Tal vez sea uno de los pocos métodos que podríamos aplicar para obtener una ciencia de la reflexión, integrar así la conciencia al mundo físico y poder cuantificar su flujo de percepción consciente. Todo proceso físico en el cerebro tiene que estar acompañado por la reflexión para que se haga consciente y establezca una percepción subjetiva.
Las computadoras según esta teoría tendrían conciencia al procesar información que puede ser muy compleja e integrada. A este respecto se calcula que dentro de unos años, los ordenadores portátiles tendrán la capacidad del cerebro, aunque ello no significará según otros científicos que puedan ejercer la conciencia de forma similar al ser humano, ya que carecerán de la comprensión de la información recibida y almacenada. Los bits efectivamente existirán y las respuestas serán casi idénticas a las que pudiera esperarse de los seres vivos, pero la máquina no tendrá experiencia subjetiva al carecer de comprensión sobre la información que procesa. De todas formas, llegará el momento que será muy difícil de calibrar, si una computadora podrá ir alcanzando determinados niveles de comprensión, no olvidemos el ingenio tecnológico del ser humano y qué tipo de computadoras habrá dentro de cien o mil años. La máquina irá obteniendo “experiencia subjetiva” a base del software necesario, máxime al poder poseer una memoria ilimitada con la irrupción de la computadora cuántica y los qubits.
Seguramente, nunca se hubiera podido imaginar el lector, menos aún sus ascendientes, que una editorial rusa denominada Astral SPb, haya editado la primera novela escrita totalmente por un ordenador en 2008, habiendo necesitado un mínimo de retoques de un editor humano. El título, nada original, “Amor Verdadero”, pero lo fascinante es que sólo en tres días ha terminado de confeccionar el manuscrito aplicando el programa PC Writer, con un vocabulario y las herramientas literarias usadas en los siglos XIX y XX, por 13 escritores rusos y de otros países. El argumento y el hilo conductor se basa en la conocida novela de León Tolstöi, “Anna Karenina” y desarrollada en una isla desierta.
En un concurso literario de novela corta promovido por Nikkei en 2014, premio Shin`ichi Hoshi, se presentó “Konpyuta ga shosetsu wo kaku hi”, (“El día en que una computadora escribe una novela”), redactada por una serie de programas informáticos, desarrollados por científicos de la Universidad del Futuro de Hakodate. Llegó a ser finalista aunque no ganó el premio final, sin que los jueces se apercibiesen de que se trataba de inteligencia artificial. Además de los 1450 manuscritos presentados, 11 fueron obra asimismo de inteligencia artificial. En las bases se estableció que los manuscritos podrían ser redactados por “cualquier no-humano, desde aliens hasta animales”, con la condición sine qua non, de que estuviesen escritos en japonés.
En un proyecto conjunto, científicos, ingenieros y expertos del arte, han diseñado un programa de inteligencia artificial específico para pintar usando una impresora 3D, con el estilo inconfundible de Rembrandt. Para ello los desarrolladores se han basado en 168.263 fragmentos pictóricos del total de pinturas conocidas del famoso pintor, 346 para ser más exactos. Un software de aprendizaje detallado combinado con un algoritmo de rasgos faciales, ha permitido identificar los patrones característicos de su pintura, incluyendo un estudio de mapa de alturas tridimensional. El resultado ha sido “El Próximo Rembrandt”, (“The Next Rembrandt”), un retrato de un caucásico de mediana edad, con la cara girada hacia la derecha, una imitación perfecta, difícil de descubrir incluso para expertos en arte.
La pregunta fácil es: ¿qué se puede esperar que consiga una computadora, supongamos, dentro de mil años?

The Next Rembrandt
Igualmente puede haber percepción grupal, considerando los innumerables grupos que podrían considerarse, tales como el universo, hasta el planeta tierra, como desde una nación determinada hasta un grupo familiar; una especie de conciencia colectiva, independiente de la conciencia individual.
Después de analizar estas distintas teorías, surge la necesidad de reflexionar si la conciencia es propia de la especie humana o se hace extensible a todo el reino animal y en qué momento filogenético y ontogenético se adquiere.
Y por último, si admitimos que la conciencia es fundamental y universal, habría que admitir que la conciencia ha existido siempre en nuestra naturaleza y en el universo, lo que implicaría que en algún momento de la creación, del big bang originario de la materia, apareció la conciencia o siendo aún más osados, que fue la propia conciencia la que inició el big bang.
La maduración de estructuras nerviosas adecuadas habrían posibilitado la manifestación de la conciencia a través de dichas estructuras, que no deberían diferir mucho de las estructuras ontogenéticas, que lo hacen posible para las teorías localizacionista y la de las propiedades emergentes. No sólo hay seres conscientes, sino que la conciencia puede manifestarse en cualquier sistema de información integrada. El contenido de la información total integrada del universo, implicaría el máximo valor de phi y el mayor grado de conciencia universal.
Dentro de los distintos seres vivos, solo el ser humano, dispone de la capacidad de tener la consciencia primaria y la consciencia reflexiva y a través de esta última, con el lenguaje y los diferentes procesos del pensamiento, ha conseguido alcanzar cotas intelectuales inimaginables.
Más interesante que tratar de descubrir si la conciencia como experiencia subjetiva del individuo tiene correlatos neuronales, será descubrir en qué tramo del desarrollo orgánico y funcional del cerebro tiene lugar la aparición de la conciencia humana.
La experiencia consciente subjetiva se adquiere cuando determinadas estructuras cerebrales culminan su fase evolutiva y hacen posible la aparición de la propiedad emergente de la conciencia, y desaparece cuando algunas de estas estructuras sufren daños irreversibles, caso entre otros, de la enfermedad de alzheimer en estadios avanzados de la afección y en la que seguirán funcionando muchos de los correlatos neuronales de las percepciones que se reciban, pero sin que el sujeto sea consciente de su trascendencia, de donde se infiere claramente la gran correlación existente entre el cerebro y la conciencia.
La conciencia surge en un momento del desarrollo cerebral de los seres humanos y la mejor correlación que puede estudiarse sobre el tema, nos la ofrece la muerte física del cerebro. Cuando un cerebro muere, no hay conciencia y se considera la muerte física de ese ser humano.
La Conciencia en el reino animal
La ciencia ortodoxa ha reconocido recientemente conciencia en animales no-humanos, específicamente los mamíferos, las aves y los pulpos.
La Declaración de Cambridge sobre la conciencia, se firmó el 7 de julio de 2012, en la Universidad de Cambrigde, tras una serie de conferencias sobre la conciencia y concluyó que los animales no-humanos tienen conciencia. “The Cambridge Declaration on Consciousness” fue suscrita por un grupo internacional de científicos prominentes, de diversas áreas, neurocientíficos cognitivos, fisiólogos, anatomistas, neurofarmacológicos, computacionales, encontrándose entre ellos el prestigioso físico teórico británico, Stephen Hawking y el ya citado neurólogo americano Christof Koch.
Philip Low, eminente investigador de la Universidad de Stanford y de MIT (Massachusetts Institute of Technology), de los Estados Unidos, en la presentación de la Declaración, manifestó:
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