Cuando salió del cuarto de baño para decirle a la china que ya podía entrar las pilló jugueteando en el sofá.
La jugadora china se metió riéndose en el cuarto de baño y él se sirvió un vodka del minibar sin ofrecerle nada a la otra jugadora que dijo algo que a él no le importó. Había tomado la decisión de no escucharse más que a sí mismo.
Luego anunció que él se acostaría a este lado de la cama king size porque era el lado derecho y sólo duerme bien en ese lado mientras que las jugadoras se podían acostar como quisieran.
Si preferían vestidas de jugadoras podían acostarse vestidas de jugadoras. Si preferían acostarse desnudas podían acostarse desnudas. A él le daba exactamente igual.
Vio salir a la china sólo con bragas sin cubrirse las diminutas tetas. Sus caderas le parecieron demasiado estrechas. Luego salió Pansy completamente desnuda.
Por fin estaban los tres en la cama king size .
Hacía calor. Estaban a oscuras. Con la única luz parpadeante del televisor. Apartó la sábana por su lado. Al poco rato la jugadora china también hizo lo mismo por el otro lado.
Ahora él veía aparecer y desaparecer el cuerpo de la jugadora china cuyo nombre hizo un esfuerzo por recordar. Se llamaba Chutzu.
Chutzu se ocultó detrás del cuerpo de Pam que se movía un poco para tocar a la china por debajo de la sábana. Esto no debía de inquietarle a él. Las jugadoras de pimpón son jugadoras de pimpón y pueden jugar a todo lo que quieran además del pimpón. Les gustaba ese juego y por una vez él iba a participar en ese mismo juego porque para eso las había invitado a subir a su habitación y había pagado 150 dólares de cena sin contar el vino. Aunque él había bebido más vino que las jugadoras. Las jugadoras beben relativamente poco.
Coló sus piernas entre las piernas de Pam para alcanzar de algún modo las piernas de Chutzu. En seguida se percató de que eran absolutamente inconfundibles al tacto.
La jugadora Pam parecía incapaz de depilarse como Dios manda. La piel de la jugadora china era seda china y la otra jugadora no impedía de momento que él acariciara a Chutzu.
La acarició al principio entre las piernas de la jugadora Pam pero luego lo hizo por encima del cuerpo de Pam que ahora empezaba a ser aplastado por los dos cuerpos. Sin embargo no protestó.
Cuando la luz del televisor se hacía algo más intensa él trataba de mirar por dónde iban las manos de la jugadora china que todavía no se habían cruzado con sus manos.
Al fin vio que las manos de Chutzu acariciaban los genitales de la jugadora Pam aunque él besaba en el cuello a Chutzu y alguna vez en la boca y en una oreja.
La jugadora china ya se había quitado las bragas y se dedicaba al masaje de los pechos de la otra jugadora. La jugadora china hacía ruidos de serpiente que a él le pareció que tan pronto salían de la boca como del vientre de la misma jugadora china que sin duda estaba muy caliente al estar siendo acariciada por la otra jugadora y también por él.
En un momento determinado él quiso apropiarse de una mano de la jugadora china para llevársela directamente a la polla pero entonces Chutzu se deslizó encima de Pam apartándole a él con una energía que nunca hubiera imaginado.
No dijo nada. Solamente lo apartó con fuerza. De una manera que no dejaba lugar a las dudas. Era tanto como decirle aquí ya no tienes nada que hacer porque a partir de aquí la única persona que tiene que hacer algo soy yo y como verás ya lo estoy haciendo.
Sin embargo él seguía besando a la jugadora china en el cuello casi de rodillas siempre desde el mismo lado de la cama. La besaba en el cuello y acercaba su polla al cuerpo escurridizo de la jugadora china rozándole por ese lado nada más. Pensó que la forma de resolver este asunto era por el culo ya que la jugadora china flotaba como una nadadora en una balsa de aceite sobre la otra jugadora que permanecía inmóvil y callada como una muerta en las profundidades de la cama king size .
