblando, esperó a que Costa se marchara.

Costa se acercó a ella, y colocando sus pesadas manos en los hombros de la joven, le hizo dar la vuelta encarándola.

– Nunca estarás con nadie más -dijo.

– Suéltame, Costa -dijo Ethel-. Me haces daño.

– Te has vuelto loca, lo veo ahora -dijo Costa, dulcemente-. Pero no te preocupes, yo te cuido.

– Costa, suéltame, maldita sea. ¡Suéltame!

Ethel vio que había lágrimas en los ojos del viejo.

– Yo te haré una mujer okey otra vez -dijo Costa-. No te preocupes. Yo te haré portarte modo adecuado.

La sacudió, primero con suavidad, pero cuando Ethel se resistió, con más dureza.

– Yo te cuidaré ahora -repitió.

– Para. Para, me estás haciendo daño.

– Has de entender esto: nunca estarás con nadie más. ¿Oyes lo que te digo?

– Déjame ir -dijo Ethel, librando sus hombros de la presa de Costa.

– No en esta vida -dijo él-. Nunca, en esta vida, estarás con otro hombre.

Costa había olvidado su chaqueta; tenía las manos libres. Cuando la cogió de nuevo, Ethel alzó las manos para rechazar las de él.

– Acabadas las vulgaridades -dijo Costa-. No mientras yo viva.

– No fueron vulgaridades.

– Claro, lo sé, todos te gustaron.

– Los amé a todos, a cada uno de ellos.

Era algo para decir en una pelea, como lo que había dicho del Sara. Quería hacerle daño y vio que lo había conseguido y se sintió satisfecha.

Pero ahora, cuando lo repitió de nuevo, ella pensó que decía la verdad.

– Estoy contenta de haber estado con todos ellos -dijo-. No lo siento por ninguno de ellos. Los amé a todos.

– Veo que el Demonio está dentro de ti -dijo Costa.

– No es el Demonio quien habla -dijo Ethel-. Soy yo quien habla.

– Ahora estás loca -dijo él-. ¡Loca!

Y dijo algo más, pero Ethel no lo oyó porque Costa se acercaba otra vez a ella y ella le gritaba.

– No, Costa, no, no te acerques, Costa, ¡no te acerques!

– Yo te salvaré -oyó Ethel-, porque el Demonio está hablando por tu boca.

– Yo estoy hablando por mi boca -dijo ella mientras retrocedía-. Los amé a todos. Como te amé a ti, Costa, ¿No puedes comprender eso? Como un ser humano ama a otro ser humano.

Costa se aproximaba a ella.

– No me pongas las manos encima otra vez, Costa. ¡No! ¡No!

Pero Costa la había agarrado.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Actos De Amor»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Actos De Amor» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Actos De Amor»

Обсуждение, отзывы о книге «Actos De Amor» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.