Por un instante pensó que la otra jugadora habría muerto estrangulada por este reptil venenoso que la oprimía y sacudía de una manera cada vez más frenética.
Sin embargo no había muerto la otra jugadora de pimpón. Ambas jugadoras permanecían pegadas como ventosas. Los pechos de la china en los pechos de la otra y el vientre de la china en el vientre de la otra y una mano de la china cambiando lentamente de lugar como la cabecita de la serpiente encantada.
Se hizo a un lado porque prefería quedarse a un lado viéndolas devorarse. Oyéndolas gemir.
Después la jugadora china regresó a su sitio.
Por primera vez lo miró a él con los mismos ojos con los que estuvo mirando a la otra jugadora.
Le apretó la polla con ambas manos esperando que él le indicara cuál era el movimiento que tenía que hacer. Se lo aprendió enseguida. Era lista.
Entretanto la jugadora china dejó que él le acariciara los pechos y la cintura. Nada más.
Cuando él intentaba acariciarle cualquier otra parte del cuerpo la jugadora china retrocedía inmediatamente.
Sin saber por qué razón él le dijo un par de veces I love you pero ella le contestó I hate you con voz de odio.
Después oyó a la otra jugadora la única frase que dijo en toda la noche.
¡Apaga ese televisor que ya es hora de dormir!
A la mañana siguiente le despertaron las risas de Pansy y Diu Tsit.
Abrió los ojos. Las dos estaban sentadas en el suelo desnudas sobre sus toallas viendo la televisión.
Se reían porque el telepredicador Swaggart lloraba a moco tendido implorando el perdón de Dios.
¡He pecado! ¡He pecado! ¡He pecado!
Se daba fuertes golpes de pecho. Tan fuertes que las lágrimas y las gotas de sudor saltaban de su rostro como del rostro de un boxeador vapuleado con saña.
¿Qué le pasa a ese imbécil?
Entonces ellas le contaron que otro telepredicador había conseguido un vídeo en el que se veía a Swaggart en la habitación de un motel donde una prostituta acudía para masturbarse en presencia del telepredicador. El telepredicador la miraba y también se masturbaba sin acercarse a ella.
¡He ofendido a Dios!
¡Perdóname por haberte ofendido!
¡Hazme pagar mi culpa!
¡Castígame!
¡Déjame ciego!
¡Mudo!
¡Castígame Señor!
Pansy y Diu Tsit se revolcaban de risa. Algo así no se veía todos los domingos. Esto era divertidísimo. Mucho más que los dibujos animados. Más que una película de Woody Alien.
La puta entraba en el motel.
El telepredicador la esperaba tumbado en la cama.
La puta se quedaba rápidamente en cueros delante del pecador telepredicador en espera de recibir órdenes.
El telepredicador pecador le decía ¡mueve el culo!
La puta empezaba a mover el culo.
El telepredicador sacaba la lengua. Los ojos se le salían de las órbitas.
La puta daba saltos.
¡Hazte una paja!
La puta empezaba a hacerse una paja de pie en el centro de la habitación.
Y el telepecador empezaba a hacerse él mismo una paja tumbado en la cama con los ojos fijos en la puta que daba grandes saltos.
Luego pagaba.
La puta se vestía. La puta se largaba. Fin.
Diu Tsit tituló este porno duro Los amores secretos del telepredicador . Pansy prefería Sacromotel . Juan no dijo nada. En ese momento deseaba hacerse él mismo una paja delante de las dos jugadoras de pimpón y largarse de allí cuanto antes.
La mañana era muy húmeda y calurosa. Una mañana típica en Miami. Millones de americanos seguidores del telepredicador Swaggart estarían compungidos. Decepcionados. Asombrados. Millones de americanos seguidores del otro telepredicador se frotarían las manos satisfechos. El motel de Swaggart se haría famoso. Aparecería en la guía de moteles con encanto y pondrían una placa en la puerta.
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